LA ECONOMÍA GLOBAL POST COVID-19

La reacción sanitaria global en cadena que generó la pandemia acarreó una crisis sin precedentes en la economía moderna, que persistirá en 2020. Los pronósticos más actualizados lo asumen, pero también imaginan una recuperación en 2021, si se imponen los estímulos necesarios con la coordinación multilateral adecuada. América Latina no es una excepción en estas estimaciones del FMI y de la CEPAL.

La pandemia del COVID-19, que se ha propagado hasta nuestros días a una velocidad y escala desconocidas por el mundo moderno, también ha sometido a sus economías a un retroceso tan pronunciado y brusco que altera todas las curvas estadísticas y demanda, en adelante, un cambio cualitativo en las respuestas a una coyuntura histórica en la que predomina, por sobre todo, la incertidumbre.


No es casualidad que, por primera vez en su historia de casi siete décadas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) haya hecho sus proyecciones de retroceso y crecimiento para 2020 (-3%) y 2021 (+5,8%) sobre la base de modelos que consideran una doble perspectiva: la macroeconómica y la epidemiológica.

Imagen 1 - Últimas proyecciones de crecimiento 2020-21. Fuente: FMI.


En ese horizonte de incertidumbre sobre el que se recortan tanto los pronósticos de actividad económica global como los de la evolución de la propia pandemia, los organismos multilaterales incorporaron por primera vez el resultado de consultas con epidemiólogos, expertos en salud pública y en enfermedades infecciosas.


El violento frenazo de la actividad económica global, con implicaciones que van desde el empleo hasta la producción de grandes y pequeñas empresas, la interrupción del comercio y la sobreoferta de commodities como el petróleo, obligó a improvisar respuestas individuales de los Estados, a través de préstamos, emisión de bonos o, directamente, distribuyendo efectivo a sus ciudadanos más vulnerables, aún en países como Argentina, con problemas preexistentes de endeudamiento.


Sin embargo, una primera conclusión importante de organismos como el FMI, la CEPAL, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) es que la crisis volverá a necesitar, como en 2008 pero a escala mayor, una coordinación multilateral decidida para mitigar el impacto de la pandemia, y superarla después.


Eso incluye especialmente a la instancia de gobernanza global surgida en 2008, la cumbre de líderes del Grupo de los 20 (G20), que camino a su próxima reunión anual de 2020 en Riad (Arabia Saudita) ya ha dado los primeros pasos en esa dirección, con su apoyo a la suspensión temporal del pago del servicio de la deudas de países empobrecidos.


Por delante, se abre para las sociedades y sus líderes políticos un océano de aguas todavía sin cartografiar. Como dijo el reconocido historiador británico Adam Tooze, "la pandemia del Covid-19 es el shock económico más dramático y repentino que la mayoría de nosotros jamás vivirá".


Por primera vez desde 1998 volverán a crecer los índices globales de pobreza, según el Banco Mundial. A finales de este año, al menos 8% de la población mundial -unas 500 millones de personas- quedará en la indigencia, básicamente por la pérdida de empleos que causó la pausa forzada por el virus, según la ONU.


Estados, organismos internacionales e instancias de gobernanza como el G20 se enfrentarán en adelante con una combinación inédita de problemas y desafíos, que en carne propia ya experimentan decenas de millones de trabajadores y ciudadanos de los sectores más vulnerables, sin excluir esta vez los países más avanzados.


En lo inmediato, grandes déficits, deudas e incluso defaults; recesión global con deflación por exceso de oferta; y la demanda social de costosas inversiones sanitarias. Hacia adelante, el riesgo de una desglobalización traumática, tensiones entre modelos democráticos y autoritarios, y la disputa comercial-tecnológica entre China, Estados Unidos y la Unión Europea (UE). Como telón de fondo, la amenaza de nuevas pandemias en un planeta estresado al límite.


Mientras tanto, estos que siguen son los diagnósticos y pronósticos disponibles que nos sirven como guía.


El Gran Confinamiento


A finales de abril, la OIT actualizó sus peores vaticinios sobre el impacto de la pandemia del COVID-19 en todo el mundo: unos 1.600 millones de trabajadores de la economía informal, es decir casi la mitad de la fuerza laboral global, quedaron en peligro inmediato de perder sus medios de subsistencia. Al menos 2 mil millones de esos trabajadores ya perdieron un 60% de sus ingresos habituales.


“Esta crisis es como un dominó. Países que caen uno tras otro, después otro, después otro… son dramáticamente golpeados por la pandemia, primero, y después por las medidas restrictivas para contener la pandemia”, o Gran Confinamiento, resumió a su vez la directora ejecutiva del FMI, Kristalina Georgieva.

