Un mantra para América Latina
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En un escenario regional minado de problemas (demográficos, climáticos, tecnológicos, fiscales y sociales) la CEPAL demanda un nuevo modelo de desarrollo bajo un mantra económico: crecer, crecer y crecer.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) sacó conclusiones claras pero cargadas de urgencia para la región en su informe "Rupturas y Oportunidades”, que advierte sobre la convergencia de múltiples crisis sistémicas y propone resetear los modelos de desarrollo conocidos.
La región "tiene activos estratégicos para navegar exitosamente la nueva realidad global. El reto es transformar las oportunidades que esos activos representan en desarrollo y en proyección internacional, a partir de estrategias claras y una concepción más pragmática de la cooperación regional", según CEPAL.
Tras una “décad perdida” (2014-2024), en medio de las tensiones geopolíticas, guerras, conflictos comerciales y convulsiones sociales, Latinoamérica tiene que dar prioridad al crecimiento para afrontar “shocks externos cada vez más frecuentes y casi continuos”, dice el secretario ejecutivo de CEPAl, José M. Salazar-Xirinachs.
“Sean de izquierda o de derecha, lo importante es que los gobiernos le den mucha prioridad al crecimiento económico”, insiste Salazar, quien vincula problemas técnicos como la recaudación fiscal con otros urgentes como la financiación de sistemas de protección social.
En su documento, CEPAL expone que la región está atrapada “en una trampa de baja capacidad para crecer” y define el periodo 2014-2024 como una “década perdida”, con un raquítico crecimiento promedio de 0,9 %.
En 2025, América Latina creció 2,4% y para 2026 proyecta +2,2 %, aunque podría revisarse a la baja en los próximos meses si Estados Unidos e Irán no llegan a un acuerdo y continúan las hostilidades y el cierre del estrecho de Ormuz.
A diferencia del precio de los combustibles, el encarecimiento de los fertilizantes (los países del Golfo Pérsico concentran un tercio de las exportaciones mundiales de urea y un quinto de otros fertilizantes esenciales para el agro) puede tardar meses en trasladarse a cosechas, transporte y alimentos.
“La región debe reactivar su crecimiento económico desde adentro, sin depender exclusivamente de que los mercados globales o las materias primas mejoren”, según Salazar, porque es “muy improbable” un nuevo boom de los commodities como en 2003-2013, cuando China crecía al 9% o 10 %.
En la época que siguió a la alteración de las cadenas de suministros, en los que la economía y el comercio se funde con la seguridad nacional, CEPAL invita a los gobiernos a cooperar con los privados para hacer frente a las barreras proteccionistas que se levantan en los grandes mercados.
Rupturas

CEPAL describe un nuevo panorama geoeconómico y geopolítico al cabo de décadas de transformaciones que, durante los 35 años entre 1990 y 2024 redujeron la participación del Grupo de los Siete (G7) en el PIB mundial (por paridad de poder adquisitivo) del 45% al 30%.
Al mismo tiempo, los BRICS pasaron a representar del 23% al 42% y el Sur Global en su conjunto del 42% al 61%, mientras China aumentó su participación en el PIB mundial del 4% al 19% en ese mismo período.
“El auge de Asia ha sido especialmente notable: China ha pasado de ocupar una posición periférica a convertirse en la segunda economía más grande del mundo, la principal exportadora de bienes y la primera potencia manufacturera, con una economía cada vez más basada en el conocimiento y la innovación”, explica.
Entre 1990 y 2024, las tres grandes economías del mundo con mayor crecimiento eran asiáticas: China (8,7% anual), VietNam (7,4% anual) y la India (6,1% anual).
El cambio geoeconómico fue gradual, pero no el geopolítico. “El sistema de la posguerra -basado en instituciones multilaterales, reglas comunes y una globalización en expansión- ha dado paso a una nueva etapa caracterizada por la rivalidad estratégica, la interdependencia instrumentalizada, una gobernanza fragmentada y una cooperación multilateral debilitada”.
La magnitud y la velocidad de estos cambios son tales que en lugar de “tendencias” CEPAL prefiere llamarles “rupturas”, ocho en total, entre ellas una globalización reconfigurada que pasó de preferir la eficiencia económica a la seguridad; la erosión del multilateralismo y reconfiguración de la gobernanza global; el paso de la hegemonía unipolar a la competencia multipolar.
También cita la reconfiguración del poder blando; el retroceso generalizado de la democracia y aumento de la polarización política; la desinformación y crisis de la verdad en la era de la IA; el retroceso en materia de derechos de la mujer, igualdad de género e inclusión; y el fin del consenso mundial sobre el clima.
