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Todo el poder a Takaichi

  • hace 5 horas
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Sanae Takaichi, la primera mujer que gobierna Japón, consiguió un masivo apoyo electoral a un ambicioso plan de relanzamiento económico y militar del país recuperando un tono nacionalista que la alinea con el EEUU de Trump y agita la región.


Japón inicia, con la arrolladora victoria electoral de la primera ministra Sanae Takaichi, una etapa histórica que deja atrás siete décadas de desarrollo contenido para adoptar una actitud general asertiva que impacta en China y el sur de Asia, aunque mucho dependerá del éxito económico de su gestión.


Takaichi (64), definida como “la Dama de Hierro japonesa” por su admiración a Margaret Thatcher, había llegado al poder en octubre, cuando se impuso en voto legislativo a varios candidatos del hegemónico Partido Liberal Democrático (PDL) con un discurso populista, nacionalista y desafiante con China. 


Elegida por el Parlamento con la mayoría del PLD para suceder a su copartidario Shigeru Ishiba (2024-2025), apenas cuatro meses después, pese a que gozaba ya de alta aprobación, subió la apuesta y llamó a unas elecciones que le dieron a su partido una “súper mayoría” de 316 bancas (tenía 198) sobre las 465. 

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Con la mayoría más amplia en el Japón democrático moderno, superior incluso a la de su mentor el asesinado primer ministro Shinzo Abe (2006-2007, 2012-2020), Takaichi emprenderá sus ambiciosas reformas como la gobernante más poderosa del país desde la II Guerra Mundial.


Su programa se resume en poner fin a la “austeridad excesiva” para relanzar la que todavía es la quinta economía global; fortalecer las “fuerzas de defensa” permitidas al país, sin Ejército regular desde la II Guerra Mundial; y, finalmente, endurecer los controles migratorios aunque la sociedad siga envejeciendo.


Enfrente, tendrá una oposición reducida al mínimo y disgregada, tras la derrota sufrida por la flamante Alianza de Reforma Centrista, formada de apuro para enfrentar a Takaichi con un programa moderado del Partido Democrático Constitucional y del que fuera socio del PLD hasta hace poco, el Komeito. 


“Con su estilo directo y su mensaje de ‘Primero, crecer’, fue más capaz de atraer a los independientes cuando la mayoría de los japoneses anhela un cambio en medio del descontento económico generalizado”, interpretó Ian Bremmer.


Economía y demografía



Takaichi prometió a los japoneses "políticas económicas y fiscales completamente nuevas" para relanzar una economía que, después de décadas de luchar contra un débil crecimiento (1,1% en 2025), lidia con una inflación inusualmente alta (3,1%) y un altísimo nivel de deuda (+200% del PIB), mientras define su nuevo lugar en el tablero tecnológico que supo dominar en los años 80 y 90.


La primera ministra juró que conseguiría el dinero necesario para relanzar a Japón aunque bajando los impuestos al consumo para contener el alza del costo de vida a la vez que sube los fondos del presupuesto social, en defensa y tecnología. 


¿De dónde saldrán los fondos? El nivel de deuda de Japón se volvió altísimo: más del doble de su PIB, la más alta del mundo desarrollado.


Por décadas, el país financió su gasto con tasas de interés bajísimas que minimizaban el costo de endeudarse. Pero el Banco Central de Japón invirtió esa política en 2024, ante los indicios de inflación alta, y todo se complicó.


"El pueblo japonés me dio un fuerte impulso para llevar a cabo cambios en la política sin importar el costo", desafió Takaichi. Contra la histórica tendencia ahorrista del Japón moderno, es hora de "abandonar por completo la excesiva restricción fiscal y la escasez de inversiones en el futuro", dijo.


Antes de dejar el poder, Ishiba le allanó el camino de un acuerdo comercial con Estados Unidos en julio. El presidente Donald Trump, entusiasta aliado de Takaichi, rebajó aranceles recíprocos de 25% a 15% a cambio de inversiones japonesas por 550 mil millones de dólares en el futuro, aunque de incierto cumplimiento.


