EL LABERINTO BREXIT

Actualizado: 20 de dic de 2019


El referéndum del 23 de junio de 2016 convocado por el entonces premier conservador David Cameron, que aprobó la salida total del Reino Unido como miembro de la Unión Europea (UE), abrió hace tres años un proceso conocido como Brexit que tiene como último plazo de ejecución el próximo 31 de enero de 2020.


En estos tres años de negociaciones, Londres y Bruselas no lograron llegar a un acuerdo de salida (“Ley Brexit”), cuyo plazo estaba inicialmente previsto para el 29 de marzo pero fue prorrogado dos veces (30 de junio y 31 de octubre), también sin resultados.

La falta de acuerdo, que deja abierta la opción de un caótico Brexit sin acuerdo (no deal), sumió al Reino Unido en la peor crisis político institucional de su historia moderna, costó la caída de un segundo gobierno conservador (el de Theresa May) y enfrenta ahora al actual de Boris Johnson contra la mayoría del Parlamento.


A finales de octubre, Johnson logró acordar un nuevo texto del acuerdo de salida (“Ley Brexit”), pero una coalición de opositores apoyados por algunos conservadores disconformes logró aplazar una votación final y llevar el debate del documento más allá del plazo del 31 de octubre.


Finalmente, solicitada -y concedida- una nueva extensión de la UE hasta el 31 de enero, y bloqueado un posible Brexit sin acuerdo con Bruselas, una inesperada coalición de Liberal Demócratas (europeístas) y conservadores allanó un llamado a elecciones para el 12 de diciembre, al que terminaron adhiriendo los Laboristas.

La histórica victoria de los conservadores en las elecciones del 12 de dic. pasado posibilitó la aprobación de la ley en la Cámara de los Comunes. El plan contempla la salida plena del Reino Unido para el 31 de diciembre de 2020, sin posibilidad de extensión por el parlamento. Por 358 votos a favor y 234 votos en contra, el fortalecido mandato de Johnson logró destrabar, finalmente, el Laberinto Brexit. Después de 47 años dentro de la Unión Europea, el Reino Unido saldrá el 31 de enero del bloque comunitario.


¿Cómo nació la iniciativa del Brexit?

Presionado desde la crisis económica global de 2008 por sectores anti europeístas del Partido Conservador, en 2015 el primer ministro David Cameron se comprometió a convocar a un referéndum sobre la salida de la UE si ganaba las elecciones de mayo de ese año y a respetar su resultado.


En un recordado discurso previo de enero de 2013, Cameron postuló: “El interés nacional del Reino Unido está mejor cubierto en una Unión Europea flexible, adaptable y abierta y esa Unión Europea es mejor con el Reino Unido dentro”.


Cameron estaba convencido de que una mayoría de los británicos se opondría a una salida de la UE y, de ese modo, podría archivar definitivamente ese viejo reclamo, explotado electoralmente por el UKIP (Partido de la Independencia). El premier se impuso en las elecciones parlamentarias y cumplió su promesa.


¿Cómo se relacionaba Londres con la Europa comunitaria?

La Comunidad Económica Europea (CEE), embrión de la actual UE; nació en 1957 con el Tratado de Roma que creó el mercado común, al que el Reino Unido trató de incorporarse con posterioridad en 1963 y 1967, sin éxito por la negativa de entonces líder francés, el presidente Charles De Gaulle.


Por fin, la CEE integró al Reino Unido en 1973 y el ingreso fue aprobado en un primer referéndum en 1975, antecedente del celebrado en 2016, pero en este caso con más del 67% de los británicos a favor de incorporarse a la comunidad europea.


¿Qué ventajas extras obtuvo Londres de la UE?

En base a su posición funcionalista, el Reino Unido siempre buscó maximizar su autonomía dentro de las instituciones comunitarias. El movimiento “brexiteer” tiene sus antecedentes más inmediatos en las minorías conservadoras que exigían una ruptura con el bloque europeo desde las épocas de la premier Margaret Thatcher, cuya influencia determinó que el RU siguiera dentro de la UE pero sin adoptar el euro (1999).


En sus negociaciones, Thatcher obtuvo en 1984 el “cheque británico” (rebate), una compensación por las subvenciones agrícolas a países como Alemania y Francia.

"I want my money back" (Quiero mi dinero de vuelta) fue la frase con la que popularizó esa demanda. Londres obtiene así cada año el reembolso de una parte de su contribución al presupuesto de la UE, unos 3.000 millones de euros.


El PIB por habitante del Reino Unido desde su adhesión al bloque comunitario (1973) hasta hoy se ha duplicado. Además, supo convertirse en el “corazón financiero” de la Unión Europea, totalizando más de un tercio del mercado de capitales del bloque -superior a la suma de Francia y Alemania combinadas-.


