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Las "cucarachas" de India

  • hace 15 horas
  • 5 min de lectura


El imparable empuje de la Generación Z en el país más poblado del mundo, traducido recientemente en el singular movimiento “Cockcroach” (Cucaracha), pone al poder  político de India ante la disyuntiva de incorporarla al desarrollo económico o arriesgarse a perder el control que mantiene por ahora. 


El movimiento virtual Cockroach (Cucarachas), nacido del insulto de un juez supremo y seguido por millones de jóvenes estudiantes estafados en exámenes de ingreso a la universidad, forzó en las calles la renuncia del ministro de Educación y dejó un inquietante aviso al gobierno del primer ministro Narendra Modi.


 La movilización en Nueva Delhi, convocada por el informal Cockroach Janata Party, liderado por Abhijeet Dipke, un joven de 30 años educado en Boston, expresa el doble filo de demandas (educación, empleo, vivienda) y tremendo potencial democrático y productivo que caracteriza a la Generación Z india.  


Dharmendra Pradhan, el renunciante ministro de Educación, el primero de los 12 años de gobierno de Modi que deja el cargo por protestas populares, argumentó que se iba para “preservar la unidad nacional”, además de garantizar que el futuro de ningún estudiante indio se vea envuelto en complicaciones legales”.


La tormenta política que sacudió al hinduísta Modi, acostumbrado a consolidar su amplio apoyo detrás de consignas y medidas nacionalistas, se levantó en dos actos. 


El primero, un ministro de la Corte Suprema, Surya Kant, llamando “parásitos” y  “cucarachas” a activistas que denuncian el desempleo juvenil (9,9% entre los jóvenes de 15 a 29 años). Cuando Kant aclaró que se refería solo a personas con títulos “falsos y fraudulentos” era tarde: “¿Y si todas las cucarachas nos juntamos?”, preguntó Dipke (foto) y terminó con 26 millones de seguidores en Instagram. 


El segundo, la filtración -y sospechada de corrupción estatal- de exámenes de ingreso a estudios de medicina, como había ocurrido con otros durante años. Unos 2,3 millones de estudiantes se presentaron a rendir y a competir por sólo 140.000 plazas). El examen se anuló y 12 postulantes se suicidaron.


Todo alcanzó dimensión internacional cuando el activista y educador Sonam Wangchuk se unió a los jóvenes a finales de junio con una huelga de hambre y el gobierno tuvo la mala idea de llevarlo por la fuerza a un hospital. Las calles se inundaron y la violenta represión policial en Nueva Delhi sólo extendió la hoguera.


El silencio de Modi, quien llegó al poder después de otro movimiento nacional contra la corrupción (Anna Hazare, 2011), y ya afrontó una larga protesta de campesinos en 2020-2021, impactó negativamente entre las “cucarachas”.


"Yo apoyaba a Modi cuando hacía cosas buenas, pero poco a poco me he dado cuenta de que sólo divide a la gente por motivos religiosos y no hace nada más", declaró una joven manifestante, Radhika, a la BBC, sobre las tensiones de la mayoría hinduísta y la minoría musulmana bajo el actual gobierno.


Según el historiador Mukul Kesavan, los estudiantes “ganaron, en parte, porque no eran visiblemente musulmanes. Había musulmanes, pero era una protesta sobre la corrupción en exámenes de ingreso, una cuestión que preocupa a todas las familias de clase media de India. No era fácil tacharla de conspiración antinacional”.


Enseguida, Modi convocó a Nandan Nilekan, un magnate tecnológico, y le encargó una reforma del sistema de exámenes en el país, embarcado en un trabajoso proceso de desarrollo desde el Sur Global, y mientras se hamaca estratégicamente entre EEUU y China para definir su política comercial y de defensa.


“Hagamos lo que hagamos, lo haremos dentro del marco constitucional. Lo haremos de una manera muy democrática y pacífica. No será algo parecido a lo que vimos en Nepal o Bangladesh", dijo Dipke para distinguir las pretensiones políticas del movimiento Cucaracha de protestas anteriores de la Generación Z.


En un contexto de guerras que agravan las tensiones económicas nacidas de la crisis de 2008, la pandemia (2020-2022) y la creciente desigualdad, los jóvenes de todo el mundo traducen sus frustraciones con la educación y el empleo en protestas que preanuncian movimientos políticos de mayor envergadura. 


¿Divino tesoro?



La protesta “cucaracha” caló hondo en gran parte de la clase media india, más allá de diferencias religiosas, de casta o sectoriales, con ciudadanos expresando su indignación por la falta de oportunidades educativas y laborales en el país gobernado por Modi (foto).


La edad promedio de India es de 29 años, y más del 40% de los indios -unos 600 millones de sus 1.420 millones de habitantes- tiene menos de 25 años. La gran mayoría de la población se sitúa en la franja de edad de 15 a 64 años, es decir, en sus años de mayor productividad.


La juventud india es un activo capaz de generar un "dividendo demográfico" frente a competidoras como China, que empiezan a sentir el rigor del envejecimiento. Esa ventaja, sin embargo, se perderá si el sistema educativo sigue mal gestionado, con disparidades de género en escuelas y empleos (como en Bangladesh o Nepal).


Para tener una dimensión del caldo de cultivo de las protestas, en 2022 unas 10 millones de personas compitieron por apenas 35.000 empleos en los ferrocarriles, según la estatal Indian Railways. Otro estudio, de la Universidad Azim Premji, reveló que casi el 40% de los graduados de entre 15 y 25 años estaba desempleado.


Hasta ahora, Modi tenía a la juventud en el centro de sus discursos y de su proyección de una "Viksit Bharat" -"India desarrollada"-, de cara al primer siglo de India como nación Independiente, en 2047, dentro de dos décadas, una meta que choca contra las urgencias expresadas por los estudiantes de medicina.


El CJP, cuyo logotipo es una orgullosa cucaracha con gafas de sol y el lema “La voz de los vagos y desempleados”, quiere “cambiar el discurso político de la India", afirmó Dipke. "La juventud india ha desaparecido prácticamente del discurso político convencional. Nadie habla de nosotros. Nadie escucha nuestras inquietudes ni intenta siquiera reconocer nuestra existencia", resumió.



Una reciente encuesta de Deloitte Global señaló que la Generación Z del país -aquellos nacidos entre 1995 y 2007- se ha visto gravemente afectada por la falta de empleo y los precios elevados.


"Los miembros de la Generación Z reportan un mayor estrés financiero; una gran proporción destaca los desafíos para acceder a una vivienda y la inseguridad económica", indicó.


Los expertos señalan que a muchos jóvenes les preocupa que el problema se agrave a medida que la inteligencia artificial transforma los puestos de nivel inicial en la vasta industria de servicios de apoyo administrativo (back-office) del país.


El 54% de los jóvenes indios de la Generación Z y el 44 % de los millennials -nacidos entre 1983 y 1994- postergaron decisiones vitales importantes, como la compra de una vivienda, debido a preocupaciones económicas. 


Según la escritora Arundhati Roy, una ácida crítica de Modi, “es ingenuo pensar que esto (el movimiento de las Cucarachas, ndr) va a derivar en un cambio político importante. Pero sería una estupidez no considerarlo más que un mero momento de euforia”. 




 
 

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