"Celac: oportunidad para Argentina y la región", por Jorge Argüello

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), creada en 2011 por 33 países, cumple su primera década de vida cuando hay en marcha una transición de poder global y la región necesita renovar su búsqueda de espacios de autonomía, pero multiplicando vínculos en lugar de reemplazarlos.



Este mecanismo de concertación, unidad y diálogo político regional heredero del Grupo de Río celebró su VI Cumbre en septiembre de 2021 en México, después de dos fallidas reuniones en 2018 y 2019, y esta vez con la mayor asistencia de los últimos tiempos (los 33 países representados, 16 de ellos a nivel de presidentes y primeros ministros).


Tener un foro propio en la región permite debatir y coordinar entre países que poseen historias y problemáticas semejantes, además de niveles de desarrollo y volúmenes similares. Aún con sus diferencias internas, nada puede compararse con, por ejemplo, la dimensión de Estados Unidos en el seno de la Organización de los Estados Americanos (OEA), que modifica todo equilibrio: dispone aproximadamente el mismo PIB que el de todos los países de la Celac sumados.


Es decir que una primera aproximación permitiría afirmar que la Celac habilitaría a un ajuste, una cooperación y un diálogo que registra a países de magnitudes y desarrollo relativamente más próximos que aquellos que tienen lugar en la OEA, además de enfrentarse a desafíos de la misma índole.


Baste adicionalmente reflexionar sobre la construcción de una agenda común. Argentina tiene interés en llevar su posición a todos los foros relevantes. Sin embargo, razonablemente, experimenta en cada uno la modificación de la naturaleza del debate según los miembros que los conforman, como la OEA y la Celac. Aunque ambos espacios tengan valor, será evidentemente distinto en uno y otro -sólo a modo de ejemplo- coordinar política migratoria, de defensa, de deuda, de propiedad intelectual o de transferencia de tecnología.


En un mundo en el que las grandes potencias no esconden su competencia, es racional suponer que los países que coordinen posiciones con otros que enfrentan dilemas semejantes tenderán a disponer de mayores márgenes de autonomía y capacidad para construir un orden más favorable a sus intereses.


OEA más Celac. En términos históricos, la Celac comenzó a ser pergeñada por impulso principal del eje Argentina-Brasil-Venezuela, y motorizada desde su inmediato precedente de integración, la Unión Sudamericana de Naciones (Unasur), creada en 2004. En términos geopolíticos, el nuevo foro verificó la decisiva incorporación de otra potencia regional, México, vecino y estrecho socio comercial de Estados Unidos, y cuyo presidente Felipe Calderón imaginaba ya una Celac en 2007.


El contexto económico era inmejorable después de largos años de endeudamiento y ajustes fiscales bajo el modelo neoliberal inspirado en el Consenso de Washington. La región dejaba atrás sus deudas, incluso con el FMI, y encaraba un proceso de crecimiento caracterizado por la inclusión social, si bien favorecido por la demanda global y el boom del precio de los commodities.


La crisis financiera de 2008 -debida a problemas estructurales de impacto global originados esta vez en el Norte- golpeó esa recuperación pero permitió también exhibir ante la crisis las ventajas de una mayor integración latinoamericana, tanto económica como política, que fortaleció las demandas expresadas por Argentina, Brasil y México en la defensa de los intereses regionales ante el G20.


Ostensiblemente, la Celac no es un foro que tenga como propósito principal el reemplazo de la Organización de Estados Americanos (OEA), donde la presencia de Estados Unidos y Canadá cambian la ecuación geopolítica en las acciones que emprenda América Latina como parte del continente.


Entre otras cosas la Celac ha permitido una configuración estrictamente regional en la estrategia que demandan grandes problemas transnacionales como la seguridad, el narcotráfico, el medioambiente, las migraciones y, ahora, el Covid-19.


Ciertamente, la OEA es una organización formal, con una Secretaría y burocracia permanente. Hay diversos aspectos relacionados con ello que resultan beneficiosos. Las ventajas de una institución más laxa como la Celac, no obstante, también son numerosas. Por ejemplo, puede brindar el mayor dinamismo que implica la coordinación política de alto nivel.


Región y polarización. Además, la Celac resulta objetiva, natural y totalmente impulsada por sus miembros (en inglés, “member-driven”) y, aunque la ausencia de una mayor institucionalidad formal podría afectar cierta organicidad y continuidad, al mismo tiempo brinda una gran capacidad de adaptación para servir de modo inmediato a los propósitos que se proyecten, incluyendo en las más difíciles coyunturas. La Celac le da a nuestro regionalismo la flexibilidad para responder a los desafíos que decidimos los países, en el momento en que lo decidimos los países, sin intermediaciones.


La Celac tampoco excluye de su radar los vínculos con China, la gran potencia global emergente, segundo socio comercial de la región y el primero de América del Sur, con la que celebró en 2021 el II Foro Académico de Alto Nivel, organizado por la CEPAL, para intercambiar experiencias y fomentar la cooperación.


Es probable, sin embargo, que en un marco de creciente polarización global, no resulte sencilla la construcción de importantes coincidencias entre los 33 países de América Latina y el Caribe. Gobiernos del más variado signo político conviven en nuestra región. Pero el encuentro no es por ello menos necesario.


Emerge allí un diferencial nacional: el presidente Alberto Fernández puede dialogar con todos, sin relegar ningún principio. El rol de articulación brinda un activo singular a quien lo detenta porque es capaz de impulsar una convergencia que de otro modo no podría visualizarse como un objetivo alcanzable.


Una eventual presidencia argentina tiene el potencial, en ese sentido, de integrar las diversas visiones regionales en una voz común. Pero además podría proyectar esa voz en el escenario global, atendiendo a múltiples intereses que incontestablemente nos enlazan.


La Celac es una oportunidad para la región y para la Argentina. Deberíamos aprovecharla.


Publicado el 03/01/2022 en PERFIL