¿Qué otros modelos aceptó la UE?

El más ilustrativo es el de Noruega, que rechazó incorporarse al bloque comunitario en dos referéndums (1972 y 1994), ambos por poco margen. En los 80, los miembros del Área Europea de Libre Comercio o EFTA (Finlandia, Suecia, Austria, Suiza, Islandia y la propia Noruega) negociaron con la Comunidad Europea la creación en 1992 del Área Económica Europea (EEE), un gran mercado único.


Algunos miembros fundadores del EFTA se hicieron luego miembros plenos de la UE (Portugal y Reino Unido primero; Austria, Finlandia y Suecia más tarde) pero Noruega votó en el referéndum de 1995 seguir fuera. Como parte de la EEE, Oslo no participa en la toma de decisiones de Bruselas, pero cumple sus decisiones (incorporó tres cuartas partes de sus leyes), con acceso al mercado único y libre circulación de personas, bienes, servicios y capital.


¿Qué caracterizó a los dos bandos del Brexit?

Cameron representó a los sectores del Partido Conservador que preferían permanecer en la UE, una posición compartida por una mayoría del opositor Partido Laborista, los Liberal-Demócratas y el Partido Nacional Escocés, basada en mantener el rol político y económico europeo y global del Reino Unido.


La campaña “pro Brexit” fue liderada por dos notorios dirigentes conservadores, el entonces ministro de Justicia, Michael Gove, y el exalcalde londinense Boris Johnson, que cristalizaron al oficialismo anti europeísta con un discurso soberanista y xenófobo que atrajo también a los independentistas del UKIP y entusiasmó a sectores sociales perjudicados por la globalización y la crisis económica mundial.


Sin embargo, los resultados que los votantes del “Remain” (Permanecer en la UE) y del “Leave” (Dejar la UE) se distribuyeron cruzando las líneas de cada partido y corrientes ideológicas, un fenómeno que se verificó sobre todo en las bases del Partido Laborista que desoyeron a la cúpula para votar por el Brexit.


¿Cómo se votó en el referéndum?

Los resultados finales del referéndum del 23 de junio de 2016, con una participación del récord de 72% del electorado, arrojó un triunfo del “No” a continuar en la Unión Europea del 51,9% contra el 48,1% que votó por el “Sí” a permanecer en ella.


Por países del reino, Inglaterra y Gales votaron a favor del Brexit (53% y 52,5%, respectivamente), con un fuerte contraste entre zonas rurales y urbanas (las ciudades de Londres, Liverpool y Manchester votaron a favor de seguir en la UE).


En cambio, Escocia (62%) e Irlanda del Norte lo hicieron a favor de seguir en la UE. El de Irlanda del Norte, con 55,8% a favor de mantenerse en la UE, es un dato muy relevante, considerando que la situación de la frontera con la República de Irlanda se ha convertido en el mayor obstáculo para un acuerdo de salida.


Del mismo modo, el voto a favor de permanecer en la UE fue más alto entre las franjas más jóvenes y más preparadas para el actual mercado laboral.


¿Cuáles han sido los argumentos de cada bando?

Quienes están a favor de abandonar la UE argumentan que el bloque se ha transformado notablemente en las últimas cuatro décadas en cuanto a las dimensiones y el alcance de su burocracia, lo que ha afectado la influencia y la soberanía británicas, tanto política (cuestiones migratorias) como económica (regulaciones administrativas y acuerdos de comercio extra zona).


Quienes desean permanecer en la UE dicen que una potencia de segundo orden como el Reino Unido necesita ser parte de un bloque más grande de países de mentalidad similar para tener influencia real y seguridad en el mundo, y que abandonar la UE sería muy costoso.


¿Qué consecuencias inmediatas tendría el Brexit?

El Reino Unido es la sexta economía del mundo, pero el 65% de su comercio está vinculado al de la UE, su principal socio mientras siga dentro de la Unión. Londres saca por ahora ventaja de los más de 70 acuerdos comerciales de la UE. A su vez, Londres es el centro financiero más importante de Europa, al nivel de Wall Street.


El propio Tesoro británico estimó antes del referéndum que una posible salida de la UE contraería el PIB británico entre el 3,6% y el 6%, mientras Bruselas hacía lo propio con índices de entre 0,2% y 0,5% para la comunidad.


Si bien el Reino Unido se ahorraría de aportar anualmente a la UE el 0,25% de su PIB (5.142 millones de euros), además de imponer sus leyes migratorias, los compromisos previos de aportes asumidos legalmente con Bruselas obligarían a Londres a desembolsar hasta 100 mil millones de euros, o la menos a deberlos.


¿Cuál fue la última propuesta de May?

