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IA: ¿utopía o distopía?

  • hace 2 días
  • 8 Min. de lectura

Actualizado: hace 13 minutos


La vertiginosa transformación que imprime la inteligencia artificial al mundo del trabajo merece pronósticos optimistas y catastrofistas por igual, pero entre ambos extremos aparecen matices que invitan a mantener calma y la mente abierta, a la luz  también de las persistentes desigualdades globales. 


La Inteligencia Artificial Generativa (IAG), capaz de crear imágenes o textos para todo tipo de industrias, podría transformar los empleos e impulsar la productividad en América Latina, pero las brechas en la infraestructura digital obstaculizan sus beneficios potenciales, según un estudio de la OIT y el Banco Mundial.


Hasta la mitad de los empleos en la región cuya productividad podría mejorar con la IAG, unos 17 millones, también se ven obstaculizados por esas brechas en el acceso digital y en la infraestructura.


¿La brecha digital es un amortiguador o un cuello de botella?”, se pregunta el trabajo. Aunque entre 26% y 38% de los empleos de la región podrían verse influidos por la IAG, es más probable que la tecnología aumente y transforme los puestos de trabajo en lugar de automatizarlos por completo.


Entre 8% y 14% de los empleos -dice- podrían ver mejorada su productividad por la IAG, mientras que solo entre 2% y 5% corren el riesgo de automatización total.


En 2023, Goldman Sachs estimó que unos 300 millones de empleos en el mundo están "expuestos" a la IA generativa como una predicción de que la IA los eliminará. Y el Panorama del Empleo de 2023 de la OCDE del mismo año estimó que una cuarta parte de los empleos en las economías avanzadas están muy expuestos a la automatización impulsada por la IA. 


Pero, según la economista Natasha Sarin, “simplemente no hay evidencia en los datos” sobre un desplazamiento significativo del mercado laboral. El desempleo juvenil tiende a ser un indicador principal de las recesiones económicas, incluso antes de la IA, y “las líneas se ven igual” en investigaciones de Yale y Brookings.


“No encontramos diferencias en el empleo en los últimos años en las ocupaciones más expuestas a la IA y las menos expuestas”, dice Sarin. En cambio, en el propio sector tecnológico, febrero terminó con la emblemática tecno-financiera Block, cuyo CEO Jack Dorsey fue cofundador de Twitter, despidiendo a 4.000 de sus 8.000 empleados. La IA permite “equipos más pequeños”, argumentó.


Otro informe, The Budget Lab at Yale, analizó los efectos de la IA generativa desde noviembre de 2022 en el mercado laboral de EEUU, el de mayor datos disponibles. Concluyó que, aunque el mix de ocupaciones ha cambiado algo más rápido que en periodos anteriores de disrupción tecnológica, no se ha observado un impacto discernible de reducción del empleo o aumento del desempleo atribuible a la IA. 


Tampoco se detectó cambios importantes en la proporción de trabajadores en ocupaciones con “alta exposición teórica” a la IA. Los autores advierten que los datos disponibles son limitados, que los efectos podrían manifestarse a medio‑largo plazo, y que por ahora el panorama sugiere estabilidad más que crisis.


A la lista de evaluaciones de un futuro inquietante se sumó nada menos que la corporación Anthropic -en el ojo de la tormenta mediática por su gran disputa sobre datos con el Pentágono- con su informe Labor Market Impacts of AI: A New Measure and Early Evidence, publicado en marzo.


Los datos finos los encontrarán aquí, pero en resumen dice que “la IA no viene por los camareros ni los albañiles, sino por los analistas financieros, los programadores y las gestoras administrativas. La automatización del Siglo XXI tiene un sesgo de clase y de género que invierte el de la anterior, porque por primera vez la revolución industrial afecta al trabajo intelectual y no tanto al manual”.


Pero, como suele decirse, el futuro ya llegó. Víctor Storchan, ingeniero en machine learning y jefe de IA en Morgan Chase, describió a su modo el ritmo de los avances de los que somos testigos en el terreno de la inteligencia artificial.


En 2022, la IA no era capaz de realizar cálculos aritméticos básicos de forma fiable. Habría afirmado con certeza que 7 × 8 = 56.


En 2023, era capaz de aprobar el examen de acceso a la abogacía.


En 2024, podía escribir software funcional y explicar conceptos científicos de nivel universitario.


A finales de 2025, algunos de los mejores ingenieros del mundo declararon que habían confiado la mayor parte de su trabajo de codificación a la IA.