Imagen 2 - El FMI espera rápida recuperación luego de la contracción económica por el COVID-19. Fuente: Statista, en base a datos del FMI.


En el escenario base planteado por el FMI, que supone que la pandemia se disipe en el segundo semestre de 2020 y que las medidas de contención se desactiven gradualmente, se proyecta que la economía mundial crezca 5,8% en 2021, siempre y cuando se mantengan las políticas proactivas desde Estados y bancos centrales. Antes del COVID-19, esa proyección era de 3,4%.


En el caso de la eurozona, donde España e Italia, pero también Francia y Alemania sufrieron grandes pérdidas humanas por la pandemia, el PIB caerá este año hasta un 7,5%: Alemania (-7%), Francia (-7,2%) y sobre todo Italia (-9,1%). Del mismo modo, se pronostica en 2021 una recuperación de 4,7%.


Para Estados Unidos, todavía en plena lucha contra la pandemia y con un récord de contagios y muertes a nivel global, su economía puede retroceder hasta 5,9% en 2020, según estimó el FMI, que pronosticó para 2021 un alza de 4,7%.


El caso de China, el país donde se originó el COVID-19, y también el primero en controlar el brote y sacar del confinamiento a millones de personas, es similar: el Fondo rebajó su estimación de crecimiento global para 2020 hasta 4,8%, aunque espera un fuerte rebote para 2021, de hasta 9,2%, básicamente porque comenzó su recuperación también antes que el resto de los países.

Para el mundo en desarrollo todo será mucho más dificil aún. Según el Banco Mundial, el África subsahariana entrará en recesión por primera vez en 25 años, con casi la mitad de los empleos destruidos por la crisis de la pandemia. El sur de Asia experimentará, probablemente, su peor año en cuatro décadas.


Qué hacer


Los organismos internacionales, al igual que el conjunto de los analistas públicos y privados, reconocen que las consecuencias económicas del COVID-19 dependen de muchos factores combinados difíciles de predecir. El FMI enumera desde la trayectoria de la propia pandemia y la eficiencia en contenerla, hasta los graves problemas en la oferta-demanda y el endurecimiento de los mercados financieros, más el colapso del precio de las materias primas, incluido el petróleo, determinante en los ingresos de muchos países, sobre todo en desarrollo.


Aun así, junto con todas las políticas proactivas al alcance de los Estados y los bancos centrales -fiscales, monetarias y financieras en respaldo de hogares y de empresas-, los propios organismos han puesto en primer plano la adopción de las medidas necesarias para reducir el contagio y proteger vidas. “Harán mella a corto plazo en la actividad económica, pero también deben ser consideradas como una inversión importante para la salud humana y económica a largo plazo”, dice el FMI.


Es muy probable que este año la economía mundial experimente la peor recesión desde la Gran Depresión de los ‘30 y empalidezca la experimentada durante la crisis financiera mundial de hace una década. Ante la crisis de 1930, sin la arquitectura multilateral de crédito actual, los países buscaron liquidez a través de políticas mercantilistas que sólo empeoraron la desaceleración mundial. Hoy, el FMI cuenta con una capacidad de préstamo de 1 billón de dólares al servicio de sus 189 países miembros, el cuádruple de la que tenía cuando estalló la crisis de 2008.


También por ello, según el FMI, “una estrecha cooperación multilateral es esencial para superar los efectos de la pandemia, e incluye ayudar a países con restricciones financieras que enfrenten un doble shock, sanitario y de financiamiento; y también es esencial para canalizar ayuda a países con sistemas sanitarios deficientes. Es urgente que los países trabajen en forma mancomunada para frenar la propagación del virus y para desarrollar una vacuna y terapias contra la enfermedad”.


Esa cooperación multilateral incluye compartir equipos y conocimientos especializados para reforzar los sistemas sanitarios en todo el mundo, y un esfuerzo mundial para garantizar que los países tanto ricos como pobres tengan acceso inmediato a las terapias y vacunas que se desarrollen contra el COVID-19.



El caso de América Latina


La crisis económica, a diferencia de la pandemia en sí, pone de relevancia las mayor capacidad de resistencia de las economías avanzadas, con grandes recursos financieros para rescatar sus economías a nivel macro y micro, y el privilegio, como lo definen los organismos internacionales, de emitir monedas de reserva.


“Pero varias economías de mercados emergentes y en desarrollo que carecen de activos similares y que afrontan crisis sanitarias, económicas y financieras simultáneas necesitarán la ayuda de acreedores bilaterales de las economías avanzadas y de instituciones financieras internacionales”, reconoce el FMI.