En un último intento por ganar el apoyo laborista, que aceptaba salir de la UE manteniendo una Unión Aduanera, May ofreció a la oposición una transición bajo esa fórmula hasta 2022.

Sin embargo, una mayoría del Parlamento la rechazó porque le impediría al Reino Unido formular su propia política comercial y obligaría a mantener abierta la frontera de Irlanda (UE) con Irlanda del Norte. A su vez, supondría a la vez establecer una frontera de hecho que separaría Irlanda del Norte del resto del Reino Unido.


¿Por qué Irlanda fue el mayor obstáculo?

Poco contemplada antes del referéndum, la mayor dificultad terminó siendo la situación de Irlanda del Norte, a la que un Brexit “duro” volvería a dejar separada por una frontera física de la República Irlanda (parte de la UE), lo que pondría en riesgo los Acuerdos de Paz del Viernes Santo (1998) que alientan la integración de todos los habitantes de la isla irlandesa.

La fórmula de un “backstop” o “respaldo”, ideada para instalar una frontera abierta entre las dos Irlandas pero con controles comerciales especiales, fue resistida tanto por Bruselas, que la vio técnicamente imposible si no involucraba a todo el Reino Unido, como por los “unionistas” norirlandeses del DUP que votaron por el Brexit y temen ser aislados de Londres y absorbidos a largo plazo por Irlanda.


Además, para el resto de los “brexiteers” británicos el “backstop” irlandés que impone Bruselas como condición sine qua non de una salida y la Unión Aduanera que implicaría (sólo con Irlanda del Norte o con todo el Reino Unido como aceptó May) mantendría conectado comercialmente el país con el bloque europeo e impediría firmar acuerdos comerciales con terceros países. En definitiva, convertiría la ansiada ruptura total en algo casi simbólico.

Un acuerdo (“Ley Brexit”) necesitaría que se cumplieran tres condiciones: ninguna frontera, ninguna unión aduanera permanente y ninguna separación de Irlanda del Norte del Reino Unido: lo que algunos observadores definieron como el “trilema de Irlanda”. Hay que suprimir uno para garantizar los otros dos, algo casi imposible hoy.


¿Qué pasó tras el fracaso de May?

Las tres votaciones de su propuesta de acuerdo que May perdió en el Parlamento británico determinaron su renuncia, aunque la Unión Europea aceptó antes una nueva prórroga para negociar la salida, del 12 de abril al 31 de octubre siguiente.


Esa prórroga permitió al Reino Unido participar de las elecciones europeas de mayo, en las que el recién formado Partido del Brexit, liderado por el veterano independentista Nigel Farage, triunfó con el 30,5%, sobre los liberal-demócratas (21,9%), laboristas (15,2%), ecologistas (12%) y, últimos, los conservadores de May (9%). Sumando a todos los partidos, las fuerzas pro Brexit superaron el 40%.


El 23 de julio, al cabo de una proceso electoral interno del Partido Conservador, fuerza mayoritaria del Parlamento con derecho a gobernar, el exalcalde londinense Boris Johnson, un fervoroso defensor del Brexit, se convirtió en primer ministro.


¿Qué ofreció Johnson?

Johnson prometió al Parlamento y a todos los británicos asegurar la salida del Reino Unido de la UE para respetar a rajatabla el resultado del referéndum de 2016, pero a diferencia de May se declaró dispuesto a ejecutarla indefectiblemente el 31 de octubre, con o sin acuerdo con Bruselas.


Tras el fracaso de las primeras negociaciones parlamentarias, la oposición (laboristas, liberal demócratas y nacionalistas escoceses), aliada con parte del oficialismo conservador, inició una ofensiva para bloquear los planes de Johnson de ejecutar una salida sin acuerdo, o “Brexit duro”.


¿Cómo reaccionó el Parlamento?

En pocos días, el Parlamento le infligió a Johnson cuatro derrotas consecutivas, algo inédito en el inicio de un gobierno británico: tomó control de la agenda parlamentaria; le prohibió por ley un Brexit sin acuerdo; le autorizó un nuevo pedido de prórroga ante la UE (una opción que depende sólo de Bruselas) y le negó su último intento de llamar a elecciones generales antes del 31 de octubre.


En respuesta, Johnson prorrogó el receso estival tradicional del Parlamento hasta mediados de octubre, con aprobación de la Reina Isabel, para bloquear hasta entonces cualquier intento de la oposición. Desde 1930 Westminster no registraba un antecedente semejante.


¿Qué opciones se abrieron entonces?

Johnson, quien en la disputa con el Parlamento perdió apoyo conservador y hasta expulsó del partido a 21 de sus diputados que votaron en contra de sus planes, insistió en negociar un nuevo acuerdo con la UE (“Ley Brexit”) para obtener su aprobación parlamentaria antes del 31 de octubre.


