EDITORIAL EA: UN 2 DE ABRIL DIFERENTE



Como ocurrió hace 38 años, este 2 de abril nos encuentra frente a una situación que desafía la entereza y fortaleza del pueblo argentino. Esta vez no es una guerra, sino la pandemia del COVID-19, que pone a prueba los sistemas de salud del mundo, y nuestra voluntad y solidaridad para hacerle frente.


En el país, cada año, esta fecha despierta un sinfín de sentimientos encontrados. Inmensa gratitud y orgullo por los héroes que han quedado en las Islas como centinelas de nuestro territorio y por aquellos que han vuelto, por un lado.


Por el otro, el sabor amargo de que el Estado, usurpado en 1982 por una dictadura, haya recurrido a la fuerza, prohibida por el derecho internacional, para intentar dirimir la controversia de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich de Sur y los espacios marítimos circundantes que todavía hoy enfrenta al Reino Unido y a la Argentina.


No cabe duda de la responsabilidad de aquel gobierno en lo sucedido en 1982. Sin embargo, es igualmente cierto que el gobierno británico de Margaret Thatcher hizo todo lo posible para evitar una salida pacífica de la crisis. Frecuentemente se olvida que la otra parte también tiene su enorme cuota de responsabilidad, por ejemplo saboteando sistemáticamente todo intento de negociación.


El resultado del conflicto armado no puso fin a la disputa de soberanía. Aún si la Argentina hubiese salido victoriosa en el desenlace militar, tampoco hubiese cerrado la centenaria disputa territorial. Ejemplo de esto es que el 4 de noviembre de 1982, la Asamblea General adoptó la Resolución 37/9, en la que reiteraba que el modo de terminar con la situación colonial de Malvinas era la negociación bilateral para alcanzar una solución pacífica de la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido.


Hoy, nos enfrentamos a una crisis sin precedentes en la historia moderna del mundo. La pandemia del COVID-19 ha dejado en claro la importancia fundamental de la cooperación y el multilateralismo. “Nadie se salva solo”, nos recuerda el Papa Francisco.


Es esta cooperación y multilateralismo a los que la Argentina ha apelado históricamente a efectos de solucionar la disputa bilateral de soberanía con el Reino Unido.


En el pasado hemos logrado mucho en el plano regional y obtenido el apoyo de muchos grupos de países. Entre ellos, los apoyos explícitos de la Unión Africana (UA), la Organización de Estados Americanos (OEA), las Cumbres Iberoamericanas, el G77+China, las Cumbres de Países Árabes, el Grupo de Río, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), etcétera.


En los últimos años estos apoyos corrieron el riesgo de licuarse por la implementación de una estrategia carente de suficiente voluntad política para avanzar hacia lo prescripto por la comunidad internacional. Un claro ejemplo de esto fue la resolución del G77+China en 2017 respecto de la Cuestión Malvinas. En ella se eliminó el párrafo que, desde 2005 en ese grupo, dejaba sentado el perjuicio económico que la disputa y el accionar unilateral del Reino Unido generan a la Argentina, así como el apoyo a las medidas adoptadas por nuestro país para proteger sus recursos naturales.


El gobierno argentino tiene una dura tarea por delante para recomponer estos apoyos y procurar nuevos, una tarea complicada pero factible dado el nuevo orden de prioridades en la agenda política que se dio y que repone en primera línea la tarea de hacer de la Cuestión Malvinas una política de Estado.


Como explicó el presidente de la Nación ante el Congreso, al reivindicar la defensa de los derechos argentinos sobre las Malvinas, la plataforma continental, la Antártida Argentina y los recursos naturales que involucran: “No hay más lugar para colonialismos en el Siglo XXI”.


Esta frase, así como los distintos proyectos de ley que se presentarán en relación con los límites de la plataforma continental, la conformación de un Consejo asesor y el endurecimiento del control en materia pesquera, demuestran con claridad meridiana la importancia que recupera hoy la Cuestión Malvinas en la agenda exterior de la Argentina.


La Cuestión Malvinas no se reduce a la guerra de 1982, pero el conflicto armado es parte inseparable de su historia. Nuestros Veteranos de Guerra han ofrendado lo máximo que un ser humano puede ofrecer, son la memoria viva de esto.


Este 2 de abril es una fecha para recordarlos, agradecerles y homenajearlos, especialmente bajo estas circunstancias globales tan singulares y urgentes que nos toca enfrentar.


Lo dieron todo, son nuestro ejemplo.

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