El mundo en 2020/2021, según el FMI





El Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció sus proyecciones para 2020-2021 y, en general, son inquietantes para la economía mundial. Según su propia jefa, la búlgara Kristalina Georgieva, se está siguiendo una tendencia muy similar a la que culminó en el crack financiero de 1929 y la Gran Depresión que le siguió.


“En cierto modo, esta preocupante tendencia recuerda a la primera parte del Siglo XX, cuando las fuerzas combinadas de la tecnología y la integración condujeron a la primera época dorada, los felices años 20 y, finalmente, la catástrofe financiera”, encendió las alarmas Georgieva en Washington al comenzar el año.


Días después, el Panorama Económico Mundial (WEO, por sus siglas en inglés) de enero estimó un modesto aumento del crecimiento de 2,9% para el pasado 2019, y proyectó 3,3% para 2020 y 3,4% para 2021 (con una revisión a la baja de 0,1% para 2019-20 y de 0,2% para 2021, respecto del anterior informe de octubre).

El Fondo atribuye esa revisión a la baja a resultados inesperados negativos de la actividad en economías de mercados emergentes, en particular India, que hicieron revaluar las perspectivas de crecimiento hasta 2021, pero menciona otros casos en los que, como Chile, se tomó en cuenta el impacto del mayor malestar social.


“La incertidumbre en torno a las políticas comerciales, las tensiones geopolíticas y la tensión característica de las principales economías de mercados emergentes siguieron imponiendo lastres a la actividad económica mundial -en especial la manufactura y el comercio- en el segundo semestre de 2019”, evaluó el WEO.


También “la agudización del descontento social en varios países planteó nuevos desafíos”, al igual que lo hicieron desastres meteorológicos puntuales, desde huracanes en el Caribe, hasta sequías e incendios forestales en Australia, inundaciones en África oriental y sequías en el sur de África.


Incipientes señales

Como positivo, el FMI destaca que la actitud de los mercados se vio estimulada por indicios de que la actividad manufacturera y el comercio internacional están llegando a un punto de inflexión, gracias a los avances en las tratativas comerciales entre Estados Unidos y China, y al quedar descartado un Brexit sin acuerdo con la UE.


Aunque “los datos macroeconómicos mundiales aún no arrojan señales visibles de que se esté llegando a puntos de inflexión”, el Fondo observa en el último cuatrimestre de 2019 un conjunto de riesgos “menos sesgado a la baja”.


Estas “incipientes señales de estabilización podrían persistir”, pero alerta que los “riesgos a la baja” siguen ahí: la agudización de las tensiones geopolíticas, particularmente entre Estados Unidos e Irán, el aumento del malestar social, un nuevo empeoramiento de las relaciones entre Estados Unidos y sus socios comerciales, y una profundización de las fricciones económicas entre otros países.


“La materialización de estos riesgos podría provocar un rápido deterioro de la actitud, que daría lugar a una caída del crecimiento mundial por debajo del nivel de base proyectado”, advierte el FMI en el WEO.


¿Qué hacer, entonces? Según el Fondo, para afianzar la actividad económica y prevenir los riesgos a la baja “es indispensable lograr una cooperación multilateral más sólida y una combinación más equilibrada de políticas a nivel de los países, teniendo en cuenta el espacio monetario y fiscal disponibles”.


Los objetivos principales del organismo multilateral que dirige Georgieva siguen siendo desarrollar la resiliencia financiera, afianzar el crecimiento potencial y fomentar la inclusividad.

Para ello, “es necesaria una cooperación transfronteriza más estrecha en diversos ámbitos, para subsanar los problemas con el sistema comercial basado en reglas, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y apuntalar la arquitectura tributaria internacional”.

Le siguen apreciaciones relevantes para la nueva dirección del Fondo: “Las políticas en el plano nacional deben proporcionar un respaldo oportuno a la demanda según sea necesario, valiéndose de herramientas fiscales y monetarias en función del margen del que se disponga para la aplicación de políticas”.


“En todas las economías, un imperativo clave -y cada vez más pertinente en un período de creciente descontento- consiste en ampliar la inclusividad, y garantizar que las redes de protección social estén en efecto protegiendo a los más vulnerables y que las estructuras de gobierno refuercen la cohesión social”.


Los desarrollados

Las señales incipientes de estabilización reforzaron la actitud en los mercados financieros, que ya se había visto afianzada por recortes de las tasas de los bancos centrales, según el FMI.


“Los mercados -dice- parecen haber interiorizado las perspectivas para la política monetaria de Estados Unidos y la decisión de la Reserva Federal de poner la orientación futura de esa política en «compás de espera», tras haber efectuado tres recortes en el segundo semestre de 2019”.


En las economías avanzadas, el Fondo proyecta que el crecimiento se estabilice en 1,6% en 2020–21 (0,1% menos que en el WEO de octubre, por revisiones a la baja en Estados Unidos, la zona euro y el Reino Unido, y recortes en economías avanzadas de Asia, en particular la RAE de Hong Kong tras las protestas).


