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Las lecciones de Hungría

  • hace 1 hora
  • 6 Min. de lectura


La caída de Víktor Orbán tras 16 años en el poder en Hungría es un ruidoso revés de la "internacional reaccionaria" pero está lejos de anunciar un repliegue definitivo de las nuevas derechas: la economía jugó un papel decisivo y su sucesor, Péter Magyar, es un conservador.


Los húngaros pusieron fin a una década y media del régimen “iliberal” de Viktor Orbán (2010-2026) pero las nuevas derechas mantienen su vigor en Europa, aunque la internacional reaccionaria deba tomar nota del peso de la economía en los votantes.


Orbán (62, Fidesz), un “topo” dentro de la Unión Europea (UE) que le bloqueó sanciones a Rusia por la invasión de Ucrania, da paso al conservador Péter Magyar (45, Tisza), exmilitante oficialista que ganó (53%) con un mensaje europeísta y de tolerancia, pero estricto en inmigración.


Tisza (2024) se aseguró la mayoría del Parlamento húngaro (138 bancas, contra 55 de Fidesz) que le permitirá empezar a desmontar la red fiel de organismos con las que Orbán controló los resortes políticos y económicos del Estado, incluyendo Poder Judicial y medios de comunicación.


La derrota de Orbán deja a la "internacional reaccionaria" sin uno de los referentes más apreciados de su “batalla cultural”, libera a la UE de trabas frente a Rusia en el conflicto de Ucrania y jaquea la relación de las derechas con EEUU, que puso en juego -sin éxito- el apoyo personal del vicepresidente James D. Vance a Orbán.


Finalmente, reivindica el poder electoral del bolsillo incluso en sociedades polarizadas por valores políticos o culturales: el régimen político de Orban se correspondió con una gestión económica hundió al país en la crisis y terminó alienando el apoyo de sus propios seguidores.


El recambio moderado



Magyar, cuyo apellido significa “húngaro”, reunió a un amplio espectro de votantes y de fuerzas opositoras (que habían fracasado en 2022, sin su apoyo) detrás de una consigna eficiente para el malestar político, social y económico con Orbán.


“El régimen cayó y el pueblo húngaro votó por un cambio de sistema. Ese es el quid de la cuestión. Empecemos por ahí” dijo tras ganar en unas elecciones con participación récord (80%) en un país de 9,5 millones de habitantes.


Ese régimen nació en 2010, cuando Fidesz obtuvo una mayoría de dos tercios en el Parlamento, lo que le otorgó el poder de modificar la Constitución para parecerse a lo que él mismo definió como "Estado iliberal", en contraste con las democracias liberales occidentales y más en línea con los sistemas políticos de Rusia y de China.


El nuevo líder húngaro nació y se educó en una familia de la elite conservadora y católica del lado este del río Danubio, que dio al país jueces y hasta un presidente, su tío abuelo y padrino Ferenc Madl (2000-2005), quien tuvo como primer ministro a Orbán en una época en la que Magyar militaba en las juventudes de Fidesz.


Tras formar parte de la burocracia del régimen que acabó desplazando, en un banco estatal y como diplomático en Bruselas, casado además con una ministra y potencial sucesora de Orbán, Judit Varga (divorciados en 2023), 


Recién en 2024, Magyar usó el sello preexistente de Tisza y sorprendió sacando 30% en las elecciones al Parlamento Europeo. "Soy diferente en muchos sentidos y no voy a ser un "Viktor Orbán 2", dijo ahor, y garantizó la libertad de reunión y el respeto a la comunidad LGBTI.


“Un país en el que la gente pueda confiar en su gobierno”, prometió a los húngaros  esta semana. “Un país en el que no se castigue a nadie por pensar distinto que la mayoría, por amar a alguien de forma diferente que la mayoría”, lo contrario del discurso MAGA que agitó el católico Vance al apoyar a Orbán en Budapest.


Es la economía, húngaros



Como ex república soviética independizada en 1991 e incorporada a la UE en 2004, Hungría aventajaba por ejemplo a Polonia en la carrera de la apertura y reformas capitalistas atrayendo más inversiones y mejorando sus mercados. 


Ahora, el PIB per cápita de Polonia supera los 18.000 dólares de renta y el de Hungría cayó a 16.500 euros, mientras otros países beneficiados a principios de siglo por la ampliación de la UE superan los 20.000 euros, como República Checa.


Su economía pagó el costo del andamiaje político “iliberal” de Orbán y su corrupción institucional y cayó con Bulgaria al fondo del ránking comunitario con un crecimiento de sólo 0,4% en 2025, el desempleo más alto en una década, 14% de pobreza y elevada inflación, cuando al ser reelecto en 2022 había prometido una “época dorada”.


