Los libros que lee el poder mientras disfruta del Mundial
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El primero es “Efecto mariposa”, del ex embajador Jorge Argüello, que desarrolla lo que considera el establecimiento caótico de un nuevo orden global, con un choque de potencias como China y Estados Unidos y la perplejidad de Europa.
En ese trabajo, repleto de citas de analistas de todo espectro, que algunos de los lectores más conspicuos anotan para luego citar en conferencias y reuniones, tiene un especial desarrollo la idea de “geoeconomia”, como una nueva versión de la “geopolítica”.
Si alguna vez Estados Unidos le dio estabilidad al mundo post Segunda Guerra Mundial con un marco jurídico internacional para evitar guerra, hoy Donald Trump está volando ese corpus normativo por los aires para intentar frenar al gigante asiático. Es, dice Argüello, la era de la “diplomacia transaccional”: apoyo a cambio de recursos, ya sean préstamos o promesas de inversiones o acceso a minerales críticos.
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Resulta muy actual para el momento de la Argentina la radiografía de dos carreras que se están dando en simultáneo entre EE.UU. y China. Por un lado, la de la inteligencia artificial, donde la Casa Rosada aspira a captar data-centers de la mano del “súper RIGI”. Y por otro, la -hoy menos difundida- pelea por el dominio nuclear.
Argüello hace un balance que es casi un ránking de poderío nuclear. China tiene 32 reactores nucleares. Y Estados Unidos, ninguno.. Y advierte:
“Washington recién está promoviendo acuerdos para producir pequeños reactores en todo el mundo”.
Se trata de un telón de fondo que ayuda a entender las dos historias sobre ese tema que emergieron en las últimas dos semanas, mientras mirábamos la remontada con Egipto y el triunfo con Suiza. Por un lado, el nuevo recorte en la Comisión de Energía Atómica, denunciado incluso por gerentes que presentaron la renuncia. Y por otro el casi simultáneo anuncio de una empresa estadounidense de un magnate de origen iraní que pro
mete inyectar en algún momento u$s 1200 millones para construir, justamente un reactor. ¿Tiene que ver esto con el marco que presenta Argüello?
Texto original El Cronista