Los laboristas liderados por Jeremy Corbyn reclamaba elecciones pero después dio marcha atrás para bloquear un eventual triunfo de Johnson en las urnas antes del 31 de octubre que le diera carta blanca para un Brexit duro.


¿Qué posición sostuvo la UE?

Si bien la UE concedió dos prórrogas para negociar la salida del Reino Unido, sus líderes han dejado en claro que Londres sólo tiene dos opciones básicas: cumplir con el referéndum o retirar el Artículo 50 (del Tratado de la UE con el que pidió salir del bloque) para dar marcha atrás con el Brexit.


En cambio, negó insistentemente la posibilidad de recrear una relación heterodoxa, en la que Gran Bretaña mantenga el acceso al mercado único europeo pero sin atenerse a las obligaciones de libre circulación de ciudadanos europeos y demás compromisos ya asumidos como parte de la UE, aunque siga fuera de la zona euro.


¿Qué negoció finalmente Johnson?

Cuando todo parecía perdido para el primer ministro, negoció con el gobierno de Irlanda y logró el visto bueno de Bruselas a un nuevo texto de acuerdo que mantuviera en pie los principios del acuerdo de paz irlandés de 1998 y asegurara la salida del Reino Unido sin quedar atado a una unión aduanera con la UE, con controles especiales entre las dos Irlandas y aduanas en el Mar de Irlanda, pese a la resistencia de sus aliados norirlandeses unionistas, el minoritario pero decisivo DUP.


Sin embargo, el Parlamento ni siquiera le permitió llegar a votar el texto y, en una maniobra política que frustró el éxito negociador del primer ministro, le impuso un aplazamiento de hecho con el argumento de que necesitaba más tiempo para revisar el acuerdo (“Ley Brexit”) con todo detalle. Johnson insistió, pero el presidente de la cámara baja, John Bercow, desechó su pedido de postergar los detalles y votar el acuerdo “en general” por un sí o por un no.


En un último intento, Johnson propuso al Parlamento votar la normativa (“Ley de Salida”) que pondría en vigor el acuerdo (Ley Brexit) como paso previo a aprobarlo definitivamente. Los diputados votaron el 22 de octubre en contra por 322 votos contra 308, en una sesión en la que resultó clave la falta de apoyo de los parlamentarios del DUP. Johnson pausó la tratativa legislativa y realizó a la Unión Europea un pedido de extensión hasta el 31 de enero de 2020.


¿Qué consecuencias económicas tendría el Brexit?

Poco antes del referéndum de 2016, el propio Tesoro británico publicó una estimación según la cual el Brexit reduciría el PIB del Reino Unido un 6% respecto de la UE para 2030, a un costo anual de 4.300 (6.200 dólares) por hogar.


En un escenario de shock, el PIB caería 3.6%, el desempleo alcanzaría a 520.000 británicos, la libra se devaluaría 12% y la inflación aumentaría 2,3 %. Uno peor, de shock severo, haría caer el PIB 6%, el desempleo aumentar en 820.000 puestos, la libra caer 15% y la inflación aumentar 2,7%.


De acuerdo con estudios económicos de las consultoras europeas, en el corto plazo el Brexit afectará negativamente a la mayoría de los países de la Unión Europa -especialmente a grandes economías, como Francia, Alemania, España y los Países Bajos-, con la excepción de algunos países de Europa del este.


¿Qué puede acarrear un Brexit duro?

Para empezar, los irlandeses despertarían divididos otra vez por una frontera física en la isla, entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte, al igual que el resto de los británicos con los países de la UE, incluyendo trabajadores y estudiantes.


Los británicos saldrían del Mercado Único y de la Unión Aduanera: sus productos serían arancelados, más caros y difíciles de vender en la UE. Igual de complicado les resultaría importar y consumir los europeos a su propio mercado interno.


El primer gran impacto se vería tanto en el atasco de las aduanas de sus puertos, como en la caída de actividad de sus bancos, cuyo acceso a los mercados comunitarios quedaría automáticamente, limitado e igualado con los de cualquier otro país. Los mercados calculan por anticipado una fuerte devaluación de la libra.


El Reino Unido también dejaría en un día la Corte Europea de Justicia y la Europol, así como su pertenencia a organismos que regulan y facilitan la vida cotidiana británica, desde los alimentos a las medicinas.


El país ahorraría unos 11.200 millones de dólares de contribuciones a la UE para gastar, como postula Johnson en áreas como salud, educación e infraestructura.


Para saber más sobre el actual primer ministro británico, Boris Johnson, lo invitamos a leer nuestro artículo EL REINO UNIDO BAJO BORIS JOHNSON: https://www.embajadaabierta.org/post/el-reino-unido-bajo-boris-johnson


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