"Post-Globalismo, Regionalización y Desarrollo", por Rubén E. Galleguillo


Una rápida caracterización del momento actual de la humanidad da cuenta que no solo estamos asistiendo a una inquietante época de cambios, sino que somos testigos privilegiados de un verdadero cambio de época que, por su profundidad y velocidad sin precedentes en la historia humana, trastoca las categorías conocidas, los lugares comunes y los espacios que hasta ayer creíamos relativamente seguros.


Este hiato espacial y temporal que singulariza la era digital se manifiesta en cambios de paradigmas en los diferentes campos disciplinares de las ciencias, pero también en mutaciones de naturaleza cualitativa en los diversos ámbitos cultural, social, político, económico y ambiental. La pandemia que nos aqueja solo aceleró y visibilizó cambios que, aunque larvados, ya estaban en marcha.


En este contexto histórico peculiar se va conformando una sociedad atravesada por las pulsiones de la naciente revolución ciber-digital que es al capitalismo tardío lo que la revolución industrial fue al capitalismo manchesteriano; el producto de un sistema de acumulación económico, científico y tecnológico cuyo epítome es esta postmodernidad delicuescente signada por la información y la comunicación que permea prácticamente todos los ámbitos de la vida humana.


Pero a diferencia de la revolución industrial que transformó las bases materiales de la sociedad feudal, en la revolución ciber-digital en curso se están constatando no solo mutaciones de carácter material sino sobre todo de orden simbólico donde la fusión de la inteligencia natural y la inteligencia artificial probablemente vayan configurando en el tiempo organismos heteróclitos y sociedades híbridas, como advierte Yuval Harari, abriendo un horizonte de consecuencias hoy inimaginables.


El carácter complejo de la realidad fenoménica, que muchas veces se construye en el imago, en la idea y en la palabra ("la palabra construye mundos" dice Pierre Bourdieu), asume la presencia de lo incierto, lo imprevisible y lo contingente. La conciencia y reconocimiento de la incertidumbre y el riesgo como rasgos constitutivos de los fenómenos políticos, sociales, económicos y ambientales es un elemento crucial en el nuevo paradigma.


El ingreso a la era digital trajo consigo un nuevo estadio mundial post hegemónico, post liberal y post industrial que bien podríamos designar como PostGlobalismo. En efecto, estamos inmersos en un tiempo de transición que discurre desde un orden global hegemónico de carácter unipolar hacia un nuevo orden con una hegemonía compartida y un equilibrio dinámico de poder. El paulatino descenso y pérdida de posiciones relativas de Estados Unidos y el vertiginoso y vigoroso ascenso de China a la cúspide del sistema internacional dan cuenta de ello, por no hacer mención al resurgimiento de Rusia, la recuperación de Alemania o el escalamiento de India.


En este tablero geopolítico, económico y comercial, crecientemente inestable, hay un repliegue de los países hacia el interior de sus respectivos megas bloques regionales que ofician como grandes áreas de libre comercio pero al mismo tiempo como mercados protegidos respecto de los otros bloques: América del Norte, con el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), alcanza un PIB conjunto de 24 billones de dólares; la Unión Europea (UE), ya sin el Reino Unido, llega a los 16 billones; y Asia Pacífico mediante la recientemente celebrada Asociación Económica Integral Regional (RCEP), todavía sin India, suma casi 26 billones. En esta estrategia central neo secular América Latina debe extremar los recursos para consolidar su integración regional y profundizar los acuerdos de cooperación institucional, social, económica, industrial, comercial y tecnológica.


El plan de deslocalización (offshoring) implementado por las empresas multinacionales durante la globalización buscando maximizar la ventaja competitiva mediante el comercio intraindustrial, la internacionalización del capital y la transnacionalización de la producción, ahora se revierte hacia una política de relocalización en el propio entorno territorial (backshoring) procurando asociar la ventaja competitiva de carácter tecnológica a la ventaja comparativa de orden natural mediante el fortalecimiento de las cadenas de valor regionales y las economías de escala.


Sin embargo, uno de los elementos definitorios de la sociedad postmoderna es la ruptura del eje capital-trabajo que había caracterizado a la moderna sociedad industrial de masas, que si bien estaba atravesada por los conflictos que generaba la plusvalía no obstante el factor trabajo era ineludible en la cadena de producción. En la posmoderna sociedad digital del conocimiento se constata una autonomización creciente del capital, especialmente del capital financiero, que ya no necesita del trabajo físico para producir ni reproducirse.


Esta escisión reconoce dos derivaciones inmediatas e igualmente preocupantes. En primera instancia, patentiza la insuficiencia del sistema político que actúa principalmente en el plano local (sea el Estado en tanto unidad de poder, o la democracia en tanto pluralidad de instituciones) para resolver las tensiones del sistema económico que opera fundamentalmente en el plano global (especialmente el mercado en cuanto ámbito de coordinación y asignación de recursos). En segundo lugar, pone de relieve el desplazamiento del conflicto hacia una dicotomía mucho más densa, dramática y profunda que se expresa en los términos inclusión-exclusión, donde ya no se juega solo la participación en la cadena de producción sino muchas veces la vida misma.


Esta situación se torna aún más inquietante cuando se observa en los países centrales una vuelta al patrimonialismo que había regido durante el siglo XIX y principios del siglo XX en Francia, Inglaterra y Alemania. Este capitalismo patrimonial, asentado en el stock acumulado y en la riqueza heredada, decayó rápidamente entre los años 1914 y 1945 por efecto de las dos grandes guerras mundiales y la crisis del '30 para resurgir paulatinamente a partir de la década del '80 en Francia, unos años antes en Alemania y unos años después en el Reino Unido, y a emerger con fuerza desde los años '90 en Estados Unidos de la mano no ya de los rentistas sino de los super ejecutivos, como lo acredita Thomas Piketty en su obra El Capital en el Siglo XXI.


Este retorno del capitalismo patrimonial ahora globalizado, que se fue adaptando al movens tecnológico de los nuevos tiempos y fue mutando de capital agrícola a capital industrial, inmobiliario, tecnológico y financiero, aparece como tendencia de fondo en la presente centuria y trae consigo la exacerbación de las desigualdades en todo el orbe. Un reto fenomenal y acuciante para el sistema político que ha sido históricamente el encargado de construir los puentes de entendimiento y los diques de contención de las demandas colectivas, pero también de regular el excedente económico y redistribuir la riqueza social.


La democracia, que reconoce su principio moral en la igualdad de estima y su principio político en la libertad de elección, refleja su virtud en la obediencia erga omnes a la ley y pone a prueba su eficacia en la consecución del bien común. La política, como un medio necesario para asegurar el orden social y la convivencia civil, está urgida a erradicar la pobreza, la desigualdad y la exclusión que no solo impiden un genuino desarrollo sino que además atentan contra la propia dignidad humana.


En este tiempo de pandemia que exacerba las pulsiones primarias y los miedos atávicos de nuestras sociedades, la democracia debe asumir el desafío mayúsculo de conciliar la libertad con la justicia en el reino de un capitalismo rentístico y predatorio, y cual Atenea del nuevo siglo, acudir en auxilio de la política que, emulando al poderoso y desdichado Heracles, tiene el cometido 'imposible' de someter a Cerbero, la indómita bestia de tres cabezas que custodia el averno.


El autor es Doctor por la Universidad Complutense de Madrid, Magíster en Relaciones Internacionales y Ex Ministro de Planeamiento e Industria de La Rioja.


Publicado el 15/02/2021.