LAS ELECCIONES EN BELARÚS

El presidente Alejandro Lukashenko (quien gobierna el país ininterrumpidamente desde 1994) se enfrenta a la joven candidata Svetlana Tijanovskaya en las elecciones más inciertas en tres décadas en Belarús. Los comicios son vistos con atención tanto por Bruselas como por Moscú, en plena pandemia de COVID-19.

El presidente bielorruso, Alejandro Lukashenko. Fuente: Wikimedia Commons.


La exrepública soviética de Belarús (antes conocida como Bielorrusia) es toda una excepción en Europa Oriental pues, a diferencia del resto de las “democracias populares” y de los países que componían la URSS, no se acercó a los Estados Unidos ni a los proyectos de integración europeos en la post Guerra Fría.


Durante el último cuarto de siglo, el presidente Alejandro Lukashenko (65) ha imposibilitado el surgimiento de una oposición abroquelada en Belarús. Lukashenko fue elegido en 1994, pero los sucesivos comicios (2001, 2006, 2010, 2015) han sido evaluados por observadores extranjeros y organismos de derechos humanos como anticompetitivos y fraudulentos.


Este domingo se celebrarán nuevamente elecciones presidenciales, con los mayores niveles de incertidumbre en décadas. Luego de la anulación de diferentes candidaturas opositoras, la joven outsider Svetlana Tijanovskaya (37) desafía al sempiterno presidente bielorruso.



Férreo control y giro


Conocida como “la última dictadura de Europa”, Belarús es un país con 9,5 millones de habitantes y un territorio similar al de la provincia argentina de Río Negro (208 mil km2). A pesar de que el idioma nativo es el bielorruso, más de la mitad todavía comprende y utiliza activamente el ruso tanto en el trabajo como en el hogar.


Belarús era una de las regiones más dinámicas económicamente dentro de la URSS, pero desde los noventa sobrevino un estancamiento frente a un sistema de producción estatal con inmovilismo y corrupción. Tras dos crisis en 2008 y 2018, el PIB bielorruso sigue en los mismos niveles que en 2007. De hecho, el salario promedio es 3,5 veces más bajo que las vecinas Lituania, Letonia y Polonia.


El presidente Lukashenko ha sobrevivido gracias un férreo control del aparato doméstico y a los subsidios energéticos del Kremlin. Sin embargo, en los últimos años ha hecho esfuerzos por reducir la dependencia de Moscú, y cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, presionaba por una mayor integración política y económica entre los dos países.


Para compensar la dependencia de Rusia, Lukashenko buscó un modesto acercamiento a Estados Unidos. Este año nada menos que el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, realizó una visita de Estado. Meses más tarde, Belarús importó petróleo por primera vez desde Estados Unidos, en un claro mensaje de irreverencia hacia Rusia.


Ahora, en plena carrera electoral, Lukashenko denunció presencia de grupos armados extranjeros en territorio bielorruso. Si bien vinculó a esos militares privados con Rusia, portavoces del gobierno de Putin consideraron endebles las pruebas de ello. Los expertos occidentales estiman que en el peor de los casos los efectivos denunciados utilizaban a Belarús como país de tránsito hacia Ucrania, donde Moscú sí tiene injerencia, por el conflicto entre Kiev y los separatistas del este ucraniano.


En efecto, no es la primera vez que Lukashenko fabrica fantasmas de insurrección en un año electoral. Las supuestas amenazas han permitido a Lukashenko en los distintos comicios aplicar medidas restrictivas severas sobre la población.


Sin ir más lejos, en los últimos cuarenta días por lo menos 275 opositores fueron multados, encarcelados o debieron exiliarse. Esgrimiendo interpretaciones taxativas de las medidas de distanciamiento social por el COVID-19, el oficialismo ha apresado a más de 650 personas que participaban en manifestaciones disidentes.


