MUNICIPALES EN BRASIL: ELECCIONES LOCALES DE PROYECCIÓN NACIONAL

Brasil celebra sus elecciones municipales en dos vueltas (15 y 29 de noviembre) bajo un complicado escenario sanitario y económico por la pandemia de COVID-19 y con las principales fuerzas políticas concentradas en proyectarse hacia las generales de 2022 desde las ciudades, donde viven casi nueve de diez brasileños.

Unos 147 millones de brasileños están convocados a votar este 15 de noviembre en la primera vuelta de elecciones municipales (la segunda vuelta será el 29) en las que puede redefinirse el mapa político nacional, dominado hoy por la fragmentación de fuerzas y el predominio ejecutivo del outsider Jair Bolsonaro.


El acontecimiento puramente político, sin embargo, resulta imposible de escindir de la crisis sanitaria que vive el país por la pandemia de COVID-19, sin contar sus consecuencias económicas y sociales. En vísperas de los comicios, Brasil superó los 5,7 millones de contagios (25 mil diarios) y casi 163 mil muertes.


Aún así, el presidente Bolsonaro mantiene 35-40% de aprobación de su gestión (y 40% de rechazo), muy cuestionada especialmente dentro y fuera del país por su actitud frente al COVID-19, al que definió como una “gripezinha”, a la que ahora invita a los brasileños a hacerle frente y a “dejar de ser un país de maricones (dixit)”.

A diferencia de 2018, cuando la elección se polarizó entre el entonces Partido Social Liberal de Bolsonaro (que abandonó en 2019 para formar su propia plataforma conservadora Alianza por Brasil) y el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) del expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva, estos comicios serán protagonizados más bien por partidos de centroderecha, de gran peso en el Congreso, fuertes en grandes urbes y claves para gobernar a nivel nacional.


El peso de las urbes


La primera vuelta de las elecciones se celebrará el 15 de noviembre en 5.568 distritos, desde la megalópolis de San Pablo hasta minúsculas localidades de los extremos geográficos del vasto Brasil. Si ningún candidato obtiene mayoría absoluta, los dos más votados definirán la alcaldía en juego el 29 de noviembre.


Las ciudades en Brasil no sólo concentran a casi toda la población del país, sino en que algunos casos explican la potencia económica de esta nación emergente, miembro del BRICS (con Rusia, India, China y Sudáfrica) a partir del fenomenal crecimiento económico que, bajo los gobiernos del PT en los 2000, permitió incorporar a decenas de millones de brasileños a las clases medias.


San Pablo, corazón económico de Brasil, con casi nueve millones de votantes y un tercio del PIB nacional, inclina su gran peso político y electoral específico en favor de candidatos más conservadores, como el actual alcalde Bruno Covas, aliado del gobernador Joao Doria, el mayor opositor conservador a Bolsonaro, quien anunció neutralidad en los comicios pero simpatiza allí con Celso Russomano, un periodista evangelista que tiene opciones a la segunda vuelta, delante de la izquierda.


El otro distrito clásico en disputa es Río de Janeiro, el segundo más importante con

casi cinco millones de votantes y una histórica referencia de la orientación política del país. Allí el actual alcalde, el pastor evangélico Marcelo Crivella, también apoyado por Bolsonaro, va camino de perder el cargo en segunda vuelta frente a un predecesor conservador, Eduardo Paes, según las encuestas. El PT quedaría en un lejano cuarto puesto, con Benedita da Silva.


En otros dos grandes distritos municipales, Salvador (Bahía) y Belo Horizonte (Minas Gerais), con cuatro millones de votantes, los favoritos son también de centroderecha, Bruno Reis y el actual alcalde Alexandre Kalil, respectivamente. Kalil se destacó por desafiar la gestión nacional de la pandemia que hizo Bolsonaro.


Al PT de Lula, en cambio, le quedan pocas alternativas de triunfo en los puntos más relevantes del punto electoral, pese a los esfuerzos del expresidente por reconstruir su fuerza de cara a las próximas elecciones generales. Debilitado en sus antiguos bastiones del Nordeste (Recife y Fortaleza), apunta a Porto Alegre (Río Grande do Sul), donde gobernó entre 1989 y 2005 y propone a la comunista Manuela D’Avila.


De reojo a 2022


El escenario brasileño, observado a través de estas elecciones municipales, ofrece una mesa con muchos protagonistas, todos ellos en franca transición hacia el premio mayor de las generales de 2022, cuando Bolsonaro aspira a revalidar el vehemente proyecto nacionalista y conservador con el que sorprendió en 2018, sin estructuras partidarias tradicionales pero asentado en coaliciones que lo sostienen.


