COREA DEL SUR: EL PRIMER TRIUNFO POLÍTICO BAJO COVID-19

Corea del Sur, un país de 52 millones de habitantes que pasó de ser una de las primeras víctimas de la pandemia del COVID-19 a convertirse en un ejemplo sobre cómo contenerla en tiempo récord, celebró esta semana elecciones generales que también marcaron un precedente para la nueva crisis global.

Mientras numerosos gobiernos lidian al límite enfrentando a la pandemia, el presidente surcoreano, Moon Jae-in, cosechó el primer triunfo político en la era del COVID-19: su eficiente manejo de la crisis en el país se reflejó en un contundente apoyo en las elecciones de medio término del pasado 15 de abril.


A comienzos de año, Corea del Sur alarmó al mundo por ser el segundo país en contagios detrás de China. El 20 de enero registró su primer caso confirmado y el 20 de febrero, su primera víctima mortal. Hoy, es un caso de estudio por su capacidad de respuesta: el gobierno recurrió a una fórmula que combinó testeos sostenidos, rastreos minuciosos, aislamiento selectivo y estímulo económico.


Así, en un contexto absorbido por la pandemia, los surcoreanos desafiaron el pesimismo mundial y se dirigieron esta seman a los colegios electorales para votar en las elecciones a la Asamblea Nacional, como cada cuatro años. Esta vez, unos 44 millones de votantes eligieron a sus candidatos locales y legisladores.


UN APOYO CONTUNDENTE

El oficialista Partido Democrático de Corea (PDC), de centroizquierda, obtuvo una clara victoria en estas 21° elecciones generales desde la democratización total del país, en 1987, cuando comenzó la actual VI República de Corea del Sur.


Los demócratas no sólo ganaron más de la mitad de las bancas, sino que consiguieron una súper mayoría absoluta del 60%. La coalición en el gobierno obtuvo 180 de los 300 escaños (163 del PDC, más 17 de sus aliados), mientras que el frente opositor Partido del Futuro Unido (UFP), de centroderecha, obtuvo 103.


A pesar de que en esta elección se presentaron más partidos que nunca (35 en total), las proyecciones dejan sólo unos 17 escaños para la fuerzas menores e independientes. Esto supone un enorme descenso con respecto a los 55 escaños ganados por todos los candidatos de terceros partidos en 2016.


Hasta comienzos de 2020, el magro crecimiento económico y los escasos frutos que dio la distensión de las relaciones diplomáticas con Corea del Norte operaron en contra de la popularidad del presidente Moon, que cayó desde un envidiable 70% a comienzo de mandato a apenas 40% cuando comenzaba el año 2020.


Sin embargo, Moon pudo mantenerse al margen de algunos escándalos de corrupción, algo sumamente frecuente en la alta política surcoreana. Adicionalmente, a comienzos de abril el gobierno manejó con suma eficacia un masivo incendio forestal en el noreste del país, que dejó sólo dos muertes a pesar de haberse activado la emergencia nacional.


En frente, la oposición sigue desorganizada dos años después del juicio político y la caída de la presidente derechista Park Geun-hye, por un gran escándalo de corrupción y abuso de poder en 2017. A lo largo del 2019, los conservadores se consumieron en rencillas internas dentro del Parlamento: el frente UFP que fue a las urnas esta semana se organizó recién dos meses antes de las elecciones.


Con todo, la brecha regional se exacerbó. Los demócratas de Moon dominaron el Oeste de Corea, mientras que la UFP pintó de conservadurismo el Este. En esta elección, los bastiones clave quedaron en manos del oficialismo: ganó 100 de los 122 escaños en el Área de la Capital de Seúl (que agrupa la ciudad de Seúl, Incheon y los suburbios en la provincia circundante de Gyeonggi).


Con este respaldo, los demócratas ahora tendrán más facilidad para aprobar proyectos de ley sin tener que formar una coalición con partidos menores. Pero Moon debe mantener la cuarta economía de Asia a flote a través de aguas excepcionalmente turbulentas, con una matriz productiva muy dependiente del comercio internacional (hoy paralizado) y un mercado dividido entre China y los Estados Unidos (cuyos roces han aumentado por la pandemia).


La experiencia previa en el manejo de crisis económicas podría ofrecer algunas lecciones. En 2008, Corea del Sur salió airosa del parate económico mundial sin una recesión gracias a la gestión de Lee Myung-bak. Antes, la administración Kim Dae-jung ya había contenido la economía durante la crisis de los mercados asiáticos de 1997-8, de la que Seúl salió con una rápida recuperación en forma de ‘V’.