Esta vez, el llamado a las urnas fue fijado en época vacacional veraniega, lo que disminuye aún más las probabilidades de que la ciudadanía opositora se encuentre en su lugar de votación el día de los comicios. Para asegurarse un mínimo caudal de votos, el aparato electoral oficialista ya aplicó una serie de incentivos (positivos y negativos) para que cerca de un tercio del padrón se expidiera anticipadamente.



Una vocera joven y desafiante

La candidata Svetlana Tijanovskaya en un acto político. Fuente: Getty Images.


Con este panorama, hasta hace dos meses el escenario doméstico no presentaba demasiados problemas para un un sexto mandato de Lukashenko, virtualmente asegurado. Incluso la deficiente respuesta epidemiológica del gobierno bielorruso frente a la pandemia no había conseguido hacer excesiva mella en la posibilidad de continuidad del mandatario.


Entonces, llegó la sorpresa. Ausente entre los favoritos iniciales, hoy Svetlana Tijanovskaya (37) desafía al presidente bielorruso en unas elecciones inusualmente inciertas previstas para este 9 de agosto. Tijanovskaya, traductora de inglés y madre de dos hijos, decidió postularse después de que su esposo, un popular youtuber, fuera encarcelado en mayo pasado.


En muy poco tiempo, Tijanovskaya pudo organizar actos políticos multitudinarios en Minsk y manifestar el malestar general contra el gobierno de Lukashenko, todo un secreto a voces en la ciudadanía. Sus convocatorias alcanzaron los 65 mil participantes, las mayores en el país desde 1991.


Las marchas de los opositores constituyen todo un despliegue simbólico de antagonismo con Lukashenko. Los participantes habitualmente enarbolan la vieja bandera de roja y blanca de Bielorrusia y entonan canciones de protesta que reversionan los cánticos de Solidaridad (el movimiento democratizador de la Polonia comunista), todo un acto de atrevimiento a 30 años de las protestas que marcaron el fin del comunismo en Europa del Este.


Para fortalecer su fórmula, la candidata sumó las fuerzas de otras listas opositoras prohibidas por el oficialismo. Lo más potente del mensaje de la joven candidata es su abnegación por el poder político. Tijanovskaya promete, de resultar electa, celebrar nuevas elecciones libres y justas con la participación de todos los candidatos de la oposición.


Más allá de la bandera de liberalización, retomó el lema del blog de su marido, "un país para vivir", un llamamiento a los bielorrusos para que exijan atención sanitaria y educación de calidad. Precisamente por esas consignas socioeconómicas que eran deliberadamente censuradas por los medios de comunicación estatales había sido encarcelado Sergei, el esposo de Svetlana.


¿Cómo llegó esta outsider a encabezar la carrera opositora? Paradójicamente, por el menosprecio del régimen. Mientras que el oficialismo amedrentó a los candidatos masculinos y de mayor edad, nunca reparó en la candidatura de una joven. El propio Lukashenko ha declarado que “la Constitución no está hecha para una mujer”, pues “el presidente tiene un poder fuerte y sólo un hombre puede tenerlo”.


En las últimas semanas, las denuncias del gobierno de “intentos de desestabilizar al país” por los incidentes con Rusia elevó la preocupación de los opositores, quienes temen que los roces con Moscú sirvan de pretexto para desactivar las marchas opositoras. Tijanovskaya negó todo carácter revolucionario de su candidatura: “No tenemos necesidad alguna de combatientes, somos gente pacífica”.


El escenario más probable del próximo domingo parece el habitual: una victoria de Lukashenko por amplio margen, con altos niveles de concurrencia. A pesar de ello, la expectativa es alta: un extraordinario 92% de los bielorrusos opinan que esta elección es “un evento importante en la vida del país”, según el Laboratorio Juvenil de Estudios Sociológicos de Belarús.


Frente a ello, los opositores titubean entre dos posibilidades: el abstencionismo en masa, o apoyar a Tijanovskaya en una estrategia de “encolumnamiento”. Está claro: el resultado y el margen de victoria de las próximas elecciones en Belarús será crucial en el futuro inmediato del país y de la geopolítica de Europa del Este.

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