El fin del bipartidismo británico
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Actualizado: hace 3 horas

Las elecciones locales y regionales en Reino Unido dejan un escenario político inédito: cinco fuerzas compitiendo en pie de igualdad en Inglaterra, el avance de los nacionalismos en Escocia y Gales, el laborismo del primer ministro Keir Starmer en caída libre y el fuerte ascenso del ultraderechista Reform UK de Nigel Farage.
El bipartidismo que dominó Reino Unido por más de un siglo dio una última señal de agotamiento en las elecciones locales en Inglaterra y regionales en Escocia y Gales, entre el desencanto de los votantes (31% de participación) y el debate sobre el tradicional sistema electoral de mayoría simple uninominal (first-past-the-post).
El resultado del 1 de mayo fue una debacle para el laborismo del primer ministro Keir Starmer (2024), que perdió más de 1.200 concejalías en Inglaterra, en favor del ultraderechista Reform UK, de los centristas Demócratas Liberales y del izquierdista Partido Verde, además de los conservadores liderados por Kemi Badenoch.
Ya fuera de Inglaterra, En Gales, el laborismo sufrió derrotas inéditas ante el independentista de izquierda Plaid Cymru y ante el ultraderechista y anti europeísta Reform UK, de Nigel Farage. Y en Escocia, el Partido Nacional Escocés (SNP) reafirmó su hegemonía de dos décadas.
"El partido deberá plantearse primero por qué hemos llegado a esta situación, y la cuestión del liderazgo deberá estar inevitablemente en la agenda. Pero si tiene que haber un cambio, será una transición ordenada, y no un golpe interno”, dijo el influyente diputado John McDonnell.
El gran ganador de la jornada fue el Reform UK, que ganó más de 350 concejalías y se posicionó como primera o segunda fuerza en las tres naciones no inglesas del Reino Unido (Escocia, Gales e Irlanda del Norte), algo que Farage no había logrado en su primer partido, el UKIP (1993-2019).
En Gales, los laboristas (11,1%) quedaron detrás de los nacionalistas (35,4%) del Plaid Cymru, de los ultraderechistas (29,3%) del Reform UK, de los conservadores (11%), de los Verdes (6,7%) y de los liberal demócratas (4,5%).
En Escocia, resultaron segundos (19,2%) detrás del los nacionalistas del SNP (38,2%), de Reform UK (15,8%), de los conservadores (11,8%), de los liberal demócratas (11,4%) y de los Verdes (2,3%).
En Inglaterra, el UK Reform pasó de 2 concejales a 1.245, mientras el laborismo se quedó con 774 asientos locales, después de perder 1.077, delante de los Liberal emócratas con 745 (+102), de los conservadores con 669 (-489) y de los Verdes con 390 (+272).

Según las proyecciones de Sky News, si las elecciones hubieran sido para el Parlamento británico, el partido de Farage estaría en posición de liderar un gobierno de coalición: Reform UK: 27% (284 bancas), Conservadores 20% (96), Laboristas 15% (110), Verdes 14% (13), Liberal Demócratas 14% (80), SNP 3% (36) y Plaid Cymru 1% (13). Se necesitan 326 escaños del total de 650.
El desafío de Farage, ahora, es convertir este triunfo en una consolidación de su corriente como fuerza nacional capaz de terciar en las generales de 2029, y evitar que se desinfle como pasó con el UKIP (1993-2019) desde el que motorizó el apoyo al Brexit en el referéndum de 2016, que se convirtió en la ruptura con la Unión Europea de 2020.
Desde la Europa continental, el triunfo de Farage es visto como un nuevo episodio del avance de los movimientos ultraderechistas y euroescépticos en general, después de la ruidosa derrota del húngaro Víktor Orbán.
Debacle y ascenso

