¿Un nuevo orden comercial?
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Actualizado: hace 25 minutos

La guerra arancelaria lanzada por Trump precipitó una sucesión de acuerdos entre el resto de los países y bloques que perfilan un nuevo orden comercial en el que EEUU resulta debilitado como actor principal y se ve obligado a reaccionar.
La Unión Europea (UE), Canadá, Reino Unido, China e India protagonizaron en este comienzo de 2026 una serie de acuerdos más o menos ambiciosos que, en conjunto, comienzan a dibujar un nuevo mapa comercial global como respuesta a la guerra arancelaria de Estados Unidos.
La seguidilla fue tan impactante que empujó al propio Donald Trump a cerrar el acuerdo que había retaceado durante meses a India. Cansada de esperar, India ya había creado con la UE la Unión Europea (UE) la mayor zona de libre comercio del mundo, negociada también por años.
Trump aceptó entonces rebajar los aranceles a India, del 50% a 18%, a cambio de que Nueva Delhi deje de comprar petróleo a Rusia (parte del BRICS, como China) y lo haga en EEUU y Venezuela. India eliminará aranceles a productos estadounidenses y comprará 500 mil millones de dólares en energía, tecnología y bienes agrícolas.
"Cuando dos grandes economías y las mayores democracias del mundo trabajan unidas, beneficia a los pueblos y abre enormes oportunidades para cooperación en beneficio mutuo", dijo el presidente Narendra Modi.
El proteccionismo había sido una impronta de la primera presidencia de Trump (2017-2021), pero el “Liberation Day” arancelario de 2025 desató una guerra comercial de la Casa Blanca que, como en otras áreas, corrió a Estados Unidos de su histórico rol de creador y garante de un orden global general desde 1945, que desde los 90 incluyó como regulador a la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El golpe alteró naturalmente los circuitos del suministro comercial global, como lo habían hecho antes la pandemia y la guerra de Ucrania, mientras Trump ejercía un transaccionalismo agresivo que abrió una sucesión de renegociaciones, algunas todavía en marcha como con China, blanco principal de la ofensiva.
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Entonces, potencias medias y países menos desarrollados comenzaron a pergeñar alternativas al hormiguero pateado por Washington y a considerar nuevos mercados para sus bienes y servicios, o potenciar los existentes -como Europa y América Latina- ahora que el gran destino de EEUU encarecía sus exportaciones. No está claro aún si habrá una restauración del multilateralismo sin EEUU.
Trump tiene académicos que avalan el abandono del antiguo orden comercial, hijo de un mundo unipolar extinto reemplazado por la amenaza del gran superávit de China: “Los líderes que lo sucedan pueden y deben basarse en aquellos elementos de su enfoque disruptivo que, de hecho, representan pasos hacia una formulación de políticas comerciales más pragmática y menos centrada en las reglas que reinó durante la mayor parte de la historia de EEUU”, sostiene Peter E. Harrell.
Pero Trump II, agitando la bandera del America First, revisó no sólo todo el orden comercial mundial, sino el geopolítico en general, desde Groenlandia a Venezuela pasando por Irán. Entonces llegó el Foro Mundial de Davos 2026, y el discurso del primer ministro canadiense Mark Carney, quien resumió el sentir del resto.
Ante el contraste con la estrategia general Beijing, que sin dejar de responder se ofrece como una referencia previsible, el mundo ya considera seriamente un “pivot to China”, un giro hacia China. Sólo en enero, visitaron Beijing líderes de Francia, Reino Unido, Irlanda, Canadá, Corea del Sur y Uruguay.

Carney proclamó “el fin de una ficción agradable”, el orden mundial liberal nacido en la posguerra del Siglo XX, y “el comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción”. Y dio su receta: las potencias medias y “su capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre, de reforzar nuestra posición en casa y de actuar juntos”.
“Esta no es la década de 1930”, había dicho Jacob Kirkegaard, investigador principal en Bruselas del Instituto Peterson, en alusión al antecedente de la guerra comercial que Trump ha citado como inspiración histórica. “No es el fin del sistema de comercio mundial. Estamos yendo a un sistema de comercio mundial diferente”.
Antes y después de ese histórico discurso de Carney desafiando la estrategia de Trump, el mundo asistió a la negociación o concreción de una serie de acuerdos comerciales de países y bloques que marcará el inicio de un nuevo orden comercial todavía en ciernes, pero con potentes señales que a continuación resumimos.
Estos cambios se recortan sobre la disputa entre las dos mayores potencias económicas, China y EEUU. Así, mientras Trump persigue un dólar más débil que licue la pesada deuda pública de EEUU y le dé competitividad a sus exportaciones, Xi Jinping propone al yuan como futura moneda global de reserva. Y, en tanto, siguen negociando su propia tregua comercial a largo plazo.
En 2025, en plena guerra arancelaria, el superávit comercial de China alcanzó un récord de 1,2 billones de dólares, su ingreso mensual de divisas tocó otro de 100 mil millones, el uso global de su moneda, el yuan, se ha expandido y su economía -con problemas internos de burbuja inmobiliaria y deflación- creció a un ritmo de 5%.
Trump elevó los aranceles a China a más del 100% en abril de 2025, antes de revertir parcialmente y conformarse con una tregua temporal, mientras que Beijing impulsó sus exportaciones a mercados no estadounidenses y lanzó medidas de apoyo para sus empresas y mercados privados.
Los envíos chinos a EEUU. cayeron 20% en 2025, pero aumentaron 25,8% a África, 7,4% a América Latina, 13,4% al sudeste asiático y 8,4% a la UEa el año pasado.
La madre de todos los acuerdos