Con ánimo thatcheriano, Takaichi está convencida de que no necesitará endeudarse más para afrontar ese gasto adicional y los recortes de impuestos, y que sus políticas generarán suficiente crecimiento e ingresos para pagarse a sí mismas. 


“Eso es... optimista”, advierte Bremmer sobre los planes de la primera ministra, que imagina presionar a los inversores institucionales nacionales para que compren más bonos resignando rendimiento, al menos corto plazo.


Al mismo tiempo, la nueva corriente nacionalista del PLD liderada por Takaichi, con gran respaldo popular, promete endurecer las políticas migratorias con requisitos más rígidos para obtener la nacionalidad japonesa, límites a la residencia extranjera y “medidas estrictas” para los foráneos que comentan infracciones.


A finales de 2024, Japón tenía sólo 3,7 millones de residentes extranjeros, un 3% de su población, pero había aumentado 10,5 % en sólo un año y el mayor aporte es de China, con 23,2%, seguida de Vietnam (16.8%).


Eso, en un país de escaso territorio y 123 millones de habitantes que no dejan de reducirse hace 15 años por la crisis demográfica y envejecimiento de su población: es el país más anciano del mundo (30% tiene más de 65 años). Pero mientras en 2024 los japoneses tuvieron 41.000 bebés menos que en 2023, ese 3% de extranjeros en el país registró 23.000 nacimientos, 3.000 más que el año anterior.


Paso al frente



Donde más se aprecia la actitud asertiva que Takaichi ha decidido imprimirle al Japón del Siglo XII es en el campo de las relaciones exteriores, en el que tiene a Trump como su mejor valedor y a la China de Xi Jinping como principal obstáculo para expandir la nueva influencia nipona en el sur de Asia.


La herramienta elegida por la primera ministra es la disuasión militar, impensado hasta hace poco en el país cuya Constitución de posguerra lo hace pacifista y que sigue cicatrizando las heridas de las dos bombas lanzadas por EEUU en Nagtasaki e Hiroshima en 1945, para abrir la era de las armas atómicas.


Takaichi tiene decidido crear un servicio nacional de inteligencia, un organismo especial para controlar el destino de las inversiones chinas entrantes y aprobar una ley antiespionaje, mientras revisa y reescribe la estrategia de seguridad nacional que pueda plasmar el giro belicista de Japón.


En la práctica, pretende aumentar el gasto en defensa, desarrollar armas ofensivas e impulsar las exportaciones de armas, además de intensificar la cooperación en seguridad con Australia, India, Corea del Sur y Filipinas para reducir la dependencia de Japón del propio Estados Unidos en materia de seguridad.


Si bien reformar la Constitución pacifista redactada por EEUU en la posguerra es una opción para Takaichi, la ha planteado en el largo plazo para conformar el ala más derechista del PLD y necesita un mayoría súper calificada en las dos cámaras (el oficialismo no controla totalmente el Senado).


Takaichi mantuvo una primera reunión formal con Xi en la cumbre de la ASEAN, apenas asumió en octubre, pero cuando esbozó un apoyo a Taiwán, enseguida China respondió con restricciones al turismo, prohibición del comercio de de mariscos, y controles de exportación de artículos y tierras raras. Japón estará en la agenda de la cumbre que sostendrán en abril Trump y Xi Jinping, en Beijing.


Antes, Takaichi planea visitar a Trump en Washington, donde anunciará inversiones japonesas en proyectos estadounidenses, y no se descarta que el presidente le devuelva atenciones haciendo una escala en Tokio, camino a su cumbre con Xi.


China sigue siendo el mayor socio comercial de Japón y una escalada en las tensiones diplomáticas puede perjudicar seriamente el costado más débil de los ambiciosos planes de “la Dama de Hierro japonesa”: la economía.


 
 

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