En Estados Unidos, el FMI prevé que el crecimiento se modere de 2,3% en 2019 a 2% en 2020 y luego a 1,7% en 2021, por el fin del efecto de la baja de impuestos (tendiente a la “neutralidad fiscal”) y el impulso cada vez menor derivado del relajamiento de las condiciones financieras.


El crecimiento en la zona del euro repuntará de 1,2% en 2019 a 1,3% en 2020 y a 1,4 en 2021, dice el WEO. Las mejoras proyectadas de la demanda externa facilitan el afianzamiento previsto del crecimiento. Pero el FMI revisó a la baja las proyecciones de 2020 para Alemania, donde la actividad manufacturera aún estaba en terreno contractivo a finales de 2019, y para España. Para el Reino Unido, la estimación es de 1,4%, si hay “salida ordenada” de la UE.


Los emergentes

La trayectoria del crecimiento mundial denota un “descenso marcado seguido de un retorno a niveles más próximos a las normas históricas” para algunas economías de mercados emergentes y en desarrollo “de desempeño deficiente” y que soportan las actuales tensiones (el FMI incluye a Brasil, India, México, Rusia y Turquía).


“El perfil de crecimiento también depende de que las economías de mercados emergentes relativamente saludables mantengan su desempeño sólido aun cuando las economías avanzadas y China continúan desacelerándose gradualmente hacia sus tasas de crecimiento potencial”, estima el WEO.


Pese a todo, el FMI espera que los efectos de la sustancial distensión monetaria en las economías avanzadas y de los propios mercados emergentes en 2019 sigan propagándose en la economía mundial en 2020.


De hecho, “sin este estímulo monetario, la estimación de crecimiento mundial para 2019 y la proyección para 2020 habrían sido 0,5% más bajas en cada año”.


La recuperación mundial debería ir “acompañada de un repunte del crecimiento del comercio” aunque el Fondo hace depender esos resultados, en gran medida, de la guerra comercial EEUU-China, del Brexit y también de las ramificaciones económicas “derivadas del descontento social y las tensiones geopolíticas”.


En el grupo de las economías de mercados emergentes y en desarrollo, se prevé que el crecimiento aumente a 4,4% en 2020 y a 4,6% en 2021, desde un nivel estimado de 3,7% en 2019.


Esos datos reflejan una combinación de las recuperaciones proyectadas tras profundas desaceleraciones en las economías de mercados emergentes con tensiones y desempeños deficientes, y la desaceleración estructural en China.


Para las economías emergentes y en desarrollo de Asia se pronostican leves aumentos del crecimiento, de 5,6% en 2019 a 5,8% en 2020 y 5,9% en 2021, en gran parte por una revisión a la baja de la proyección para India, donde la demanda interna se ha desacelerado más marcadamente de lo previsto.


Se estima que el crecimiento de India en 2019 se sitúe en 4,8%, y se proyecta que mejore a 5,8% en 2020 y 6,5% en 2021, y el de China disminuya levemente del 6,1% estimado para 2019 a 6,0% en 2020 y 5,8% en 2021.


El repliegue parcial de aranceles previos y el freno a otros nuevos, tras el acuerdo de la Fase 1 con EEUU, probablemente aliviarán la debilidad cíclica a corto plazo, y el resultado será una mejora de 0,2% en el pronóstico de crecimiento de China, aunque las controversias no resueltas “seguirán entorpeciendo la actividad”.


América Latina

Para América Latina, el WEO proyecta que el crecimiento se recupere de un 0,1% estimado en 2019 a 1,6% en 2020 y a 2,3% en 2021, menos de lo esperado tres meses atrás por el Fondo, que lo atribuye a un recorte de las perspectivas de crecimiento de México en 2020-21 y a una importante revisión a la baja del pronóstico de crecimiento para Chile, afectado por la tensión social.


“Estas revisiones están en parte compensadas por una revisión al alza del pronóstico de 2020 para Brasil, gracias a una mejora de la actitud tras la aprobación de la reforma de las pensiones y la disipación de las perturbaciones de la oferta en el sector minero”, dice el FMI.

Según el FMI y de acuerdo con sus “prioridades de política económica para las economías de mercados emergentes y en desarrollo”, los casos que atraviesan dificultades macroeconómicas relacionadas con desequilibrios internos tendrán que seguir realizando “los ajustes de política necesarios para restaurar la confianza y sentar las bases para el retorno a un crecimiento estable y sostenible”.


Por un lado, sostiene, “en estos contextos, sigue siendo crucial garantizar que existan redes de seguridad adecuadas para proteger a los vulnerables dentro de las limitaciones reinantes”.


Por otro, “las economías fuertemente endeudadas deben en general procurar la consolidación -regulando su ritmo para evitar una desaceleración drástica de la actividad- y a tales efectos deben focalizar mejor los subsidios, ampliar la base de generación de ingresos y garantizar un mejor cumplimiento”.


Para el Fondo, “esta consolidación crearía espacio para combatir las desaceleraciones e invertir en necesidades de desarrollo, algo que es de especial interés en los países en desarrollo de bajo ingreso a fin de que avancen hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas”.

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