El 5 de febrero de 2026 llegaron nuevos modelos, dando la impresión de que todo lo que les había precedido pertenecía a otra época.


“Si no has probado la IA en los últimos meses, lo que existe hoy en día te resultaría irreconocible”, ironiza Storchan.


Para mejor o para peor


Según el tecnólogo Andy Kessler, tanto el entusiasmo por la IA como la reacción violenta ante la hipótesis de que la IA que mata empleos están provocando histeria pública (recuerda el movimiento de 1812, cuando los “luditas” tomaron martillos para destruir máquinas de tejer por miedo a perder sus trabajos. 


Kessler describe un primer escenario histérico de utopía y menciona a Dario Amodei, de Anthropic, cuando sugiere que "estamos cerca del final de la exponencial" y próximos a un "país de genios en un centro de datos", en un contexto de desempleo masivo en el que recomienda sentarse a dejarse llevar en casa por los videojuegos porque la propia economía proveerá sustento a todos.


El segundo escenario al que alude, el de la distopía, se vincula con la descripción de cómo "oligarcas tecnofascistas" al estilo Elon Musk convierten a los actuales trabajadores en “mascotas bien cuidadas" que likean en redes, bajo un nuevo orden mundial de "neofeudalismo totalmente automatizado", en el que las personas son siervos entre vehículos autónomos, policías robot y terminators.


Hay otros pronósticos, igualmente inquietantes. Mustafa Suleyman, CEO de Microsoft AI, estimó sobre "el trabajo de oficina, donde uno está sentado frente a una computadora, ya sea como abogado, contador, gerente de proyecto o empleado de marketing: la mayoría de esas tareas serán completamente automatizadas por una IA en los próximos 12 a 18 meses". 


Pero Suleyman dijo tareas, no empleos. ¿Marcará la IA el comienzo de una nueva era de productividad? ¿O la mitad de todos los trabajos básicos habrán de  y el desempleo en economías como la de EEUU llegar al 20%?.

“Ninguno de los dos escenarios ocurrirá, al menos no en este siglo. Queda demasiado por hacer”, según Kessler. 


La realidad será un tercer escenario: obsolescencia y crecimiento a ritmo. La productividad siempre es positiva para la sociedad, pero no cambia las cosas de la noche a la mañana. Como el concepto de destrucción creativa introducido por Joseph Schumpeter, la nueva tecnología comienza en lo más alto, donde es económicamente factible (IA para codificación y servicio al cliente hoy) y luego desciende a lo largo de décadas, filtrándose en la economía sector por sector”.


Sarin coincide: “Esta revolución podría reducir la necesidad de mano de obra en general. Quizás el mundo cambie hacia alguna versión de la semana laboral de 15 horas que predijo John Maynard Keynes. Más probablemente, surjan nuevos empleos, como en el pasado, y compensarán los menos necesarios en un mundo donde todos tenemos laptops y sin mecanógrafos. Habrá ganadores y perdedores.


Llevado al campo real, el de la economía de EEUU, según Daniel Keum, profesor de la Columbia Business School que estudia la IA en los lugares de trabajo, la IA está provocando una caída en la demanda de trabajadores de “cuello blanco”, consecuencia de un "shock tecnológico" con dos partes distintas.


La primera ya está aquí: la IA está reemplazando la mano de obra de cuello blanco, no aumentándola, al menos en EEUU, porque baja costos despidiendo personas. La segunda es que la IA crea un shock positivo en el lado de los ingresos, porque ayuda a las empresas a generar nuevos productos, servicios y, por lo tanto, nuevos empleos, aunque esa dinámica podría tardar años. 


Planificar o no



Según el economista Stephen Lewarne, al menos en EEUU se planifica mal la disrupción laboral de la IA, porque si la inteligencia artificial asume algunas de nuestras tareas, eso no significa que nos deje directamente sin empleo.

“Los políticos se están preparando para un impacto laboral por Ia Al que es poco probable que llegue, y por lo tanto el gobierno corre el riesgo de gastar miles de millones de dólares preparándose para el problema equivocado”, dice Lewarne. 


La historia sugiere el enfoque opuesto, opina: es probable que la IA aumente la productividad y los salarios de muchos de estos roles mucho antes de que los elimine. La automatización de tareas típicamente reorganiza el trabajo mucho antes de que destruya empleos, si es que lo hace. 