Convertir sus fortalezas en desarrollo requiere avanzar en tres ámbitos: dos son movilizar los activos estratégicos promoviendo la agregación de valor, la innovación y la transformación productiva, y fortalecer la gobernanza, las instituciones democráticas y las capacidades del Estado.
"El tercero es ampliar la capacidad de acción internacional de la región, mediante el reforzamiento de la integración y cooperación regionales, la diversificación de alianzas y el fortalecimiento de las capacidades de análisis geopolítico".
"Una mayor cooperación regional es especialmente importante, ya que permitiría construir cadenas de valor, ampliar mercados y coordinar acciones en ámbitos como la energía y la infraestructura". concluye CEPAL.
Transformaciones y activos

CEPAL identifica 11 transformaciones en el modelo de desarrollo de América Latina y el Caribe, surgidas del análisis diagnóstico de las brechas estructurales, ahora convertidas en “un programa de acción”.
Estas transformaciones son consideradas “indispensables para orientar el proceso de desarrollo regional hacia trayectorias más productivas, inclusivas y sostenibles.
Cada una de esas transformaciones precisa estrategias nacionales específicas basadas en políticas e instrumentos de política concretos”.
En ese sentido, CEPAL identifica las “oportunidades” que ofrecen los “activos” de la región, cuando se han redefinido las prioridades estratégicas internacionales y en el que sectores relacionados con la seguridad alimentaria, la energía, la acción climática y la tecnología quedaron en el centro de las agendas mundiales.
“Las oportunidades para los países de América Latina y el Caribe se basan en su conjunto único de activos, que, si se aprovechan estratégicamente, pueden generar beneficios para el desarrollo y ampliar la influencia geopolítica”.
En contraste, esos mismos activos presentan riesgos relacionados con las “medidas unilaterales” que algunas de las grandes potencias están dispuestas a adoptar
para hacerse con el control de algunos de estos activos, como se vio en Venezuela cn Estados Unidos y el petróleo que pasó a controlar desde enero de 2026,
Los activos de la región pueden resumirse en cinco categorías o clases:
i) sus numerosos recursos naturales, como agua, minerales críticos
y ecosistemas ricos en biodiversidad, así como abundantes fuentes de energía;
ii) sus capacidades productivas y su marco financiero, que incluyen clústeres productivos de primer orden, importantes plataformas de empresas emergentes (start-ups) y de tecnología de frontera (deep tech), y una sólida red de bancos de desarrollo;
iii) el tamaño de su mercado, con más de 660 millones de personas;
iv) su influencia política, basada en sus plataformas diplomáticas y la condición de la región como zona libre de armas nucleares y de guerras entre Estados, y
v) su poder blando, que procede de una combinación singular, muy variada y atractiva de elementos culturales e históricos y de las industrias creativas y el deporte.
Conclusiones
Aunque América Latina y el Caribe no puede controlar por completo las transformaciones que están redefiniendo el orden internacional, observa el documento de CEPAL, la región no está condenada a aceptarlas de forma pasiva.
“El grado en que puede ejercer una capacidad de agencia significativa depende fundamentalmente de su capacidad para actuar de forma colectiva, movilizar sus activos estratégicos y articular posiciones coherentes en los debates sobre la gobernanza global”, afirma.
La debilidad institucional, la polarización interna, la fragmentación regional y la falta de una visión común, anota, han limitado la capacidad de los países de América Latina y el Caribe para actuar de forma concertada en los asuntos internacionales.
Por eso, necesita pasar de esta posición periférica a la de un actor proactivo, capaz de influir en la reescritura de las reglas globales en marcha y fortalecer sus propias instituciones regionales, alcanzar niveles mínimos de consenso y utilizar sus activos estratégicos como herramientas de negociación.
“Si actúa con coherencia estratégica y una visión a largo plazo -pronostica-, puede convertirse en un actor clave en la reestructuración del sistema multilateral y desempeñar un papel protagonista en la promoción de un nuevo pacto mundial para la corresponsabilidad, la inclusión y la sostenibilidad”.
Pero la región también debería buscar alianzas con países afines, tanto del Norte Global como del Sur Global, para ganar influencia en los debates sobre temas como el financiamiento para el clima, el acceso a la tecnología, la reforma de la OMC y la regulación de los flujos de datos.
“Una actuación concertada en los foros multilaterales también maximizaría la influencia de la región en los debates mundiales más importantes. En definitiva, una región más cohesionada sería también una región con mayor resiliencia geopolítica, una mejor posición negociadora frente a las grandes potencias y una voz más firme a la hora de definir las reglas del nuevo orden mundial”, concluye CEPAL.