Por ahora, quedó claro que los surcoreanos se mostraron dispuestos a votar en las elecciones en un contexto crítico. La participación de los votantes fue del 66,2 por ciento, la más alta para una elección parlamentaria en tres décadas de vida democrática coreana. Asimismo, el resultado marcó la primera vez en 16 años que los partidos de centroizquierda aseguraron una mayoría parlamentaria.


LA ESTRATEGIA SURCOREANA

Establecer una relación directa entre el triunfo político de Moon y su gestión de la crisis del COVID-19 es inevitable, pero resulta aún más interesante adentrarse en el camino propio que siguió el gobierno surcoreano para contener y mitigar esta primera ola de la pandemia, a falta de datos certeros sobre eventuales rebrotes.


Corea del Sur ya se había convertido en el país con más infectados por COVID-19 después de China, donde comenzó el brote, a finales de 2019. Pero desde entonces, el país adoptó -con la guía del gobierno y la colaboración imprescindible de sus ciudadanos- una combinación de medidas para "aplanar la curva" de contagios y, a la vez, dar atención médica oportuna a los contagiados.


Ya a mediados de enero, las autoridades sanitarias surcoreanas se reunieron con las instituciones de investigación locales para desarrollar tests y compartieron sus resultados con las compañías farmacéuticas, que produjeron reactivos y kits. Por eso, cuando toda una secta religiosa en Daegu generó un foco de contagio en febrero, Corea del Sur pudo confirmar rápidamente que se trataba de COVID-19.


Otro elemento clave resultó la experiencia acumulada por el país y próximos como Hong Kong y Singapur frente a brotes previos de coronavirus, el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) en 2003 y, en Corea del Sur, en 2015 el MERS (Síndrome Respiratorio de Medio Oriente), con 3 mil casos y casi 500 muertos.


Según los expertos, esas experiencias de gestión, científicas y, sobre todo, comunitarias volvieron a los funcionarios más diligentes en la respuesta al COVID-19 y a los residentes más dispuestos a aceptar todas las medidas.


Así, la tasa de mortalidad del COVID-19 quedó en 1,4%, en comparación con la mundial del 4,34% El peor día de contagios en Seúl, con 25 millones de habitantes, arrojó 75 enfermos. El país fue a las urnas con 10.500 contagiados y 222 muertos.


La estrategia de Corea del Sur, que ha llamado la atención mundialmente por el uso de tecnología (datos de cámaras de vigilancia, teléfonos celulares y transacciones de tarjetas de crédito) para trazar un mapa de las conexiones sociales de los casos sospechosos, puede resumirse en cuatro puntos, expuestos por el propio gobierno:


. Una política de total apertura y transparencia en la información sobre nuevos contagios, a través del Centro Coreano de Control de Enfermedades, sobre dónde, cuándo y cómo se descubrieron e investigaron los contagios. El brote de MERS (2015) demostró que la información es clave para la reacción ciudadana. Esta vez se mantuvo el transporte funcionando y se evitó cerrar fronteras y ciudades.


. Identificación inmediata de los pacientes infectados y su aislamiento para interrumpir la transmisión, con un seguimiento de todos los casos sospechosos y rastreo de todos los casos confirmados, acompañado de una campaña de distanciamiento social, cierre de escuelas, recomendación de trabajo desde el domicilio y prohibición de reuniones masivas. Los gobiernos locales publican, además, qué sitios visitaron los contagiados, cuándo, qué medio de transporte usaron y si portaban máscaras, para alertar a los que pudieron estar cerca.


. Tratamiento selectivo de contagiados, para evitar un desborde de pacientes en los hospitales. Se designó cinco hospitales para atender exclusivamente a casos críticos y graves (una quinta parte), mientras los casos leves a moderados quedaron a cargo de una red de nosocomios públicos comunitarios. Al mismo tiempo, se adaptaron espacios con camas en hoteles, gimnasios y centros residenciales.


. Finalmente, la detección masiva y el seguimiento rápido de casos sospechosos, apoyada por la producción acelerada de equipos de diagnóstico de emergencia con una gran capacidad, de 430.000 unidades a la semana. Corea del Sur tiene más de 100 laboratorios trabajando las 24 horas del día con una capacidad de tests diarios de 20.000, que protegen en primer lugar a los médicos y agentes que quedan en la primera línea de combate a la pandemia.


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