AfD y los límites del cordón sanitario

El triunfo de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt importa menos por el gobierno de un estado de 2,1 millones de habitantes que por la pregunta que plantea al sistema político alemán: ¿qué ocurre cuando una fuerza que los partidos tradicionales decidieron aislar se acerca a representar a la mitad del electorado?
El resultado del 7 de septiembre da una primera dimensión del problema. AfD obtuvo el 43,8% de los votos, más del doble que cinco años atrás, y consiguió 39 de los 83 escaños del Parlamento regional. Quedó a solo tres bancas de la mayoría absoluta. La CDU del canciller Friedrich Merz, que gobernaba el estado desde 2002, cayó al 17,2%, aproximadamente la mitad de su apoyo anterior. La participación, además, alcanzó un inusual 76,5%.
Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, un partido de extrema derecha quedó tan cerca de gobernar un estado alemán.

De la protesta a la posibilidad de gobernar
Durante años, buena parte del crecimiento de AfD pudo interpretarse como expresión del descontento con los partidos tradicionales. Sajonia-Anhalt obliga a ampliar esa explicación.
El partido aumentó su apoyo en prácticamente todos los sectores, con particular fortaleza entre hombres, jóvenes, trabajadores y autónomos. Entre los hombres alcanzó el 52% de los votos. También consiguió movilizar a ciudadanos que anteriormente se habían abstenido.
El voto castigo tuvo un peso importante. La insatisfacción con el gobierno federal y con la gestión de Merz fue uno de los componentes de la elección. Pero un resultado del 43,8% difícilmente pueda explicarse solamente por el enojo. Una parte creciente del electorado parece haber dejado de utilizar a AfD únicamente para protestar y comienza a verla como una alternativa capaz de gobernar. Ese cambio es uno de los principales datos que deja la elección.

El cordón sanitario bajo presión
Desde hace años, los principales partidos alemanes mantienen un “cordón sanitario” alrededor de AfD y rechazan cualquier coalición con una fuerza considerada extremista por organismos de seguridad interna.
La estrategia ha permitido mantenerla fuera del gobierno. El problema aparece cuando el partido se acerca a la mayoría por sus propios medios.
Con 39 diputados y 42 necesarios para gobernar, AfD necesita apenas tres apoyos adicionales. Su candidato, Ulrich Siegmund, ya anunció que buscará acuerdos con otras fuerzas e incluso con legisladores individuales.
Una posibilidad involucra a la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW). Aunque mantiene importantes diferencias económicas con AfD, comparte posiciones restrictivas sobre inmigración y una mirada más favorable al restablecimiento de relaciones con Rusia.
Una eventual cooperación tendría consecuencias más allá de Sajonia-Anhalt porque abriría una primera fisura importante en el aislamiento político construido alrededor de AfD.
El dilema para los partidos tradicionales es cada vez más complejo. Cuanto más crece AfD, más amplia debe ser la coalición necesaria para impedirle gobernar. El cordón sanitario puede contenerla institucionalmente, pero también puede reforzar su argumento de que el resto del sistema político se organiza para excluirla.
Una nueva generación

La elección proyectó también a Ulrich Siegmund. Tiene 36 años, es diputado regional desde 2016 y conduce el bloque de AfD desde 2022. Su campaña combinó una fuerte presencia en TikTok y otras redes sociales, mensajes sencillos y una apelación a recuperar una Alemania “segura, próspera y cohesionada”.
Hay allí un componente generacional que merece atención. Parte del crecimiento de las nuevas derechas europeas se produce entre jóvenes para quienes la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría pertenecen a un pasado distante. Las referencias históricas que durante décadas condicionaron los límites de la política alemana no necesariamente tienen sobre ellos el mismo peso.
AfD lleva esa revisión también al terreno internacional. Siegmund propuso recuperar una “diplomacia sensata” con Estados Unidos y Rusia, mientras la conducción nacional del partido cuestiona el apoyo alemán a Ucrania.
El debate excede así la inmigración. Alcanza la relación con Rusia, el vínculo transatlántico y, en última instancia, el papel que Alemania pretende desempeñar en Europa.
Una señal europea
La repercusión internacional de una elección celebrada en un estado relativamente pequeño da cuenta de la atención que genera el fenómeno.
Donald Trump y Elon Musk celebraron públicamente el resultado. También lo hicieron dirigentes de Vox en España y Chega en Portugal, además de representantes rusos. Desde otros gobiernos europeos, en cambio, el resultado fue interpretado como una advertencia sobre el crecimiento de la extrema derecha.
Sajonia-Anhalt forma parte de una tendencia que excede a Alemania. Fuerzas nacionalistas, populistas y de derecha radical participan ya en gobiernos nacionales o regionales europeos y tienen perspectivas de continuar creciendo. Francia será uno de los casos a seguir, con las presidenciales de 2027 en el horizonte y Agrupación Nacional en una posición electoral competitiva.
Estas fuerzas tienen historias, programas y electorados diferentes, por lo que sería equivocado considerarlas como un bloque homogéneo. Pero comparten un dato: partidos que hasta hace pocos años ocupaban posiciones marginales han ampliado su representación y, en algunos casos, comienzan a disputar el gobierno.
Qué mirar ahora
Las próximas elecciones alemanas permitirán saber si Sajonia-Anhalt constituye una particularidad regional o anticipa un movimiento de mayor alcance.
La primera cuestión será la formación del gobierno. Si AfD consigue los apoyos necesarios, se habrá producido un cambio importante en la política alemana. Si no los consigue, habrá que observar cómo se construye una mayoría alternativa y qué efecto produce entre los votantes dejar fuera del gobierno a un partido que obtuvo más del 40% de los votos.
También habrá que seguir la expansión territorial de AfD. Alemania continuará durante septiembre con elecciones municipales y regionales. Su desempeño permitirá medir hasta qué punto el crecimiento sigue concentrado en el este o comienza a adquirir una dimensión más amplia.
Finalmente, el resultado plantea un problema para Merz y la CDU. Caer al 17,2% en un estado gobernado durante más de dos décadas por los democristianos obliga a preguntarse no solamente cómo contener a AfD, sino cómo recuperar a una parte de los votantes que migraron hacia ella.
Durante décadas, el sistema político alemán descansó sobre dos grandes partidos, CDU y SPD, capaces de articular mayorías con fuerzas menores y construir coaliciones relativamente previsibles. La fragmentación electoral y el crecimiento de AfD están alterando gradualmente esa arquitectura.
El resultado de Sajonia-Anhalt plantea así una pregunta que excede esta elección: hasta qué punto el cordón sanitario seguirá siendo eficaz si AfD continúa ampliando su base electoral.
La respuesta será importante para Alemania, pero también para una Europa en la que los límites entre los partidos considerados parte del sistema y aquellos que permanecían en sus márgenes son cada vez menos nítidos.