El “bolsonarismo”, protagonista menor de estas municipales, aparece debilitado por la crisis (el desempleo alcanzó el 20%) y ahora también por la derrota de Donald J. Trump en Estados Unidos, una alianza externa en la que había puesto más energía y compromiso que en las opciones de integración en la propia región.


Pese a todo, como Trump, Bolsonaro mantiene popularidad entre sus votantes (el rechazo es alto en grandes ciudades). Se apoya en liderazgos menores y en ascendente partido Republicanos, brazo político de la influyente Iglesia Universal del Reino de Dios, su potencial plataforma si busca la reelección.


La centroderecha tradicional, articulada a través de antiguos partidos que han gravitado durante décadas en el Congreso, emerge en estas elecciones y presumiblemente más adelante como el principal contrapeso del bolsonarismo, con el que sintoniza bastante en lo económico, sin convalidar su liderazgo político.


De hecho, después de dos años de ajustes neoliberales, se discute una nueva reforma Constitucional que reduzca salarios públicos y facilite más privatizaciones. Para ello será clave la centroderecha no bolsonarista, espacio que ocupan el DEM (antiguo Partido del Frente Liberal), la Social Democracia Brasileña (PSDB), el Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y las fuerzas del bloque Centrão, muy volátil y heterogéneo ideológicamente, pero numeroso en bancas (hasta 40%).


Mientras tanto, estos tiempos son de competencia interna en la izquierda brasileña, en parte por la decisión del PT de hacer frente en solitario a la ofensiva judicial por corrupción y, también, al arduo proceso de recuperación que inició el partido tras la destitución de Dilma Roussef en 2016 y la condena y prisión del propio Lula, que fue excarcelado en noviembre de 2019 después de 19 meses preso.


Para estas elecciones, todas las gestiones de unión de fuerzas de izquierda en un frente que fortaleciera sus opciones en varias ciudades fracasaron sin remedio, entre el PT, el Partido Comunista (PCdoB), el ascendente Partido Solidario (PSOL), Unidad Popular (UP), Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU) y el Partido Comunista Brasileño (PCB).


También se excluyó el Partido Democrático Laborista (PDT), de Ciro Gomes, ex ministro (2003-10) de Lula.“No pueden querer que el PT renuncie a esa grandeza que le dio el pueblo a cambio de nada. O tiene un candidato más grande que el PT o no tiene ninguna posibilidad”, dijo Lula. “El bolsonarismo rabioso y el lulopetismo corrupto van a llevarse una gran paliza en todo Brasil”, replicó Gomes en campaña.


Para la izquierda, así como para fuerzas menores de derecha, es cuestión de supervivencia: hay partidos que pueden desaparecer, sin financiación pública ni publicidad gratuita, si en estos comicios consiguen menos de 2% de los votos válidos a nivel nacional en un tercio de los Estados, con un mínimo del 1% en cada uno, o no consiguen al menos 11 diputados distribuidos en nueve Estados.


Candidatos y votantes


Hay dos indicadores que expresan la transformación que está sufriendo la política brasileña y que se verá más claramente en estos comicios municipales.


Uno es que el número de candidatos miembros de las Fuerzas Armadas, 48% más que en 2016 y récord desde 2004. En total, 6.760 policías civiles y militares, militares, bomberos militares y militares de la reserva aspiran a cargos de alcalde, vice alcalde o concejal, según los datos del Supremo Tribunal Electoral (STE).


El otro, la participación de pastores evangélicos, sacerdotes, obispos y otros líderes religiosos, con su propio récord de candidatos, en total 885, el número más alto desde las elecciones municipales de 2008.


Brasil ya tenía muy extendida la identificación biométrica para los votantes, pero esta vez no será utilizada debido a las dificultades adicionales que plantea a la organización el COVID-19, según decidió la Justicia Electoral. En agosto pasado, había identificadas por biometría 117,5 millones de personas, 79,5% del electorado.


¿Cuántos y quiénes son los que votan? El perfil de la mayoría que definirá estos comicios coincide con una mujer, con estudios secundarios completos, de entre 35 a 59 años, la franja más influyente de los 148 millones de empadronados, un 2,6% más que en las municipales de 2016..


Por género, las mujeres representan el 52,5% del total de votantes (unas 77,6 millones, frente a 70,2 millones de hombres y un 0,03% del electorado que no declaró género.


La mayoría de los votantes reportaron haber completado sólo el bachillerato (25,5%), seguidos por aquellos que no completaron la educación primaria(24,1%), los de bachillerato incompleto (15,5%) y solo el 10,7% del electorado, unas 15,8 millones de personas, que completaron la educación superior.


Publicado el 12/11/2020.

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