Este enfoque invita a distinguir la revalorización de tareas de la destrucción de empleos. Cuando la tecnología reduce el costo de realizar tareas específicas al aliviar parte de la carga, las empresas reorganizan la producción. Los trabajadores se especializan de manera diferente. La demanda se expande de maneras que las clasificaciones basadas en tareas no capturan.


Así, el error estaría en centrarse en las tecnologías en tareas en lugar de en resultados del mercado laboral. La OCDE y Goldman Sachs (ver arriba) advierten que la "exposición" de los trabajos y ocupaciones a la IA describen la susceptibilidad de las tareas a cambiar, no involucra pronósticos sobre la pérdida de ese empleo.

“¿A ver quién me resuelve esto? -desafió Lewarne con mentalidad de economista-: con alto desempleo, ¿quién va a comprar todas las cosas que la productividad mejorada por la IA promete para la economía? No habrá crecimiento. ¿A quién le van a vender? ¿A los influencers? Es contraproducente”.


¿Puede la IA aumentar la creatividad de los trabajadores? Según uno de los primeros estudios disponibles, no lo hace automáticamente, porque su impacto depende de la metacognición de los empleados que es la capacidad de planificar, supervisar y evaluar su propio pensamiento. 


Si tal metacognición es buena, los trabajadores pueden usan la IA para ampliar su conocimiento y liberar recursos mentales -por ejemplo, delegando tareas rutinarias o explorando múltiples perspectivas-, lo que se traduce en ideas más novedosas y útiles. Si no, aceptan la primera respuesta de la IA sin cuestionarla.


Capital y trabajo


Eso no quita una realidad incontrastable de la economía actual atravesada por la tecnología y la IA, según el comentarista del Wall Street Journal Gregg Ip: sus premios se destinan desproporcionadamente al capital en lugar de al trabajo


Así, mientras se reporta un aumento de los despidos y las ofertas de empleo caen en picada en EEUU, especialmente para los profesionales expuestos a la IA, el índice Dow Jones Industrial Average cierra en niveles récord.


En 1980, el trabajo recibió 58% de los ingresos totales del PIB en EEUU. Para el tercer trimestre de 2025, esa cifra había caído al 51,4%. La participación de las ganancias, mientras tanto, aumentó del 7% al 11,7%.


En 1980, el 66% del valor añadido en las fábricas se destinaba al trabajo (salarios y beneficios), según Pascual Restrepo (Yale). Para la década de 2000, esa cifra se había reducido al 45%. La productividad aumentó y los consumidores tuvieron productos más baratos, pero muchos empleos fabriles fueron peor pagados.


Ahora, "la IA no es un sustituto de trabajos humanos específicos, sino más bien un sustituto laboral general para los humanos", razonó Dario Amodei, CEO del principal fabricante de modelos de IA Anthropic. 


"Eso podría llevar a un mundo donde no se trata tanto de que desaparezcan trabajos específicos, sino de que las grandes empresas desaparezcan en general y sean reemplazadas por nuevas empresas mucho menos intensivas en mano de obra".


Para Restrepo, a medida que las empresas integren la IA en sus operaciones, una parte cada vez menor de sus ingresos se destinará a la mano de obra, como sucedió con las fábricas en décadas pasadas. Y, así como los salarios de los trabajadores manuales sufrieron como resultado, también lo harán los de los trabajadores de “cuello blanco” desplazados por la IA.


Habrá ganadores, dijo Restrepo: trabajadores cuyos trabajos requieren habilidades sociales, proximidad o trabajo manual, y consumidores, que obtienen productos y servicios más baratos. ¿Los mayores ganadores de todos? Los accionistas. 


Como consuelo, el analista John Müller nos recuerda que los trabajadores que han acumulado experiencia vital –años de trabajo, fracasos, crisis económicas, cambios políticos– poseen un capital que no está íntegramente codificado en datos de IA. 


“La experiencia directa o el haber aprendido de un humano (maestro, mentor) permite discernir matices, detectar incoherencias, interpretar contextos históricos. En cambio, las generaciones más jóvenes corren el riesgo de obtener gran parte de su aprendizaje en relatos vicarios, desvinculados de la experiencia real”.


Y como dice Sarin, “si la historia sirve de guía, el progreso tecnológico, incluso de una tecnología realmente revolucionaria, que cambia la vida y es universalmente adoptada, puede cambiar la forma en que trabajamos, pero no el hecho de que trabajemos.




 
 

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