El desorden (alimentario) mundial
- hace 3 horas
- 5 Min. de lectura

El conflicto en Medio Oriente ha interrumpido bruscamente y durante tres meses las cadenas de suministro de fertilizantes y de producción de alimentos de los que dependen millones de personas ya víctimas de una crisis global que está lejos de resolverse y que se ensaña con los países más dependientes.
La inseguridad alimentaria mundial, agravada desde hace años por conflictos bélicos y tensiones comerciales, sumó con la guerra en Medio Oriente una última amenaza para millones de personas, en especial en países de bajos ingresos, según la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
"El conflicto plantea riesgos adicionales para la seguridad económica y alimentaria mundial. Las interrupciones en las exportaciones de petróleo, gas y fertilizantes ya han provocado fuertes aumentos de precios", evaluó FAO.
El mundo produce unas 11.000 millones de toneladas de alimentos anuales y la actividad constituye una columna vertebral de muchas economías, aunque en 2025 los sistemas agroalimentarios no conseguían evitar el hambre al 10% del planeta.
El Golfo Pérsico, además de crudo y de gas, es uno de los mayores centros de producción de fertilizantes, como la urea, y cerca del 30% del comercio mundial de estos productos transitan por el estrecho de Ormuz. Su bloqueo ha impactado en el agro de Asia, África y Medio Oriente.
"Una menor producción agrícola podría desencadenar efectos en cadena en los productos alimenticios básicos, donde la escasez de granos impulsa aún más la inflación de los precios de los alimentos y agrava el hambre en países de bajos ingresos dependientes de las importaciones", según el informe.
La FAO advirtió en particular que los agricultores en América Latina, que ya enfrentaban condiciones de mercado difíciles con bajos precios tendrían que optar por reducir el uso de fertilizantes más caros y bajar sus rendimientos. Brasil, por ejemplo, recibe un quinto de sus fertilizantes desde el Golfo Pérsico para mantenerse como líder global en la exportación de soja, maíz y azúcar.
Según la UNCTAD, Sudán importaba el 54% de sus fertilizantes por mar desde la región del Golfo en 2024, la proporción más alta del mundo. Sri Lanka compraba el l 36%, Tanzania el 31%, Somalia el 30%, y detrás Kenia y Mozambique.
Sudán es un caso extremo del impacto de los conflictos en la inseguridad alimentaria. Después de tres años de guerra civil, el país sufre condiciones de hambruna, agudas para 19 millones de personas, más del 40% de la población. En la vecina Sudán del Sur, 56% de la población (7,8 millones) sufría igualmente.
Las reservas de China

En términos de escala, no existe en ningún otro momento de la historia de la humanidad otra reserva estratégica de alimentos que se acerque al tamaño de la reserva de China, según Geopolitical Economy.
Sólo en lo que respecta a los cereales, en 2024 la reserva estratégica ascendía a 700 millones de toneladas métricas, lo cual es suficiente para alimentar a la población nacional de más de 1.400 millones de habitantes durante un año.
Con semejantes reservas, China puede garantizar que, cuando se produzcan crisis como la de transporte de petróleo, gas y fertilizantes provovocada en Medio Oriente, su población evitará el hambre en lo inmediato.
Las reservas de cereales son uno de los elementos que han permitido al sistema político y económico chino anticiparse y prepararse para la crisis de Ormuz.
China también cuenta con una gran reserva de fertilizantes.
Es el segundo mayor exportador de fertilizantes del mundo y sus mayores productores son las empresas estatales Sinochem y la Corporación Nacional China de Medios de Producción Agrícola.
Una de las prioridades del 14º plan quinquenal (de 2021 a 2025) era convertirse en líder en la modernización agrícola.
The Economist reconoce que China se ha convertido en el país líder en ciencias agrícolas.
China utiliza la tecnología de drones más que ningún otro país, con más de 300.000 dispositivos agrícolas -más de la mitad del total mundial- para permitir el transporte, la fertilización y la siembra eficientes de los cultivos.
Los retos

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU (WPF, World Food Programme) estimaba en 2023, antes de la guerra comercial y del conflicto en Medio Oriente, que las cadenas agroindustriales ya enfrentaban múltiples retos.
Entre ellos citaba producir más alimentos para alimentar a una población creciente con una mano de obra rural más reducida, más materias primas para un mercado de bioenergía creciente, contribuir al desarrollo general de los numerosos países en desarrollo que dependen de la agricultura, adoptar métodos de producción más eficientes y sostenibles y adaptarse al cambio climático.
La población mundial crecerá ́más de un tercio -unas 2.300 millones de personas- hasta 2050. Según la FAO, para 2050 será necesario producir un 60 % más de alimentos para alimentar a una población mundial de 9.300l millones de personas, una demanda adicional atribuida al crecimiento de la población y al aumento en la demanda de alimentos ricos en proteínas.
En un trabajo para el CARI, Mariano Turzi explica que la geopolítica de los alimentos se encuentra en un momento de gran aceleración y creciente magnitud, influenciada por ocho drivers interrelacionados, que están redefiniendo el panorama global de la producción, distribución y consumo de alimentos.
Turzi enumera esos vectores principales, que emergen como fuerzas motrices en el escenario mundial:

1) el impacto persistente del conflicto en Ucrania, que ha alterado significativamente los flujos comerciales de granos, al cual deberíamos agregar el más inmediato de la guerra en Medio Oriente que bloqueó el Estrecho de Ormuz.
2) los efectos cada vez más pronunciados del cambio climático en la agricultura mundial. Sin ir más lejos, este año se presenta con la posibilidad cierta de un Fenómeno El Niñointenso, beneficioso para unos países, dañino para otros.
3) las tensiones comerciales entre grandes potencias, que reconfiguran los mercados agrícolas. “La excesiva dependencia de mercados internacionales concentrados de alimentos básicos pone a muchos países en una situación de mayor riesgo. Sobre todo cuando EEUU es tan imprevisible”, evalúa IPES Food.
4) la creciente brecha tecnológica en la agricultura entre países desarrollados y en desarrollo. El avance de la IA para la producción de alimentos (de semillas a pesticidas), que consume enormes cantidades de energía y de agua, cambia las reglas del juego al consolidar una agricultura cada vez más vinculada a plataformas privadas, infraestructuras digitales costosas y sistemas de decisión algorítimicos.
5) los esfuerzos renovados por alcanzar la seguridad alimentaria nacional en respuesta a disrupciones recientes en las cadenas globales de valor;
6) las políticas de biocombustibles, que continúan influyendo en la demanda de
ciertos cultivos;
7) la persistente volatilidad en los precios de los alimentos, que afecta especialmente a las poblaciones más vulnerables, y
8) la concentración del mercado en la industria agrícola y alimentaria, que plantea desafíos para la competencia y la diversidad en el sector.



