"Sin cuidados a nuestra casa común", por Alieto Aldo Guadagni


La denominada COP-25 sobre el cambio climático organizada por la ONU, concluyó en Madrid sin decisiones eficaces para abatir las emisiones contaminantes. Los 196 países participantes no lograron implementar compromisos firmes para reducir los gases de efecto invernadero. Esto es preocupante, ya que si queremos que la temperatura del planeta no suba más de 1,5 grados con respecto a los niveles preindustriales, los científicos reiteradamente nos han advertido que son necesarias acciones adicionales a las previstas en el Acuerdo de París. Ya son pocos los que dudan que el costo de no hacer nada será superior al que supone actuar, pero son las medidas concretas, y no los discursos, las que permitirán abatir las emisiones.


Desde la COP-1, realizada en 1995, ha pasado ya un cuarto de siglo sin progresos importantes; baste decir que en este período las emisiones aumentaron nada menos que un 56 por ciento. Lo más positivo de esta COP-25 ha sido la presión ejercida por la comunidad científica y por los movimientos ecologistas, con la participación de más jóvenes, que adquiere más importancia, en esta carrera contra el agravamiento climático impulsado por emisiones que siguen aumentando. Esta fue la COP más larga de la historia con un final pobre, que llevó a Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas, reconocer estar “decepcionado”.


Frente a las olas de calor que afectaron Australia, Canadá, Estados Unidos, Europa, India, Pakistán, y Japón en 2019, y ante las predicciones sobre la ocurrencia de este fenómeno en América del Sur, la Organización Panamericana de la Salud insta a los países de la región a prepararse, debido al impacto que pueden ocasionar en la salud de las personas, causando incluso la muerte .En los últimos doce meses 24 países americanos se vieron afectados por las olas de calor. Las predicciones meteorológicas para América del Sur indican que durante este verano se esperan olas de calor que pueden aumentar el malestar, reducir la disponibilidad de agua, contribuir al incremento del riesgo de incendios forestales y la pérdida de cultivos.

Como expresa Joseph Stiglitz (premio Nobel) “estamos viviendo por encima de los límites del planeta. El cambio climático es el riesgo más importante que enfrentamos y ya estamos viendo indicios de los costos”. Es posible seguir por el sendero del crecimiento económico necesario para abatir la pobreza y tambien reducir las emisiones, pero este sendero virtuoso no se podrá seguir de una manera espontánea impulsado únicamente por los mecanismos de mercado. Se requerirá una activa participación de un estado regulador, que estimule las energías limpias, la conservación y la eficiencia energética . Esto hara necesario internalizar en el sistema de precios el “costo ambiental”.


La Organización Metereológica Mundial advierte que 2019 fue el segundo o tercer año más cálido del que se tienen datos. Desde 1993, cuando comenzaron las mediciones satelitales, la subida del nivel del mar se aceleró, debido a la disminución de los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida. Las olas de calor y las inundaciones que solían producirse “una vez cada 100 años” son ahora cada vez mas frecuentes. Ciclones tropicales de una intensidad devastadora se sintieron en varios países, A menos que las emisiones caigan 7 % cada año entre 2020 y 2030, el mundo no alcanzará el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5° C por encima de los niveles preindustriales establecido en el Acuerdo de París. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) advirtió que ir más allá de 1.5° C aumentará la frecuencia e intensidad de los impactos climáticos, como las olas de calor, las tormentas y el aumento en el nivel del mar. Para limitar el calentamiento a 1.5c, las promesas nacionales de reducción de gases de efecto invernadero deberían quintuplicarse, para 2030. Tener presente que entonces el PBI mundial será 30 por ciento mayor y la población mundial aumentará casi 1.000 millones. Por estas razones era imprescindible que en esta reunión de Madrid se hubiera acordado reforzar los compromisos nacionales de reducción de las emisiones de forma drástica, ya que decarbonizar la economía exigirá grandes cambios estructurales en los patrones de producción y consumo de energía.

En Argentina no estaremos al margen de los daños ambientales generados por las emisiones contaminantes. Según el Plan Nacional de Adaptación y Mitigación del Cambio Climático, el aumento de la temperatura que se registraría en el norte del país incrementaría el riesgo de enfermedades cardíacas. Las mayores temperaturas podrían aumentar la proliferación de algas y cianobacterias que afectarían el consumo del agua y también las áreas cordilleranas dedicadas a los deportes de invierno, ya que se esperan reducciones en la cantidad y en los períodos con nieve, afectando destinos turísticos, La zona costera no estará exenta de las consecuencias del cambio climático, ya que proyecta una subida del nivel del mar, por eso será necesario preparar nuevas infraestructuras costeras....


Esta COP-25 estuvo lejos de decidir acciones efectivas para abatir las emisiones y detener el aumento de la temperatura. En una actitud dilatoria esto se postergó hasta la COP-26, a fines del 2020en Glasgow. O sea, un año más sin avances, comprometiendo así una creciente hipoteca para nuestros hijos.


Publicado por Alieto Aldo Guadagni, el 30/12/2019, en CLARÍN


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