ALEXANDRIA OCASIO-CORTEZ. JOVEN, AUTÉNTICA Y BIEN DE ABAJO

Actualizado: 14 de jun de 2019



En una sociedad como la estadounidense actual, los impedimentos más grandes de acceso al poder han dejado de ser los techos de cristal, las identidades sexuales y étnicas o incluso la juventud. Ahí están los casos de Barack Obama, Hillary Clinton, la alcaldesa negra y lesbiana Lori Lihgtfood (Chicago) o el candidato presidencial demócrata gay Pete Buttigieg (South Bend, Indiana).


Algo más básico está en juego: la desigualdad. Y una prueba es la irrupción de Alexandria Ocasio Cortez (29 años) en el escenario político mayor de una potencia en la que los ingresos del 1% más rico más que se duplicó en las últimas cuatro décadas hasta concentrar el 22% del ingreso (Economic Policy Institute).


Un año antes de llegar al Congreso por el 14° distrito neoyorquino (Bronx-Queens), la joven Alexandria era camarera de un restaurante de tacos de su barrio, un ingreso con el que sostenía a su madre puertorriqueña viuda y pagaba una deuda de 300 dólares al mes por sus estudios en la Universidad de Boston, donde se graduó cum laude en 2011 como licenciada en relaciones internacionales y economía.


Entonces llegó el llamado de un comité de acción del ex candidato presidencial y senador Bernie Sanders, el “socialista” independiente de Vermont que compite en el Partido Demócrata, y su vida cambió de repente, hasta convertirse en la diputada más joven de la historia en el Congreso, después de imponerse a un demócrata que llevaba dos décadas en la banca y tallaba en lo alto de la cúpula partidaria.


El ascenso de Ocasio Cortez no encaja en el tópico del descrédito de los partidos (fue voluntaria en la campaña de Obama y becaria de Ted Kennedy) o el final de las ideologías, y hasta puede confundirse con el “american dream” realizado.


Pero en sociedades como las actuales, enamoradas del éxito, su liderazgo sí representa la básica reivindicación de “los de abajo”, encarnada por uno de ellos, alguien auténtico que no es un “outsider” rico y excéntrico como Trump y que, muy por el contrario, cree apasionadamente en el valor de hacer política.


Alexandria le suma a todo ello una carga emotiva que no es estrictamente de género, ni étnica (aunque se reivindica como descendiente de indios taínos y de esclavos africanos), sino principalmente de clase, para sostener una agenda progresista globalizada y metida de lleno en el Siglo XXI, que vincula con una fuerza notable el calentamiento global, con las migraciones y la desigualdad social. Todo lo que hace falta para atraer a otros miles de jóvenes, como le enseñó Sanders.


Esto no se trata de los de izquierdas o los de derechas, se trata de los de arriba o los de abajo”, suele decir, como refleja en el oportuno documental “Knock Down The House” (A la conquista del Congreso), que acertó a describir su meteórico ascenso desde cero (premiado en Sundance y adquirido por Netflix).


Como en otros nuevos liderazgos globales, Ocasio Cortez se sirve de las redes sociales para difundir su mensaje (batió récords de audiencia en su primer discurso en la Cámara de Representantes con 37 millones de visualizaciones y tiene medio millón de seguidores en Instagram como @repocasiocortez), pero su campaña la hizo en la calle y de a pie cuando ni siquiera la conocían más allá de su barrio.


La experimentada presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi (79), que quiere un Partido Demócrata progresista pero de centro, observa a la radical Ocasio Cortez como un “fenómeno local”. A sus 29 años, ni siquiera puede ser candidata a presidenta, pero tal vez Pelosi se equivoque: esta joven mujer es un ejemplo muy fresco y auténtico de los nuevos liderazgos globales.

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