Crisis del petróleo: 1973-2026
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Al cumplir un mes, la guerra de EEUU e Israel contra Irán con epicentro en el Golfo Pérsico volvió inevitable el impacto en los precios del petróleo y del gas. Su efecto cascada evoca la crisis de 1973 pero en un mundo muy distinto, híper globalizado y que valida el uso de palancas económicas con fines geopolíticos.
El mapa geopolítico que dejará la actual guerra en Medio Oriente sigue siendo incierto, pero hay una certeza generalizada en el mundo: las consecuencias de esta segunda gran crisis del petróleo en medio siglo, desde la primera en 1973, persistirán por un buen tiempo y sin excluir a ningún país (sean ganadores o perdedores).
Antes de que Estados Unidos e Israel decidieran atacar a Irán, el 28 de febrero pasado, el precio del barril de crudo de referencia Brent cotizaba a 65 dólares. Cuando cerramos este informe, su precio superaba los 100 dólares. Días antes, cuando Israel e Irán intercambiaron ataques a plantas de gas, rozó los 120 dólares.
El conflicto se ha vuelto tan sensible para el mercado global del petróleo y del gas (la quinta parte pasa por el Estrecho de Ormuz controlado por Irán) que las constantes y cambiantes declaraciones del presidente Donald Trump han subido y bajado enloquecidamente las cotizaciones.
Mientras tanto, una efecto dominó que empieza en los pozos y plantas petroleras del Golfo Pérsico pero se continúa en la producción de gasolina para la aeronáutica, los fertilizantes, los plásticos y el resto de una cadena global que depende todavía de los combustibles fósiles pone en jaque a todas las economías del mundo.
Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), la actual crisis equivale a la de 1973 y a la que le siguió en 1979 juntas por sucesivos bloqueos y embargos de crudo. “Ningún país será inmune si la situación continúa en esta dirección”, advirtió esta semana pasada el director ejecutivo del organismo, Fatih Birol.
Ese dominó puede terminar afectando, incluso, a su propio detonador: si bien EEUU es exportador neto de petróleo, el crudo tiene un valor global y, por tanto, la suba de precios afecta a su mercado interno de naftas, impacta en el resto de los precios, amenaza con una ácida suba de tasas de interés y, en el final, con una recesión. La misma lógica se aplica al caso de Vaca Muerta y de la economía argentina.
El mecanismo se activó ya en 1973, y desde Medio Oriente, aunque en un mundo que no se había hiper globalizado. Hoy los efectos son decididamente más vastos, hasta acechar el rol del dólar en la economía mundial, aunque hay autores como Paul Krugman que hacen una diferencia con aquella época desde una perspectiva menos dramática.
Dólar sí, dólar no

un informe reciente y muy difundido del Deutsche Bank, la guerra en Irán está poniendo a prueba el papel del dólar como moneda para el comercio mundial de petróleo, hasta el punto de hacer pensar a largo plazo un posible giro hacia el uso del yuan chino. Es decir, de los “petrodólares” de 1973 a los “petroyuanes” de un futuro.
"El conflicto podría ser el catalizador de la erosión del dominio del petrodólar y el inicio del petroyuan", escribió Mallika Sachdeva, estratega del banco alemán de primera línea al comentar que Irán está permitiendo el paso de buques por el Estrecho de Ormuz si los pagos del petróleo se realizan en yuanes. Por cierto, China es el mayor comprador de petróleo de Irán y de la región, y aunque tiene varios meses de reserva de crudo, dejó de exportar gasolina y diesel.
Ese desplazamiento en el régimen del petrodólar podría tener "efectos significativos en las fases posteriores" sobre el uso de la divisa estadounidense en el comercio en general y en el ahorro mundiales, así como sobre su papel como moneda de reserva.
Tras la grave crisis de 1973, cuando países productores árabes cortaron el suministro a Occidente por el apoyo a Israel en la guerra de aquél año, Arabia Saudita fijó finalmente el precio del crudo en dólares y se comprometió a invertir los excedentes en la divisa si EEUU le daba garantías de seguridad.
La crisis se reedita ahora, pero Arabia Saudita vende ahora cuatro veces más petróleo a China y es la gran potencia rival de EEUU, que durante mucho tiempo produjo la mitad del crudo mundial. El yuan gana terreno por el poder comercial global chino y por una red de acuerdos que van desde grandes socios del BRICS a economías africanas, asiáticas y hasta latinoamericanas.
Ante la emergencia, los 32 países miembros de la AIE acordaron liberar 412 millones de barriles de petróleo (equivalente a los que atraviesan el Estrecho de Ormuz durante 20 días), en el mayor desbloqueo desde la creación del organismo, un paliativo que ya se consumió cuando la guerra cumple 30 días.
Menos y más que en 1973