La Unión Europea (UE), un mercado de más de 500 consumidores alcanzado de lleno por aranceles que Trump rebajó a 15% en 2025 pero amenazó con subir otra vez si Europa resiste la anexión de Groenlandia, cerró tres nuevos pactos comerciales: Suiza, el Mercosur y, “la madre de todos los acuerdos”, con India, y negocia otros con México y Malasia.
"Esto es solo el principio", vaticinó la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Úrsula von der Leyen, después de haber firmado acuerdos con Mercosur y Suiza. Con India, las negociaciones arrancaron el 2007, se estancaron y ahora que EEUU electrizó el tendido comercial global se aceleraron. Tanto como para dejar atrás el intento de Trump de forzar a India a cerrar un acuerdo bilateral parecido en 2025.
India y la UE formarán la zona de libre comercio más grande del mundo, unos 2.000 millones de consumidores, y ahorrarán 4 mil millones de euros en aranceles (se eliminan en el 95% de bienes indios). India abre su mercado a los automóviles europeos y el sector agrícola -que demoró por años el UE-Mercosur por la queja de los agricultores de Francia y otros países- queda básicamente excluido del tratado.
La UE ya es el primer socio comercial de India (el 11% del total) pero el país asiático es el noveno socio de los Veintisiete (2,4%). Los intercambios se han duplicado en la última década, en la que el bloque importa más de lo que vende, pero es uno de los principales inversores extranjeros en suelo indio, con más de 140.000 millones de euros en 2023, y presencia de unas 6.000 empresas.
"Podríamos ver un número creciente de alianzas entre otros países a medida que nos acostumbramos a este tipo de mundo multifacético donde las economías ya no pueden depender completamente de EEUU", comentó la analista Seema Shah.
La UE espera duplicar las exportaciones europeas a India, que en 2024 llegaron a 48.800 millones de euros. Las importaciones llegaron a 71.300 millones.
El Instituto Kiel para la Economía Mundial destacó que las dos regiones suman casi 20% del PIB global y casi 25% de la población mundial. Según la UE, el acuerdo marco contribuirá a abrir los mercados, integrar las cadenas de suministro y generar empleo y riqueza para dos “gigantes”.
El acuerdo “aúna las habilidades, los servicios y la escala de la India con la tecnología, el capital y la innovación de Europa”, dijo von der Leyen. “Creará niveles de crecimiento que ninguna de las dos partes podría alcanzar por sí sola. Y al combinar estas fortalezas, reducimos las dependencias estratégicas, en un momento en que el comercio se utiliza cada vez más como arma”, dijo el presidente indio, Narendra Modi, que ya había firmado acuerdos con Reino Unido y EFTA.
Como contexto de este nuevo orden comercial en ciernes, India se acercó incluso Rusia y es su segundo comprador de su petróleo desde la invasión de Ucrania en 2022, lo que le valió presiones de Trump que ignoró, al punto de viajar incluso a China, potencia con la que mantiene rivalidad y una frontera cargada de conflictos. O sea, la UE firma un gran acuerdo con un socio comercial del agresor de Ucrania.
El caso de Canadá