Starmer llegó al poder en julio de 2024 con una victoria arrolladora -tras 14 años de gobierno del Partido Conservador- pero su luna de miel con el electorado fue breve. La incapacidad del gobierno laborista para cumplir sus promesas económicas, en especial aliviar la crisis del costo de vida, erosionó rápidamente su apoyo.
A ello se sumó el escándalo protagonizado por Peter Mandelson, el veterano laborista designado embajador ante Washington pese a su conocida relación con el financista y pedófilo Jeffrey Epstein. Mandelson fue destituido y arrestado en febrero por mala conducta en el ejercicio de sus funciones, un golpe político de primer orden para un gobierno que había prometido transparencia.
Con su índice de aprobación en picada, estas elecciones funcionaron de facto como un referéndum sobre el liderazgo de Starmer. "No me voy a ir", respondió el primer ministro ante la ola de presiones para que renunciara -las elecciones generales son en 2029-, mientras pedía a los británicos que estuvieran "a la altura de las circunstancias" frente a lo que llamó la amenaza del populismo.
Entre los posibles sucesores que empezaron a circular en los medios británicos figuran el actual Secretario de Salud, Wes Streeting; la ex viceministra Angela Rayner; y el alcalde del Gran Manchester, Andy Burnham.
Por su parte, Farage acercó esta vez al Reform UK a donde el líder nacionalista, antiinmigrante y anti europeísta ha pretendido desde que se escindió de la derecha tradicional británica: una fuerza de alcance nacional que dispute el escenario a laboristas y conservadores, además de verdes y liberal-demócratas.
Farage era percibido hasta ahora como un fenómeno esencialmente inglés, por las resistencias que levantaba en Escocia y Gales, donde apenas había podido incursionar. Reform UK rompió esa barrera: compite con el SNP en Escocia y con Plaid Cymru en Gales.
La condición de único partido con chances reales de quedar primero o segundo en las tres naciones no inglesas le ha permitido a Farage declararlo ell "único partido verdaderamente nacional" del Reino Unido.
Su ascenso también pone en evidencia las distorsiones del sistema electoral de mayoría simple uninominal, en el que sólo el más votado obtiene la banca de cada distrito. En 2025, el Reform UK obtuvo tres cuartas partes de los escaños en algunos concejos con menos de la mitad de los votos.
Ese efecto se amplifica cuando un partido supera el 30% de apoyo, momento en que el sistema de mayorías deja de ser un obstáculo y se convierte en un trampolín para un partido ascendente.
La amenaza de los tres nacionalismos

Mientras en Escocia, el SNP de John Swinney mantiene su hegemonía y su intenciones de reclamar un segundo referéndum de autonomía (perdió 55%-45% en 2014), en Gales el también independentista Plaid Cymru quedó posicionado como primera fuerza del Senedd (Parlamento galés) y con chances reales de formar gobierno por primera vez desde la devolución de poderes al país en 1999.
Si Rhun ap Iorwerth, líder de Plaid, se convierte en primer ministro galés, sería el primero no laborista en el cargo desde que existe el Senedd. Sumado al SNP en Edimburgo (Escocia) y al Sinn Féin como partido más grande en Stormont (Irlanda del Norte), los tres parlamentos de las naciones no inglesas del Reino Unido quedarían liderados por partidos nacionalistas.
En Irlanda del Norte, los nacionalistas del Sinn Fein que buscan separar a la actual provincia británica del Reino Unido y unirse a la República de Irlanda ganaron la mayoría de los escaños en 2022 y en 2024 eligieron al primer ministro por primera vez.
La primera ministra Michelle O'Neill describió los resultados de Escocia y Gales como un "momento de cambio sísmico". "No creo que pueda haber una señal más clara de que el tiempo de Westminster está llegando a su fin", dijo.
Aun así, en el caso de Gales, el partido Plaid nunca ha elaborado un programa concreto para alcanzar la independencia y según las encuestas un referéndum tiene menos aprobación que en Escocia, si bien un gobierno suyo inclinaría las políticas de autonomía respecto del poder central de Westminster.
El futuro del sistema

El momento de máxima concentración bipartidista en Reino Unido se dio en 1951, cuando 97% de los votos fueron al Partido Conservador o al Laborista. Ese duopolio lleva décadas erosionándose, pero estas elecciones marcan un punto de quiebre: por primera vez carece de sentido hablar de partidos "principales" y "minoritarios".
Hoy cinco fuerzas son competitivas en todo el territorio inglés: laboristas, conservadores, liberal-demócratas, Reform UK y Verdes, estos últimos, bajo el liderazgo de Zack Polanski, en alza sostenida y amenazando bastiones laboristas en Londres y otras grandes ciudades.
El sistema de mayoría simple uninominal que otorga la única banca del distrito al partido más votado -utilizado para las elecciones parlamentarias y para la mayoría de las elecciones locales- fue históricamente diseñado para la política bipartidista pero ahora produce distorsiones serias en el nuvo escenario de cinco fuerzas.
En las últimas elecciones generales, el Partido Laborista obtuvo 34% de los votos pero se quedó con el 63% de los escaños parlamentarios. Ahora, el debate sobre una reforma electoral cobró renovada fuerza.
Después de estos comicios, los centristas Liberal-Demócratas esperan convertirse en el segundo partido más grande -o incluso el primero- en número de concejales antes de las próximas elecciones. Reform UK y los Verdes, antes prácticamente ausentes del nivel local, tendrán ahora una presencia significativa.