En principio, Paul Krugman estima que las consecuencias económicas de la Operación Inseguridad Masculina Furia Épica serán mucho menos graves que las consecuencias de la Revolución Islámica de 1979 y que la economía mundial parece ahora menos vulnerable a la inestabilidad en Irán.
Irán es un productor de petróleo significativo pero representa sólo una modesta parte de la producción total mundial. El crudo aumentó 165% en 1979 -contra “apenas” un 50% ahora- por un acaparamiento especulativo en Medio Oriente y recortes en la producción saudita, según el economista.
Sí es cierto, anota Krugman, que en 1979, el nuevo régimen iraní no pudo impedir la producción y exportaciones de crudo de sus vecinos, de los que el mundo sigue dependiendo casi como en 1973, a diferencia de lo que hace ahora en Ormuz, donde sólo está dejando circular a determinados países.
También el efecto económico general de la crisis puede ser menor, y Krugman cita dos razones. Las principales economías son mucho menos dependientes del petróleo que en 1973 (usa menos para producir lo mismo: EEUU se triplicó en tamaño y mantiene el consumo). La otra razón es que aquella década venía ya con índices de inflación global altos.
Ahora los motivos de preocupación, al margen del bloqueo de Ormuz. Una que cita Krugman es la fragilidad financiera en que encuentra la crisis, en particular a EEUU y un sistema mucho menos regulado que entonces y que hace temer estallidos de burbujas de un mercado que venía eufórico.
La otra, es que “el Medio Oriente moderno ahora juega un papel importante en la economía mundial que va más allá de su estatus como una fuente importante de petróleo [...] En la medida en que la guerra perturbe este nuevo papel para la región, eso será otro riesgo para la economía mundial.
El analista John Cassidy, del New Yorker, añade un último elemento: si el resto de los precios siguen subiendo arrastrados por el petróleo, la Reserva Federal puede subir las tasas, como hizo en 1973 y en 1979: “En ambos casos, la economía entró en recesión”, y eso golpeará al resto del mundo.
Ganadores y perdedores

La BBC hizo un reporta tratando de identificar ganadores y perdedores de esta crisis del petróleo.
Entre los ganadores mencionó a Noruega, Canadá y Rusia. El impacto de un bloqueo de facto y los ataques a la infraestructura energética en la región han golpeado duramente a productores del Golfo como Qatar y Arabia Saudita. A medida que los clientes buscan fuentes alternativas, esos tres países figuran en la lista.
Desde que Rusia invadió Ucrania en 2022, muchos países buscaron dejar de depender del gas ruso: Noruega pudo aumentar la producción y aprovechar la situación. Canadá también se ofrece ahora como "un productor de energía estable, fiable, predecible y basado en valores" y abierto a hacer negocios aunque hay dudas sobre su capacidad para aumentar la producción.
Rusia podría ser gran ganadora. Como EEUU se ve obligado a relajar las sanciones que le había impuesto, con tal de aliviar la escasez de suministro global, las ventas de crudo ruso a India aumentaron 50% y podría ganar hasta 5.000 millones de dólares sólo este mes (y destinarlos a su guerra contra Ucrania).
En la lista de perdedores, el informe incluye, además de Estados Unidos, a Reino Unido y al resto de Europa. La economía estadounidense puede estar ingresando dinero extra del petróleo que exporta, como dijo Trump, pero el aumento se va a trasladar a los costos internos y la inflación.
La dependencia de los consumidores europeos, y los del Reino Unido, del gas importado en particular, significa un mayor riesgo para el crecimiento de sus economías, de por sí débil o nulo en los últimos años.
El shock de febrero en los precios puede añadir hasta 0,5% a la inflación de sus economías a finales de año, por el impacto adicional en fertilizantes para producir alimentos y en el costo del transporte de bienes, por más que Europa haya añadido muchas fuentes renovables en su transición.
A su vez, Asia obtiene el 59% de su petróleo crudo de Medio Oriente, y Corea del Sur, hasta el 70%, lo que explica los derrumbes bursátiles y los riesgos que ya se consideran para la crítica industria de semiconductores (más de la mitad de los chips de memoria globales son surcoreanos).
En nuestra región, según Goldman Sachs, la crisis modificará las previsiones de inflación, crecimiento y política monetaria, aunque no impactará ni se extenderá de manera uniforme en sus países, algunos exportadores netos como Argentina, Brasil, Colombia y Ecuador.
En esos países, un aumento del 10% en el precio global del petróleo puede tener un impacto positivo en el saldo comercial de entre 0,1% y 0,2% del PIB. En cambio, puede perjudicar hasta en 0,4% los saldos de Chile, escenario de las primeras protestas contra el presidente José Antonio Kast esta semana por el aumento del combustible.



