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Europa, en defensa propia

  • hace 8 horas
  • 5 min de lectura

La última cumbre de los 32 países de la OTAN en Turquía confirmó que los aliados europeos han emprendido un camino de defensa menos dependiente de EEUU, con fondos e industria militar propios y que los haga más fuertes frente a Rusia e incluso China.


La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN, 1949) reafirmó en Turquía el creciente aporte industrial y financiero demandado por EEUU a sus aliados, a los que los igualmente reprocha su falta de apoyo en la persistente guerra con Irán y les exige el control de Groenlandia.


Después de atacar a Alemania, Italia y España por negarse a respaldarlo en Medio Oriente, el presidente Donald Trump calificó como “exitosa” la cumbre de la OTAN por el compromiso de “la mayoría” de los aliados de elevar su gasto en defensa al 5% de sus PIB (3,5% en capacidades y otro 1,5% en seguridad general).


Poco antes, acogidos por el líder turco Recep Erdogan, los líderes de la OTAN confirmaron en una declaración final fuertes inversiones en defensa, contratos millonarios con la industria militar estadounidense y el apoyo a Ucrania (fuera de la alianza) ante la invasión rusa, en el marco del principio aliancista de defensa común.


La declaración recalca el compromiso “inquebrantable” de la OTAN con la defensa colectiva de sus miembros y reafirma que considerarán un ataque contra un solo aliado un ataque contra todos. Sin embargo, la cumbre terminó sin acordarla sede de la edición 2027 (Trump dijo que hubiese faltado si no fuera por Turquía).


La antesala de la cumbre había sido tensa: “Nunca me convenció la OTAN. Siempre supe que era un tigre de papel”, había dicho Trump, quien jugó con la idea de retirar al país de la alianza por la falta de apoyo europeo a la guerra que, junto con Israel, lanzó contra Irán desde febrero.


“Me decepcionó mucho la OTAN”, repitió al llegar a Ankara. “¿Por qué gastamos cientos de miles de millones de dólares si no nos apoya?” en Medio Oriente. Al final, elogió a su criticada España por actualizar pagos a la alianza: “Se ha redimido”.


Pal Jonson, de Suecia (en la OTAN desde 2024), replicó: “Mi trabajo no es complacer a EEUU. Quiero una relación transatlántica más equilibrada. La adicción al poder militar estadounidense es perjudicial para Europa, pero también para EEUU. Ahora, hay que transformar pronto esta enorme inversión en poder real”.


Más fondos, más armas



La OTAN se comprometió a invertir 40.000 millones de dólares en capacidades anti drones durante los próximos cinco años, inversiones en defensa aérea y antimisiles integradas por valor de más de 26.000 millones de dólares y nuevas capacidades de ataque por valor de 1.600 millones de dólares.


Esa inversión aliancista en defensa favorecerá la producción de compañías armamentísticas de Estados Unidos, como Lockheed Martin y Raytheon, o Palantir y Anduril, pero también a europeas como la alemana Rheinmetall, la francesa Airbus, la sueca Saab y la turca Aselsan.


En paralelo, Canadá anunció el respaldo de ocho países a la creación del Banco de Defensa, Seguridad y Resiliencia (DSRB, por sus siglas en inglés), una nueva institución financiera multilateral destinada a movilizar capital público y privado para ampliar la capacidad industrial de defensa.


“Hace un año, en la cumbre de La Haya, los aliados se comprometieron a invertir mucho más en defensa: el 5% del PIB de cada país para 2035. Acá estamos ahora, viendo ya los resultados”, resumió el secretario general de la OTAN, el neerlandés Mark Rutte, un estrecho aliado de Trump, que publicita una etapa de “OTAN 3.0”.


“No se trata de una retirada masiva de EEUU en cuanto a lo que van a aportar. Ahora sabemos con mucha más exactitud qué pueden aportar los estadounidenses, y los europeos están cubriendo esos huecos”, resumió Rutte.


