"El triple desafío del G20", por Jorge Argüello

La Cumbre de Roma debatirá cómo terminar con la pandemia y prevenir futuras, la necesidad de una recuperación económica inclusiva y políticas comunes para mitigar los efectos del cambio climático.



La Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del G20 que se reunirá a finales de octubre en Roma abrirá una nueva oportunidad para reafirmar los puntos de convergencia y las acciones comunes de este foro internacional y empezar a diseñar ya una salida segura de esta crisis global sin precedentes.


De ahí que terminar con la pandemia y prevenir futuras figure en lo más alto de la agenda de esta Cumbre de Roma, pero inmediatamente también cómo asegurar una recuperación económica inclusiva y mitigar los efectos del cambio climático que nos apremian entre sequías, inundaciones e incendios forestales.


Previamente, para discutir todas las facetas de esas cuestiones del presente y del futuro, los Sherpas de los líderes del G20 completaremos, a mediados de septiembre, el proceso de discusión abierto a comienzos de año, que sentará las bases sobre las que se desarrollará la Cumbre.


Las propuestas finales del G20 sobre salud global, condiciones medioambientales del planeta y reactivación económica mundial dependen, en gran medida, del resultado de ese arduo trabajo de construcción de consensos hacia el futuro.


Ante los riesgos que enfrenta el mundo hoy, las respuestas no admiten postergaciones. Por un lado, es probable que el COVID-19 siga asediando nuestras vidas y economías. Urge, por eso, coordinar y ejecutar un plan global de vacunación que alcance al 40% de la población de cada país a fin de año y al 60% a mediados del año que viene, como propusieron algunas instituciones internacionales. Por otro, la aparición de nuevas variantes con mayor capacidad para eludir vacunas probablemente demore el regreso a la normalidad.


Los casi cuatro millones y medio de muertes por COVID‑19 confirmadas antes de terminar agosto son el lamentable resultado de que el mundo no supo responder a la pandemia con un mayor grado de cooperación y solidaridad. Tampoco, a pesar de las advertencias, la actual arquitectura sanitaria internacional estaba preparada ni financiada para prevenir y responder a semejante emergencia.


En enero de este año, el G20 solicitó a un Panel Independiente de Alto Nivel que analizara ese andamiaje sanitario global. La conclusión: para cubrir las principales brechas en el sistema de respuestas a las pandemias, se requerirá aumentar los recursos financieros en 75.000 mil millones de dólares en los próximos cinco años, o 15.000 mil millones por año.


Ese incremento posibilitaría la creación de una red coordinada de vigilancia e investigación sobre las enfermedades infecciosas, incrementaría la capacidad mundial para producir vacunas y, en general, fortalecería los sistemas de salud y la gobernanza sanitaria mundial.


Todos estamos de acuerdo sobre el diagnóstico, pero existen distintas visiones entre los países del G20 sobre cómo resolver cada uno de esos aspectos, alternativas que concentrarán gran parte de nuestra atención en las próximas semanas.


Otras urgencias


La cita de líderes de octubre también se proyectará, indefectiblemente, sobre la Cumbre del Clima de la ONU (COP26) de noviembre en Glasgow: los países del G20, en conjunto, producen alrededor del 80% de la emisión anual de gases de efecto invernadero.


Los riesgos vinculados con el cambio climático, si bien se desarrollan de manera menos vertiginosa, son tan desafiantes como los que plantea el COVID-19. En los últimos días hemos visto cómo se desarrolla en tiempo real y afectando a todas las regiones con olas de calor, incendios forestales e inundaciones.


Esos impactos también dañarán gravemente muchas especies naturales y afectarán negativamente a las posibilidades y condiciones de la vida humana. En América Latina los impactos extremos del clima provocaron al menos 312 mil muertes en 2020.


Por eso es que la necesidad de fijar metas de reducción de emisiones y compromisos de financiación climática, con el grado de ambición que necesita el mundo para evitar un aumento de temperaturas superior a 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales, es una cuestión central en la agenda del G20 este año.


Pero, nuevamente, las decisiones no serán fáciles. Hace algunas semanas, los ministros de Energía y Medio Ambiente de los 20 países consideraron un número significativo de acciones necesarias para impulsar la aplicación efectiva y plena de los objetivos del Acuerdo de París, e iniciar una transición energética sostenible a nivel mundial en los próximos años.


Dos cuestiones, sin embargo, quedaron irresueltas tras un largo debate y serán decididas por los líderes en Roma: a) cómo acelerar la descarbonización de las economías y fijar una fecha para su gradual eliminación, y b) cómo detener la financiación pública internacional hacia la energía del carbón y la definición de un plazo para eliminar gradualmente subsidios ineficientes a los combustibles fósiles.


El G20 debe ejercer su liderazgo y crear las condiciones necesarias que permitan a todos los países recuperarse de esta crisis, a través de una mejora en las condiciones de financiamiento de los países de renta media y la reestructuración de deuda en el largo plazo. Y evitar, además, el riesgo de recuperaciones asimétricas que profundicen la desigualdad entre los países y en su interior.


Para lograr una respuesta común a esos desafíos, la tarea prioritaria de los Sherpas exige como condición necesaria recrear un clima de confianza, que aleje las tensiones geopolíticas y permita grados de cooperación como los que requieren vivir en un planeta compartido.


Lograr progresos más equitativos en la distribución global de vacunas, cumplir los compromisos financieros asumidos por los países desarrollados para sostener la transición energética de los países con menos recursos, y evitar la profundización de recuperaciones asimétricas: todo ello sería un buen punto de partida.


Publicado el 29/08/2021 en PERFIL