El rearme de Alemania y Japón
- hace 22 horas
- 6 Min. de lectura

Las dos potencias derrotadas en la II Guerra Mundial, forzadas desde entonces a renunciar al desarrollo de sus propias fuerzas militares, aprovechan el desorden global y sus conflictos para retomar una carrera armamentística que se vincula con el repliegue de EEUU en Occidente y los avances de China desde Oriente.
Alemania y Japón están recuperando poderío militar después de décadas en las que por su condición de potencias derrotadas de la II Guerra Mundial reprimieron el desarrollo de sus fuerzas armadas, hoy desafiadas por una combinación de hostilidades y realineamientos globales que les facilitan este giro histórico.
La guerra en Ucrania, y la actitud ante ella del principal valedor de la seguridad de Europa Occidental desde la posguerra, Estados Unidos, explica el caso alemán. La creciente tensión entre China y la isla de Taiwán, lo hace en el caso de Japón. Y la guerra en Medio Oriente termina de consolidar el cambio en los dos países.
El rearme de Alemania y Japón, que involucra miles de millones de dólares y cambios significativos entre sus poblaciones sobre el uso legítimo de la fuerza militar y la perspectiva de volver a una guerra, son un síntoma muy claro de la crisis del orden mundial que nació tras sus derrotas en 1945.
Según el reporte 2026 del reconocido instituto sueco SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute), el gasto mundial en armas alcanzó los 2887 mil millones de dólares en 2025 (+ 2,9%), y aumentó 14% en Europa y 8,1% en Asia y Oceanía. Los tres países de mayor gasto fueron EEUU, China y Rusia, 51% del total.
En ese contexto, Alemania aumentó su gasto militar 24%, hasta 114.000 millones de dólares, ocupando el cuarto lugar con "tasas de crecimiento de dos dígitos” por tercer año consecutivo hasta llegar al 3,5% del PIB, por encima del umbral del 2% B exigido por la OTAN vigente entonces (ahora es del 5%)..
Por su parte, Japón elevó su gasto en 9,7%, la proporción del PIB más alta desde 1958 con 1,4% de lo que produce en un año. "Los principales países con alto gasto militar en la región Asia-Pacífico (incluye China) están destinando cada vez más recursos al desarrollo de capacidades militares avanzadas", según el SIPRI.
El Zeitenwende alemán

Los 29 miembros europeos de la alianza militar OTAN -a la que Donald Trump pasó de exigir más aportes en 2018 a cuestionar directamente su existencia en 2026y amenazar con retirar a EEUU- gastaron 559 mil millones de dólares en 2025.
Alemania, muy crítica de la guerra lanzada por EEUU contra Irán, fue justamente el mayor gastador militar del grupo europeo aliancista, con un salto en su gasto del 24%, hasta los 114 mil millones de dólares. Su aporte superó el umbral del 2% por primera vez desde 1990, hasta 2,3% del PIB en 2025.
Ahora sabemos que, adicionalmente, Berlín incrementará su gasto nacional en defensa en 2027, con inversiones récord, según el proyecto de presupuesto presentado este año, que incluirá 27.500 millones de euros del fondo para el rearme de las Fuerzas Armadas creado en 2025 y sumarán 133.300 millones.
Debido al aumento del gasto impulsado por el gobierno de Friedrich Merz, el presupuesto de Defensa alemán igualará a los de Reino Unido y Francia a finales de esta década y ya está comenzando a alterar el equilibrio de poder en Europa.
Alemania tiene prohibido constitucionalmente enviar misiones armadas al extranjero sin la aprobación del Parlamento y un mandato internacional -en la práctica, de la OTAN, la UE o la ONU- y alberga armas nucleares estadounidenses en su territorio.
“Mi objetivo es que podamos defendernos de la agresión rusa, que Europa y Alemania tengan capacidad de disuasión y de defensa, y eso es precisamente lo que garantizamos con estos techos de gasto y con la planificación financiera» hasta 2030, explicó el ministro de Finanzas, Lars Klingbeil.
El ministro de Defensa, Boris Pistorius, aspira a formar el ejército más fuerte de Europa y a modernizar el equipamiento que había quedado obsoleto desde el fin de la Guerra Fría y la Reunificación alemana en 1990, además de aumentar el número de soldados activos hasta los 260.000 para 2035, desde los 185.000 actuales.
Ya la invasión de Ucrania por Rusia en 2022 llevó al entonces primer ministro socialdemócrata Olaf Scholz a proclamar la “Zeitenwende”, un cambio de era, a su actual sucesor, el conservador Friedrich Merz, a romper el tabú del endeudamiento alemán para aumentar el gasto militar.
Entretanto, Alemania se ha convertido en el principal aliado de Ucrania, no solo económicamente, sino también en lo puramente militar, con ayuda que incluye suministros de equipamiento y armamento procedentes de los arsenales de la Bundeswehr, como vehículos de defensa antiaérea, de artillería y de combate, transportes blindados, armas y munición.
Este rearme se da en un contexto histórico conflictivo, en el que a las críticas de Merz por la guerra en Irán, el presidente Trump respondió anunciando la retirada de 5.000 soldados estadounidenses de sus bases en Alemania, donde tiene estacionados a más de 36.000 militares de forma permanente.
Cuando han pasado ocho décadas desde la derrota del régimen nazi, tiempo en el cual la guerra fue un trauma nacional aun con la Alemania dividida hasta 1991, ahora dos tercios de los alemanes se pronuncian a favor de gastar más en defensa, aunque la mayoría de los jóvenes se resisten al nuevo servicio militar optativo creado por el gobierno de Merz y vigente desde enero con un primer censo.
Liana Fix, historiadora alemana residente en Washington, describe el cambio en la defensa de su país como "un momento histórico trascendental, comparable a la reunificación", y añade: "Se avecina algo nuevo y no sabemos exactamente qué".
Un Japón fuerte

