Celso Amorim: "La Unión Europea es un ejemplo, pero no un modelo"


Entrevista de Jorge Argüello a Celso Amorim para «Diálogos sobre Europa»

Jorge Argüello: ¿Qué denominadores comunes encuentra entre la experiencia de integración de la Unión Europea y otras en el mundo, como las de América Latina? Celso Amorim: La Unión Europea es un ejemplo, aunque no es un modelo. Es evidente que el MERCOSUR se inspiró mucho en ella, incluso para la construcción de la unión aduanera. La unión aduanera es muy importante para profundizar las relaciones entre los países del bloque, más allá del poder de negociación común que crea.

—Las asimetrías entre socios golpearon en el corazón del proyecto de unión económica europea. ¿Qué pasa en Sudamérica? Celso Amorim: En el caso de Brasil, la principal área de acción regional es América del Sur. Durante mi gestión como canciller (1993-95 y 2003-2011) pusimos énfasis en las iniciativas de integración comercial en el ámbito de Sudamérica. Pero era necesario complementar la integración comercial con la reversión de las asimetrías estructurales entre los países de la región. La seguridad y la prosperidad de Brasil están estrechamente relacionadas con la seguridad y la prosperidad de sus vecinos.

—¿América del Sur debe seguir profundizando la integración en su propio espacio o sería mejor reformular el proyecto continental frente a la globalización? Celso Amorim: En la misma época en que se conocieron las primeras iniciativas de integración (ALADI y ALALC), se lanzaron negociaciones del Área del Libre Comercio de Las Américas (ALCA). La perspectiva de un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos atrajo la atención de los países sudamericanos. Pero en 2004, los presidentes Lula Da Silva y Néstor Kirchner buscaron poner la negociación en términos más equitativos. Se percibió que Estados Unidos no aceptaría ampliar la liberalización a áreas de interés para los países del Mercosur. El debate sobre el ALCA fue un factor de cohesión interna para la región. No tengo dudas de que el espacio prioritario de Brasil frente a la globalización es América del Sur. A mí me gusta hablar de tres velocidades de integración: el MERCOSUR, con la unión aduanera; la UNASUR, con la zona de libre comercio; y la CELAC, mediante la cual profundizamos las relaciones con América Latina y el Caribe.

—¿En qué contexto global debemos poner ahora nuestra integración regional? Celso Amorim: Vivimos en una transición del poder mundial, y se anuncia en el horizonte un mundo con múltiples polos de poder, un mundo multipolar. Y América del Sur tiene la escala para ser uno de los centros de ese nuevo mundo. De ahí el sentido profundo de la UNASUR. Antes, América del Sur era solo un concepto cartográfico.


*Celso Amorim (Santos, 1942). Del 14 al 16 de mayo de 2014, el ministro de Defensa brasileño desplegó una maratónica agenda en Lisboa, para la cumbre de la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP). En esos días, este experimentado diplomático (embajador en Londres, Ginebra y Nueva York), de los más reconocidos en el mundo y clave como Canciller de su país durante el proceso de integración latinoamericana de la última década, se hizo tiempo para nuestro diálogo.


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