Las horas oscuras de Cuba
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Bajo una presión política y económica mayúscula de EEUU, el régimen comunista de una Cuba exhausta se enfrenta a la posibilidad real de un giro capaz de cerrar la era inaugurada por la Revolución de 1959 que obsesionó a Washington e inspiró movimientos históricos dentro y fuera de la región.
Donald Trump se ufanó de estar a nada de lograr lo que tantos presidentes de EEUU persiguen desde hace más de seis décadas: cerrar la era comunista que abrió la Revolución Cubana de 1959 y volver a poner a la isla al servicio de los intereses de la mayor potencia continental.
El proceso se aceleró desde principios de enero por dos hechos concatenados: la intervención militar estadounidense en la Venezuela chavista, durante 25 años sostén económico clave de Cuba como hasta 1991 lo había sido la Unión Soviética, y un corte de suministro petrolero que secó de energía a la isla.
El cuadro ya estaba escrito con anterioridad en la Estrategia de Seguridad Nacional (NSE) de EEUU publicada a finales de 2025, que describe tanto a Venezuela como a Cuba como “proxies” o instrumentos de Rusia, Irán y Corea del Norte en la región, en la que creó la coalición Escudo de las Américas con 12 líderes de derecha.
A finales de febrero, como un déja vu de la fracasada operación de Bahía de Cochinos (1961), una decena de exiliados armados a bordo de una lancha intentó asaltar las costas cubanas: cuatro fueron abatidos por la guardia costera y el resto, detenidos. Washington se desentendió del audaz intento (o ensayo).
Aunque Rusia declaró su apoyo “inquebrantable” a La Habana y China condenó “enérgicamente” las sanciones “brutales” de EEUU que desde enero dejan sin petróleo importado a Cuba, el presidente Miguel Díaz Canel se allanó a dialogar con Washington mientras la isla sufría su sexto apagón nacional consecutivo.
“Ante el peor escenario, a Cuba la acompaña una certeza: cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable”, trazó como línea roja el presidente, que días antes accedió a liberar a un grupo de presos políticos.
Trump, típico en él, había subido la apuesta: “Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Tomar Cuba de alguna forma. Es decir, si la libero, la tomo. Creo que puedo hacer lo que quiera con ella, si quieren que les diga la verdad”.
A los tres meses del peor estrangulamiento energético sufrido por la isla, que hasta diciembre importaba de Venezuela y México el 77% del petróleo que consume su golpeada economía (-5% en 2025 y -15% desde 2020), el panorama es oscuro y ni siquiera la dedicación a la guerra en Medio Oriente borra la obsesión cubana de EEUU.
Al contrario, sin apoyos reales desde el exterior, un cambio histórico en Cuba puede darle a la Administración Trump un éxito geopolítico inmediato y relativamente sencillo que compense sus enormes dificultades para avanzar en el Golfo Pérsico.
Bienes y bloqueos

Desde 2020, se estima que 2,75 millones de personas dejaron Cuba, en la mayor caída demográfica de la historia moderna del país caribeño, en beneficio de Estados Unidos (a 145 kilómetros en Miami), Brasil y México, según el New York Times. En 2025, los cubanos se convirtieron en la nacionalidad que más asilo solicitaba en Brasil, por primera vez más que los venezolanos.
¿Qué hay enfrente, a sólo 145 kilómetros? El secretario de Estado de Trump, Marco Rubio, es nieto de un exiliado cubano y referencia política principal del bastión cubano-estadounidense del voto republicano en el estado de Florida y que ha sido clave en las elecciones desde 2000, cuando dirimió la presidencia en favor de George Bush hijo por pocos votos y con intervención de la Corte Suprema.
Muchos cubano-estadounidenses tienen litigios sin resolver desde hace décadas por propiedades confiscadas por el régimen comunista. Algunos quieren que se les devuelvan sus tierras bajo los tambores de una invasión militar estadounidense que resuenan en sitios como Cibercuba.
El turismo colapsó desde 4,7 millones de visitantes en 2018 hasta 1,8 millones en 2025. Cálculos independientes estiman que serían necesarios entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para sanear el sistema eléctrico de un país de 11 millones de habitantes con cortes de hasta 20 horas diarias que son parte de la vida cotidiana.
Eso explica, en parte, que el gobierno de Díaz Canel haya anunciado este mismo mes otro un cambio histórico en el sistema económico de la isla desde 1959: los cubanos en el exterior podrán invertir en empresas privadas de la isla.
El bloqueo estadounidense (condenado por la ONU) inició en 1962, con leyes aprobados bajo la presidencia de John F. Kennedy que reforzaron sanciones tempranas de 1960. La Ley Torricelli (1992) prohibió a las filiales extranjeras de empresas estadounidenses comerciar con Cuba y la Ley Helms-Burton (1996) extendió el bloqueo a terceros países y empresas extranjeras.
La ruta mineral

Si se sigue el sendero de acciones abierto por Trump durante su segundo madnato en busca de asegurar minerales críticos para EEUU en su disputa tecnólogica mayor con China, las riquezas de la vecina Cuba -más allá del azucar o el tabaco- de vuelven relevantes.
Las reservas cubanas de níquel están entre las diez mayores de mundo (5,5 millones de ton) y hay que sumarles la de cobalto (tercera reserva mundial), imprescindibles para fabricar baterías de litio y otros dispositivos electrónicos.
En ese contexto geoeconómico, “¿qué papel tienen en este minuet los congresistas de Miami?”, se pregunta el intelectual cubano Rafael Hernández, sobre los planes reales de la Administración Trump, sus ideas sobre un “cambio de régimen” y la experiencia de Venezuela con el reemplazo de Delcy Rodríguez en la presidencia por el secuestrado Nicolás Maduro.
“Poniéndonos en los zapatos de esos congresistas, ¿no será hora de recordarles a Trump y a Rubio su compromiso con la línea dura, que ha alimentado la fábrica política de Miami durante décadas?”, reflexiona Hernández.
Todo se mueve en estas oscuras horas de la isla. La prensa internacional refiere encuentros de Rubio para negociar una "transición" con el influyente Raúl Guillermo Rodríguez Castro (imagen), joven nieto del expresidente Raúl Castro, a cargo del gran aparato económico estatal cubano.
A su vez, los cubanos tienen razones para reeditar las protestas populares que sacudieron la isla a mediados de 2021. Yuliet Teresa Villares Parejo, del Centro Martin Luther King, ve posible un un punto de inflexión: “Se ha pasado de la protesta en el espacio público a la ocupación y destrucción del espacio del poder”.