En la visión de una “OTAN 3.0”, los aliados europeos se encargan de la defensa convencional del teatro de operaciones habitual de la alianza, mientras EEUU enfoca sus recursos convencionales en su rivalidad con China en el Indo-Pacífico, manteniendo el paraguas nuclear sobre Europa.



Así, los aliados acordaron invertir en tecnología para ataques de precisión a gran distancia, defensa aérea y antimisiles integrada, tecnología contra drones y capacidad de espionaje, especialmente con vigilancia desde satélites.


La Casa Blanca insiste en que sus aliados -que durante la Guerra Fría fueron primera línea de defensa frente la entonces URSS- siguen descansando en la capacidad militar estadounidense. “EEUU gasta mucho más dinero en la OTAN que cualquier otro país para protegerla, sin obtener ningún beneficio a cambio”.


Pese a las quejas de Trump, en 2025 los aliados europeos y Canadá aumentaron sus inversiones en necesidades básicas de defensa en más de 139.000 millones de dólares y 250.000 millones en los últimos dos años. Esta cumbre marcará el inicio de una “revolución industrial de la defensa” transatlántica, opina Rutte.


Alemania, como sus vecinos nórdicos y bálticos, ha realizado un esfuerzo en su gasto primario en defensa (sin infraestructuras) que muchos interpretan como un “rearme” inédito desde el final de la II Guerra Mundial y que lo fija en 3,5 % del PIB para 2029, por encima del objetivo aliancista para 2035.


En cambio, Francia y Reino Unido -las dos grandes potencias militares de Europa- siguen lejos del objetivo acordado, con 2,5 y 2,7% de su PIB, respectivamente, para 2030. 



Ucrania, Turquía, Irán y Groenlandia



La cumbre en Turquía, un pais a caballo entre Europa y Asia cuyo gobierno islamista ha sido un actor diplomático clave en la región en conflictos como Siria, Palestina e Irán, transcurrió también mientras continuaba la guerra en Ucrania y se deshacía la tregua de EEUU con Irán.


Trump fue enfático al llegar a Ankara al expresar su frustración por la falta de apoyo de los aliados europeos a Washington en Medio Oriente. “Italia nos rechazó, Alemania nos rechazó y Francia nos rechazó”, resumió sobre la decisión de esos países de negarse a que usaran sus bases para atacar a Irán.


Pero también volvió a la carga por la negativa de la OTAN, a través de su miembro Dinamarca, el control de la gran isla helada de Groenlandia, territorio de soberanía danesa separado de EEUU por las aguas internacionales árticas que Trump considera vital para la seguridad nacional de su país.


 “No está en venta”, le respondió la primera ministra Mette Frederiksen, aunque reconoció que China y Rusia “están ganando acceso” al Ártico, con fines militares pero también comerciales y estratégicos en general.


En contraste, Trump levantó las sanciones impuestas a Turquía en diciembre de 2020 tras la compra por Ankara del sistema de defensa antimisiles ruso S-400 y abrió la posibilidad de venderle aviones de caza de combate F-35.


Turquía tiene el segundo ejército más grande de la OTAN, después de EEUU,  controla el acceso marítimo al Mar Negro y representa buena parte del flanco sur de la OTAN. Su industria de defensa exportó en 2025 por valor de más de 10.000 millones de dólares, desde proyectiles de artillería hasta drones fabricados con más rapidez que la media de los occidentales.


Por su parte, el presidente ucraniano Volodimir Zelensk, mantuvo varios encuentros bilaterales, fuera del Consejo del Atlántico Norte. Pero la OTAN anunció para el año próximo 70.000 millones de euros en equipamiento, asistencia y formación militar a Ucrania, y mantener niveles “al menos equivalentes en 2027”.


A su vez, Trump anunció al dejar la cumbre de la OTAN que EEUU otorgará a Ucrania una licencia para fabricar interceptores de misiles Patriot, un gran impulso para Kiev en la guerra con Rusia. “No podrán quejarse", dijo.


 
 

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