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Costa Rica vota con y sin Chaves

  • Foto del escritor: Embajada Abierta
    Embajada Abierta
  • hace 4 horas
  • 5 Min. de lectura

Laselecciones presidenciales de este 1 de febrero definirán, tal vez sin necesidad de ballottage, al sucesor de Rodrigo Chaves, quien queda fuera de la contienda por mandato constitucional pero cuya figura sigue siendo determinante en el país.




Unos 3,7 millones de costarricenses acudirán a las urnas este 1 de febrero, en las elecciones que abrirán un intenso año electoral en América Latina y que, en este caso, perfilan una victoria del oficialismo que lidera el presidente Rodrigo Chaves y postula como sucesora a Laura Fernández.


Contra Laura Fernández, ex ministra de Chaves (Pueblo Soberano) compite ante una oposición fragmentada: el ultraderechista evangélico Álvaro Ramos (Liberación Nacional); la ex primera dama Claudia Dobles (Agenda Ciudadana) y el ex oficialista Ariel  Robles (Frente Amplio) lideran un abanico de 20 candidatos.


Mientras Fernández (39) obtiene en las últimas encuestas más del 40% necesario para ganar en primera vuelta y evitar una segunda el 5 de abril (la entrega del poder es el 8 de mayo), ni Ramos, ni Dobles ni Robles superan el 10%.


Casi un tercio del electorado sigue indeciso y las principales preocupaciones de los votantes son la corrupción y la ola de asesinatos que afecta al país durante los últimos años (873 homicidios en 2025, la tercera cifra registrada más alta de su historia, 16,7 por cada 100.000 habitantes), la mayoría ligada con el narcotráfico.


En el sistema electoral de Costa Rica, para evitar una segunda vuelta un candidato debe obtener al menos el 40% de los votos. Si dos candidatos superan ese umbral, entonces gana el que obtenga más votos. Si ningún candidato supera el 40%, los dos candidatos más votados pasan a ballotage.



Costa Rica abre un calendario electoral regional de 2026 en el que también Brasil (4 de octubre), Colombia (8 de marzo), Haití (30 de agosto) y Perú (12 de abril) elegirán presidentes, y en un escenario dominado por heterogéneas fuerzas y líderes de derecha, algunos extremos. 


El último de ellos, José Antonio Kast, asumirá el poder en Chile el 11 de marzo. México, Colombia, Brasil y Uruguay son gobernados por fuerzas de centroizquierda, pero colombianos y brasileños pueden y tienen posibilidades ciertas de cambiarlo hasta colorear casi completamente el mapa regional de derecha.


Reformas y conflicto



Los costarricenses votarán a presidente (sin reelección), dos vicepresidentes y 57 diputados de la Asamblea Legislativa, todos con un mandato de cuatro años. El Congreso es unicameral, formado por legisladores de siete circunscripciones elegidos por representación proporcional.


El voto en Costa Rica es obligatorio y la participación en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2022 fue del 60%.


Chaves (64), un economista centrista que sacudió el sistema político en 2022,  reformista o populista autoritario según las opiniones, deja el poder con una aprobación de 58% (CIEP UCR) tras una gestión de políticas distribucionistas, conflictos con el resto de los poderes institucionales y la prensa y  un discurso contra la violencia criminal similar al del derechista salvadoreño Nayib Bukele.


En diciembre, Chaves se enfrentó con el Tribunal Superior Electoral (TSE) pero la mayoría oficialista en la Asamblea rechazó quitarle su inmunidad como reclamaban los jueces para ser investigado por presunta violación de las normas electorales. El presidente también denunció un complot para asesinarlo, sin pruebas contundentes.


El titular del Congreso, Rodrigo Arias, dijo en 2025 que Costa Rica está “transitando por una ruta hacia un populismo autoritario”. "El Estado costarricense, en sus tres partes (poderes), tiene que sufrir una transformación profunda si queremos seguir avanzando para lograr el bienestar común", replicó Chaves.



Delito, economía y continuidad



Las denuncias de autoritarismo y restricciones democráticas opositoras contra Chaves se potenciaron recientemente con la visita que recibió de su colega derechista Bukele, cuando la candidata Fernández Delgado centra su campaña en una respuesta de “mano dura” contra el delito.


De hecho, Bukele puso junto a Chaves la primera piedra de la cárcel para presos de alta peligrosidad en Alajuela, a 20 kilómetros de la capital San José, para 5 mil detenidos y por 35 millones de dólares. Chaves elogió la mega prisión salvadoreña CECOT, blanco de denuncias de violaciones a los derechos de los reos.


"Hablar de ola derechista es descriptivamente correcto, pero analíticamente engañoso: en Sudamérica están triunfando las oposiciones, que sólo circunstancialmente son de derecha", matiza Andrés Malamud, investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa.


Su colega Yanina Welp coincide en que "centrar todo el debate público en hablar de una ola derechista, incluso de extrema derecha, y poner a todos los liderazgos en un mismo paquete, lo que hace es ocultar que hay unas demandas ciudadanas que tienen una base concreta. La criminalidad crece en América Latina y hay una tremenda insatisfacción frente al estado de cosas”.


Por ahora, a diferencia de la vecina Honduras, donde el derechista Nasry Asfura se impuso en presidenciales muy disputadas con el explícito apoyo de Donald Trump (indultó al expresidente aliado Juan Orlando Hernández, condenado por tráfico de drogas), Estados Unidos evitó pronunciarse sobre las elecciones en Costa Rica.


Sin embargo, el Departamento del Tesoro estadounidense describió al país como “un punto clave de transbordo de cocaína a nivel mundial, se ha convertido en un punto de paso cada vez más importante para las organizaciones criminales que trafican cocaína a Estados Unidos”.


En diciembre pasado, bajo el “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe que considera a América esfera de influencia exclusiva de Estados Unidos, la última versión de la Estrategia Nacional de Seguridad (NSS) se propone hacer aliados en el continente para “controlar la migración, detener el flujo de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y mar”. 


Antes, a principios de 2025, Chaves aceptó “colaborar” con Trump (como Panamá y El Salvador) y recibir a 200 migrantes de países como Afganistán, China, Ghana, India y Vietnam, deportados desde Estados Unidos, retenidos varios meses en un centro de detención de Costa Rica y liberados finalmente por la justicia local.  



En cuanto a la economía, Costa Rica cerró 2025 con un crecimiento estimado de 4,2%, un ritmo notable que según la OCDE se reducirá a 3,5% en 2026 (inflación 0,8% anual) pero por causas externas, principalmente la incertidumbre. 


A su vez, la pobreza cayó al 15,2% de los hogares en 2025, el nivel más bajo en 15 años, según la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) del instituto estatal INEC, lo que representa una reducción de 2,8 puntos porcentuales respecto del 18,0% registrado en 2024.


Politóloga y exministra de Planificación Nacional, la candidata Fernández Delgado basó su campaña y asegurar al electorado que su gobierno sería una continuidad del de Chaves, con la misma estabilidad macroeconómica y nuevas propuestas enfocadas en el empleo, la competitividad y la seguridad.


En sus propias palabras, “profundizar una visión de Estado que priorice la seguridad, la eficiencia del gasto público y la estabilidad institucional”.


 
 

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