Como explicó Georgieva, al comentar el último Panorama Económico Mundial del FMI, los mercados emergentes y las economías en desarrollo se enfrentan a problemas adicionales bastante graves: los exportadores de productos básicos por el derrumbe de precios y los que dependen del flujo de capital externo que sufren la huida de fondos hacia mercados más seguros en “proporciones gigantescas, mucho más que durante la crisis de 2008”, por unos 100 mil millones de dólares.

Imagen 3 - Proyecciones de crecimiento según el informe Perspectivas de la Economía Mundial, abril 2020. Fuente: FMI.


En nuestra región, según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), la pandemia del COVID-19 llevará a la mayor contracción de la actividad económica en la historia: caerá -5,3% en 2020. Factores externos e internos llevarán a la peor contracción que la región haya sufrido desde 1914 (-4,9%) y 1930 (-5%). Antes de la pandemia, ya acumulaba casi siete años de bajo crecimiento ( 0,4% en 2014-19).


América del Sur se contraerá -5,2%, con varios países de esta zona muy afectados por la caída de la actividad de China. En América Central la caída sería de -2,3%, afectada por la caída en el turismo y la reducción de la actividad de Estados Unidos, su principal socio comercial y fuente de remesas. El Caribe se contraería en -2,5%, debido a la reducción de la demanda de servicios turísticos, estima CEPAL.


Esta crisis se ha transmitido a América Latina y el Caribe a través de cinco canales: reducción del comercio internacional, caída de precios de los productos primarios, la intensificación de la aversión al riesgo y el empeoramiento de las condiciones financieras mundiales, menos demanda de turismo y una reducción de las remesas. El derrumbe del precio del petróleo impacta con fuerza, adicionalmente, en las economías de países productores como Venezuela, México y Brasil.


La región pudo anticipar la llegada de la pandemia y tiene una población más joven y resiliente, pero a la vez sufre unos servicios sanitarios deficientes en un contexto de mayor pobreza,, falta de recursos y el arrastre de muchos años de contracción.


El rol multilateral


Obviamente, “se prevé un fuerte aumento del desempleo con efectos negativos en pobreza y desigualdad”, explicó la secretaria ejecutiva de CEPAL, Alicia Bárcena, al presentar su último balance de la situación económica regional. La tasa de pobreza en la región aumentaría en 4,4% durante 2020 (de 30,3% a 34,7%), lo que significa un incremento de 29 millones de personas en situación de pobreza. La pobreza extrema crecería en 2,5% (de 11,0% a 13,5%), otras 16 millones de personas.


Después de todas las medidas financieras y fiscales adoptadas por los países, a la espera de un “apoyo flexible” de los organismos financieros multilaterales, con líneas de crédito a bajo costo, alivios del servicio de la deuda y eventuales condonaciones, “se requiere repensar el modelo de inserción de la región y las alternativas de reactivación a la luz de los cambios estructurales que ocurrirán en la globalización y el mundo post COVID-19”, según CEPAL.


Mientras tanto, instancias de gobernanza global como el G20 deben alentar a las organizaciones multilaterales a prestar a tasas de interés favorables y aliviar de la deuda de los países altamente endeudados, aplazándola o condonándola.


“De lo contrario, los pagos serán imposibles y se comprometerá el espacio fiscal.Se requieren medidas excepcionales para enfrentar una crisis sin precedentes. No habrá progreso sin cooperación y solidaridad internacionales”, resumió Bárcena.


Pensando en el futuro, la CEPAL advierte que la crisis productiva que generó la pandemia traerá cambios que persistirán. No se revertirá la globalización, pero sí habrá una economía mundial más regionalizada en torno a tres polos: Europa, América del Norte y Asia oriental.


Según el organismo, hay que prepararse para el mundo post COVID-19 y pensar el futuro de la región en la nueva geografía económica ante la elevada dependencia de manufacturas importadas, para lo cual se requieren políticas industriales que permitan a la región fortalecer sus capacidades productivas y generar nuevas capacidades en sectores estratégicos.


En ese sentido, ahora que surgen voces especulando con una eventual ruptura de experiencias regionales históricas que llevó décadas construir, como el MERCOSUR, el organismo propone avanzar hacia una mayor integración regional, tanto en lo productivo y comercial como en lo tecnológico.


“La coordinación de nuestros países en materia macroeconómica y productiva es crucial para negociar las condiciones de la nueva normalidad, particularmente en una dimensión urgente en la actual crisis y en el mediano plazo: la del financiamiento para un nuevo estilo de desarrollo con igualdad y sostenibilidad ambiental”, enfatizó Bárcena.

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