Otro resultado de las múltiples ofensivas de Trump se verificó en su socio y vecino, Canadá, del cual ironizó apenas inició su segunda presidencia que debería convertirse en el 51° estado de Estados Unidos. Esa presión sólo consolidó el gobierno del liberal Mark Carney, un experimentado banquero central.
Un año después, fue Carney quien explicitó lo que ningún gobernante de una potencia desarrollada o en desarrollo antes: el fin del orden mundial nacido en 1945 y el inicio de una nueva etapa en la que invitó a las “potencias medias” a crear uno nuevo desde sus propios principios e intereses, frente a la “brutalidad” imperante.
“En un mundo marcado por la rivalidad entre las grandes potencias, los países intermedios tienen dos opciones: competir entre sí para obtener favores o unirse para crear una tercera vía que tenga peso”, dijo Carney en el Foro de Davos.
Días después, Canadá cerró un acuerdo comercial limitado con China para reducir los aranceles sobre vehículos eléctricos y aceite de canola, y abrir mercados de exportación de 7 mil millones de dólares, y consideró el de la UE con India como el “ejemplo perfecto de que no vamos a vivir en un mundo donde la fuerza impone las reglas, donde los más fuertes imponen aranceles al resto”.
De todos modos, EEUU sigue siendo por lejos el socio comercial más grande de Canadá (integran el TMEC de América del Norte con China), lo que habilitó a Trump a amenazarla con aranceles de 100% si de esos acuerdos pasaba a uno general.
Trump impuso un primer arancel del 25 % a la mayoría de los productos de Canadá en 2025 y los llevó a 35%. Casi 70 % de las exportaciones canadienses van a EEUU, mientras solo el 5% se destina a China, segundo socio comercial.
El comercio con EEUU se redujo 4% en los primeros 10 meses de 2025, mientras que el comercio con otros mercados aumentó 13%. Por primera vez, Canadá exporta gas natural a Asia y la proporción de petróleo canadiense vendido a países distintos de EEUU pasó del 2 % al 10 %, en gran medida gracias a China.
En marzo, mientras negocia nuevos acuerdos en Asia y en América Latina, Carney tiene programado viajar también a la India, para firmar otros sobre uranio, energía, minerales e inteligencia artificial.
El giro del Reino Unido

Reino Unido, abrazado a Estados Unidos por la histórica “special relationship” desde la II Guerra Mundial, y aliado estrecho en temas de seguridad, también dio un paso relevante en el tablero comercial, con la primera visita en ocho años de un primer ministro británico a China, la del laborista Keir Starmer, al presidente Xi Jinping.
En el caso de China, que según los analistas ha logrado mostrarse no sólo como un mercado apetecible sino como un "socio estable" para muchos países, Reino Unido sacó la relación bilateral de lo que Starmer definió como una "edad de hielo", a través de un acuerdo que dé más“sofisticación” al intercambio comercial.
Xi dijo que China estaba dispuesta a "trascender las diferencias" con Reino Unido. "Por mucho que China se desarrolle y se fortalezca, no representará una amenaza para otros países", aseguró en alusión tácita a la agitación creada por Trump, y dejando atrás suspicacias por espionaje china en suelo británico y las demandas occidentales históricas sobre la situación de los derechos humanos en su país.
"Durante años, nuestro enfoque hacia China ha estado plagado de inconsistencias, pasando de frío a caliente, de la Edad de Oro a la Edad de Hielo", dijo Starmer. "Pero nos guste o no, China es importante para el Reino Unido".
Mercosur, firmado pero…

Después de 27 años de tortuosas negociaciones, y alentados por el escenario de creado por la guerra comercial, la UE y el Mercosur firmaron en enero el acuerdo que crea un área de libre comercio de más de 700 millones de consumidores, pese a la resistencia final de varios países agrícolas europeos.
Una mayoría suficiente de 21 de los 27 países de UE aprobaron el acuerdo con el Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), pese a la oposición de Francia, Polonia, Irlanda, Austria y Hungría (votaron en contra, Bélgica se abstuvo).
Pero la resistencia persistió y, a la hora de conseguir la aprobación del Parlamento Europeo esa mayoría de los gobiernos se debilitó y por 334 votos a 324 los grupos políticos impusieron la obligación de hacer pasar el tratado por el Tribunal del Justicia Europeo, con el argumento de que podía violar normas internas del bloque.
El primer ministro alemán, Friedrich Merz, uno de los máximos impulsores del acuerdo, calificó la decisión del Europarlamento como “lamentable. No interpreta correctamente la situación geopolítica”, dijo, y clamó: “Basta de demoras”.
Según los cálculos del Centro Europeo para la Política Económica Internacional, la demora en la aplicación del acuerdo cuesta miles de millones de euros en exportaciones. En los cinco años que pasaron entre la firma del primer principio de acuerdo y el segundo, el costo habría sido de unos 183.000 millones. Esa cifra se eleva a 280.000 si tardara tres años más en entrar en vigor.
El acuerdo suprime más del 90% de aranceles a las exportaciones europeas, lo que ahorraría a las empresas de la UE más de 4.000 millones de euros anuales en aranceles, mientras ofrece a los cuatro países del Mercosur mercados más amplios para sus alimentos y productos básicos.
Continuando una tendencia de décadas, en 2025 el peso de la UE en el comercio exterior argentino fue el más bajo en al menos 45 años.
A finales de enero, cuando ya se sabía que la justicia europea podría tomarse hasta dos años para revisar el acuerdo pero también que Bruselas podría decidir una adopción “provisional” apenas los países del Mercosur lo ratifiquen, los productores agrícolas de Francia y España seguían manifestándose en las calles.




