"Vacuna contra el COVID-19: apenas un punto de partida", por Jorge Argüello



El hallazgo de una vacuna eficaz y definitiva contra el COVID-19, ahora que la pandemia afecta a más de 14 millones de personas contagiadas y se cobró la vida de más de 600 mil , se ha vuelto una razonable obsesión para el mundo entero, pero cuando eso ocurra debemos tener claro que sólo se habrá dado un primer paso.


La vacuna será apenas un punto de partida. Asegurar su acceso universal, la meta más difícil de alcanzar. El consenso global necesario sobre cómo producirla y garantizar que llegue a todos sin excepción será la medida con la que las futuras generaciones midan nuestro compromiso con la búsqueda de la igualdad.


Esta pandemia no sólo impactó sobre la salud global: desequilibró a las sociedades y devastó sus economías. Así, lograr la inmunidad generalizada forma parte de una esperanza colectiva de volver a un universo sin distanciamiento social y sin barbijos.


Los investigadores de laboratorios de todo el mundo, involucrados en casi 200 proyectos en diferente estado de desarrollo, confían en encontrar una vacuna eficaz y segura en pocos meses. A diferencia de otras pandemias en la Historia, la ciencia ofrece la posibilidad de respuestas más rápidas.


Pero cuando encontremos esa vacuna, habrá que librar otra batalla: distribuirla a una velocidad y en una escala sin precedentes. Se necesitarán de inmediato millones de dosis para cubrir la demanda global, pero el pronóstico aquí ya no es tan optimista. Lo que aparece en el horizonte es la escasez.



Gracias a la cooperación internacional en los 80, en plena Guerra Fría, se erradicó la viruela. Pero en 2009, si bien la vacuna contra el virus H1N1 se desarrolló en siete meses, lo cierto es que no todos los países tuvieron acceso a ella. Y ello implicó muchas muertes que pudieron evitarse.


Varias organizaciones, con instituciones público-privadas, trabajan ya en iniciativas de cooperación mundial para acelerar la investigación y el desarrollo, e incentivar la producción suficiente de vacunas contra el COVID-19 y garantizar su disponibilidad.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Alianza para la vacunación (GAVI) han lanzado la Covax Facility, un mecanismo para tratar de dar un acceso equitativo y gestionar la demanda de una vacuna en forma coordinada. Para lograrlo, hace falta que la mayoría de las naciones, pobres o ricas, se plieguen a esta iniciativa.


Sin un acuerdo global que administre la distribución y acceso a una vacuna contra el COVID-19, se avecinan nuevas tensiones políticas, similares o mayores a las que ya experimentamos a principios de año con los equipos médicos de emergencia y test de prueba.


Ese necesario acuerdo se inscribe en el gran Pacto de Solidaridad Global propuesto por el presidente Alberto Fernández, en la última cumbre de líderes del Grupo de los 20 (G20). Para casos como esta pandemia, el pacto comprende un Fondo Mundial de Emergencia Humanitaria que responda a la necesidad de insumos y asumiendo que el conocimiento científico y médico son un bien público global.


Desde esa misma perspectiva, según la cual el conocimiento científico y médico son un bien público global, en la próxima reunión de Sherpas del G20 de este 24 de julio la Argentina seguirá sosteniendo las iniciativas de cooperación internacional que garanticen vacunas y otros tratamientos justos, equitativos y transparentes.


Estas decisiones no pueden quedar libradas a la lógica del mercado, ni preservadas a la riqueza de individuos o naciones. Menos en tiempos urgentes de pandemia, con miles de millones de vidas en juego y en los que, como dijo el Papa Francisco, nadie se salva solo.


Jorge Argüello es Embajador de la Argentina en los Estados Unidos y Sherpa argentino en el G20.


Publicado en CLARÍN, 22/07/2020.

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