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“La muerte de Jamenei, caso sin precedentes”, por Hannah Slack

  • hace 2 horas
  • 5 Min. de lectura

Ali Jamenei falleció [el 28 de febrero] a los 86 años a causa de los bombardeos lanzados sobre Irán por Estados Unidos e Israel. Su muerte es un hecho insólito en la historia contemporánea, según coinciden diversos expertos. 


Si bien no se trata de la primera ocasión en la que un jefe de Estado o de Gobierno es asesinado, sí es la primera en la que la responsabilidad recae en manos de otro país (de dos, en este caso). El líder supremo era la máxima autoridad de Irán desde 1989, cuando falleció su predecesor y fundador de la República Islámica, Ruhollah Jomeiní.


Aunque se desconocen las circunstancias exactas de su fallecimiento, varios analistas consultados por EL PAÍS coinciden en que es un caso sin precedentes. “No se me ocurre un caso similar a la ejecución de un jefe de Estado por un bombardeo de otro país, sin declaración alguna de guerra”, afirma Javier Chinchón Álvarez, profesor titular de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid.


Los detalles sobre la muerte del ayatolá iraní están todavía por determinar. Primero, fuentes israelíes confirmaron el deceso del dirigente, afirmando que su cadáver había sido hallado en un búnker. Poco después, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, secundó las declaraciones de su aliado en Medio Oriente. La televisión iraní confirmó la muerte del dirigente esa misma noche.


Joaquín González Ibáñez, doctor en derecho en la misma facultad madrileña, asegura que, de los ejemplos de asesinatos anteriores al de Jamenei que él recuerda, no existe un caso equiparable. 


“Es un crimen de agresión, de acuerdo con el Derecho Internacional, cometido por Israel y EEUU, aparte de los crímenes de guerra que ya estamos identificando en el colegio de niñas”, opina el experto, en referencia al ataque conjunto de EEUU e Israel contra la escuela primaria femenina Shajareh Tayyebeh, que causó al menos 148 muertos.


“Un acto de agresión es uno de los cuatro crímenes internacionales por excelencia. [Existe el] crimen de agresión, crimen de lesa humanidad, crimen de guerra y genocidio”, explica el académico. Dicho acto, considera González, es el “más importante”, ya que los otros tres tipos de crímenes (guerra, lesa humanidad y genocidio) “se cometen en un marco de crimen de acto de agresión”.


Chinchón, por su parte, lo tilda de “ejecución extrajudicial”, en línea con la definición recogida por la ONU sobre esa materia, es decir, “matar deliberadamente a una persona al margen de cualquier marco jurídico”. “[Israel y EEUU] vuelven a confirmar que actúan, no ya al margen del Derecho internacional vigente, sino en constante, abierta e indisimulada violación directa de sus obligaciones más esenciales”, condena.


Casos parecidos


Entre los casos más parecidos al de Jameneí figura la muerte en 2011 del dictador libio Muamar Kadafi, capturado en un desagüe callejero en las afueras de Sirte, su ciudad natal, y posteriormente asesinado a tiros por miembros del Consejo Nacional de Transición (CNT), las fuerzas rebeldes de Libia. Lo semejante, en este caso, es que, en el momento de su captura, el dictador ya había resultado herido en un ataque aéreo de la OTAN, que durante los siete meses previos a su muerte apoyó al CNT para poner fin al régimen de Kadafi.


En agosto del año pasado, Israel también mató al primer ministro del Gobierno hutí de Yemen, Ahmed Ghaleb al Rahawi, en otro bombardeo. El movimiento hutí es uno de los grupos armados pro iraníes de Medio Oriente, junto con la milicia palestina Hamás y el grupo libanés Hezbolá. 


Pero hay una diferencia fundamental con el caso de Jamenei: los hutíes controlan Saná, la capital de Yemen, y el noroeste del país, pero no cuentan con el reconocimiento de la comunidad internacional, a diferencia del gobierno yemení. Por lo tanto, el primer ministro Al Rahawi no era considerado como tal en el momento de su asesinato.


Las muertes del líder de la República Chechena de Ichkeria, Dzhojar Dudáyev, en 1996, y de su sucesor, Aslan Masjádov, en 2005, revelan igualmente semejanzas con la muerte de Jamenei. Sin embargo, la República Chechena de Ichkeria nunca ha sido reconocida como Estado por la comunidad internacional.


Tras la disolución de la Unión Soviética en 1991, Dudáyev proclamó unilateralmente la independencia del territorio. La Federación Rusa, entonces bajo mando del expresidente Boris Yeltsin, nunca reconoció esa independencia. Dudáyev murió en un ataque aéreo ruso, lanzado por Moscú después de que se le localizara por vía satélite a través de una llamada. Su sucesor falleció de una forma parecida, durante una operación militar rusa en Chechenia.


Otros destacados asesinatos de mandatarios incluyen el del líder congolés Patrice Lumumba en 1961, ejecutado a tiros por un pelotón de fusilamiento en un bosque de la región oriental de Katanga. En el momento de su muerte, Lumumba ya había sido derrocado por un golpe de Estado orquestado por la CIA estadounidense y Bélgica. “Tampoco sirve como espejo a la situación de los ataques de Irán”, señala González.


Los primeros ministros sucesivos de la India, Indira y Rajiv Gandhi, madre e hijo, fallecieron igualmente por disparos. Ella fue tiroteada por tres miembros de su guardia personal, entre ellos su guardaespaldas Beant Singh, en 1984. Su asesinato fue el resultado de la Operación Estrella Azul, una intervención militar que coincidió con un importante evento religioso sij. Varios civiles murieron en el asalto.


En cuanto a Gandhi hijo, llevaba a cabo una campaña electoral por los comicios generales de 1991, como principal líder de la oposición, cuando estalló la bomba de un atacante suicida en un complot de los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE), un grupo separatista armado de Sri Lanka. En su caso, ya no se encontraba en el poder en el momento de su asesinato.


El ex primer ministro libanés Rafik Hariri también murió en un atentado con bomba en 2005, junto con otras 21 personas, esta vez por la explosión de un coche que impactó contra el convoy en el que viajaba el mandatario, en Beirut. El único condenado por el ataque, juzgado in absentia por el Tribunal Especial para el Líbano, fue Salim Hamil Ayyash, miembro del partido-milicia chií Hezbolá. 


Después de 21 años, ese tribunal aún no ha hallado pruebas de que Siria o la milicia estuvieran directamente involucrados en el atentado, si bien reconoció la existencia de posibles motivos para ello. Los otros tres acusados por el atentado, Hussein Hassan Oneissi, Assad Hassan Sabra y Hassan Habib Merhi, fueron exonerados.


La muerte en 2021 del entonces presidente de Haití, Jovenel Moïse, a manos de una veintena de sicarios colombianos, es otro ejemplo de los magnicidios del Siglo XXI. Una investigación de The New York Times reveló que fue asesinado por intentar enviar a EEUU una lista de políticos y empresarios involucrados en el narcotráfico. Aún se desconoce la identidad del autor intelectual del asesinato de Moïse.


Publicada en El País por Hannah Slack. Texto original aquí

 
 

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