El acceso al poder de la nacionalista Takaichi Sanae, primero elegida por el mayoritario Partido Liberal y después confirmada con un arrollador triunfo en las urnas, ha puesto a su país, víctima de las primeras bombas atómicas, en 1945, en la senda del rearme bajo la consigna “Por un Japón fuerte y próspero”.
Restringido constitucionalmente desde la II Guerra Mundial, Japón adhirió durante décadas a una política de seguridad pacifista y técnicamente no tiene Fuerzas Armadas (aunque sus Fuerzas de Autodefensa son más formidables que muchos ejércitos extranjeros). Hasta abril pasado,el gobierno había prohibido la exportación de armamento letal.
Japón ha dependido casi por completo de EEUU como garante de su seguridad y como proveedor de equipo militar. Pero ahora, política y culturalmente, Japón se está realineando en torno a una visión de defensa muy diferente, una más acorde con las políticas industriales y los desafíos de seguridad actuales.
Japón está en su cuarto cinco años de aumento hasta duplicar el presupuesto de defensa nacional, de 35 mil millones de dólares en 2022 a 60 mil millones en 2027. En términos absolutos, Japón es ahora el noveno mayor gastador militar del mundo. Es ahora, el noveno país que más gasta en defensa en el mundo.
El estigma japonés sobre la producción de defensa, según Foreign Affairs, ha sido eclipsado por la preocupación por la agresión china y el temor de que el orden mundial basado en reglas se esté quebrando. “Tras décadas de asociación con el militarismo pasado del país, la industria de defensa japonesa está renaciendo”.
La Agencia de Adquisiciones, Tecnología y Logística del Ministerio de Defensa desarrollan un avión caza de sexta generación con Italia y el Reino Unido. El titán de la industria de defensa nipona, Mitsubishi Heavy Industries, está en proceso de construir un nuevo vehículo de planeo hipersónico, efectivamente el primer misil balístico del país. La compañía también está construyendo 11 buques de guerra clase Mogami ordenados por Australia en una venta única en su tipo para Tokio.
Este renacimiento de la defensa japonesa puede representar una fuente de armas nueva para las potencias medias, que sin poner en riesgo los vetos de EEUU obtengan un nuevo proveedor de armas confiable para reducir los tiempos de espera, un interés que ya han mostrado Filipinas, Indonesia, Malasia y Vietnam.
Escudo del Sur

Ahora, con la mente puesta en un eventual conflicto en el Mar de China Meridional, Japón está gastando más en plataformas no tripuladas más baratas y de producción masiva, la capacidad de mantener las armas operativas en un conflicto prolongado y sistemas de armas que pueden atacar a los adversarios desde distancias seguras.
A finales de marzo, Japón desplegó misiles de largo alcance en la costa sudoeste de la isla, que a diferencia de los que ya tenía pueden alcanzar el territorio de China, ya clasificada desde 2019 como la principal amenaza para la seguridad nacional de Japón, por encima de Corea del Norte y Rusia.
Para explicar ese “Escudo del Sur” en las islas que dividen el Mar de China Oriental del Mar de Filipinas, destino de gran parte del presupuesto récord de defensa de 58 mil millones de dólares para 2026, el ministro Shinjiro Koizumi dijo: "Japón se enfrenta al entorno de seguridad más grave y complejo de la posguerra" y que el país debe fortalecer su "disuasión y capacidad de respuesta".
En 2014, un fallo constitucional concluyó que Japón podía participar con sus fuerzas en la "autodefensa colectiva" de sus aliados, en una de las tantas reinterpretaciones de las limitaciones constitucionales impuestas por EEUU después de 1945, en lo que se consideró el “fin del pacifismo” japonés.
En 2022, la estrategia de seguridad nacional de Japón se amplió para incluir "capacidades de contraataque", lo que significa que puede contraatacar si es atacado. Por eso, Japón adquirirá 400 misiles Tomahawk de fabricación estadounidense, que pueden lanzarse desde submarinos y buques navales.