El régimen favoreció a empresas -muchas de familias y amigos- que aceptaban los términos de Orbán para ser beneficiadas en licitaciones públicas, como lsa del yerno de Orbán, Istvan Tiborcz, ahora un magnate inmobiliario. También destinó muchos fondos de desarrollo a sus propios partidarios.


El esquema comenzó a resquebrajarse en 2022, cuando por su decisión de aliarse con Vladimir Putin en la invasión rusa de Ucrania y bloquear una veintena de veces las sanciones de la UE a Moscú y las ayudas a Kiev con su poder de veto, Bruselas replicó congelando fondos a Hungría por corrupción en contrataciones públicas.


Magyar ofrece a la UE eliminar el veto húngaro a un préstamo europeo de 90.000 millones de euros Ucrania, aunque aclaró que Hungría no contribuirá directamente y tampoco apoya el envío de tropas magiares a la guerra.


Pero el Parlamento húngaro quedó en mano de dos grandes grupos de liderazgo conservador, más un tercero minoritario de extrema derecha, Nuestra Patria, a los que Magyar deberá convencer de tomar medidas para reducir un déficit del 4,7 % y una deuda de 75% del PIB.



Europa: no tan rápido



La Comisión Europea aclaró que Magyar y Hungría deberán tomarse tiempo y desarmar el régimen de Orbán, antes acceder a unos 17.000 millones de euros en fondos de cohesión y de recuperación bloqueados por la UE por medidas de Orbán que afectaron la independencia de los jueces y afectaron a derechos de colectivos vulnerables, como la infancia y el colectivo LGTBI.


“Hemos escuchado atentamente las primeras palabras del primer ministro electo y confiamos en que ocurrirán muchas cosas, en cuanto a lo que necesita hacerse para desbloquear los fondos, pero, por supuesto, ahora necesitamos ver resultados concretos”, avisó Bruselas.


Magyar prometió integrarse a la Fiscalía Europea (que investiga delitos financieros que complicaba a Orbán), restaurar la independencia judicial y alinearse con la OTAN que integra el país, pero la presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, insistió: “Queda mucho trabajo por hacer”.


En su primer discurso, el primer ministro electo dio fe de que cumpliría su promesa de alejarse por igual de Moscú y del EEUU de Donald Trump que apoyó a Orbán:  “Queremos un país que no sea vasallo de nadie”, mientras los manifestantes en las calles voceaban “¡Russki (rusos), váyanse!”, como en la invasión soviética de 1956.


Atención, derechas



Según el politólogo Pablo Stefanoni, uno de los primeros estudiosos de las nuevas derechas, si bien las extremas derechas no debieran ser pensadas en términos de “una ola imparable que se lleva todo”, el caso de Hungría muestra también dificultades para el progresismo.


La concentración del voto en Magyar, al cabo un ex Fidesz, sacó del poder a Orbán pero los liberales, socialistas y verdes perdieron sus 45 diputados y el Parlamento actual va del centroderecha a la extrema derecha. 


Esto supone que las nuevas derechas “son parte de los campos políticos occidentales y van a ganar y perder: inciden en el sentido común, tienen problemas para pasar de la protesta al gobierno, sus contrarrevoluciones culturales son contestadas” y ninguna "batalla cultural" garantiza una hegemonía infinita. Ni siquiera bajo el "autoritarismo competitivo" que prefiguró Orbán.


Las extremas derechas, explica Stefanoni, crecen en países claves como Alemania y Francia, pero se alejan del EEUU de Trump, como la italiana Giorgia Meloni ante  las críticas del presidente al papa León XIV sobre la guerra en Irán.


Ello no quiere decir que Magyar, tan distante de Washington como de Moscú, abandone el consenso húngaro sobre políticas duras de inmigración, pese a que el porcentaje de inmigrantes en Hungría es de los más bajos de la UE (6% de la población y la mayoría de países vecinos como Ucrania, Rumania y Serbia.


Sólo que Hungría es un ejemplo de cómo la pertenencia a la UE puede resultar una fuerza que contrarreste otros intentos autocráticos, en tanto pongan el riesgo la red de fondos comunitarios que los condiciona para salir progresivamente del subdesarrollo.


En ese sentido, resultaron movilizantes pero finalmente inútiles las visitas y los apoyos de líderes derechistas como el israelí Benjamín Netanyahu, el argentino Javier Milei o el español Santiago Abascal.


En EEUU, en particular, la derrota de Orbán tuvo un doble impacto: el costo de un apoyo inédito -tanto como la intervención en asuntos internos de otro país- pero inútil a diferencia de los ofrecidos en Argentina o Costa Rica. Y el desgaste de Vance, como figura del ala más "pura" del movimiento MAGA y potencial sucesor de Trump.

 
 

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