EL POTENCIAL DE LA ECONOMÍA DIGITAL: EL CASO DE BANGLADESH

La digitalización está cambiando la forma en que los países en desarrollo planifican y construyen su desarrollo sostenible. Además de su alto atractivo y rendimiento, la economía digital también puede reforzar las desigualdades entre regiones y sectores de un país, como muestra el impactante caso de Bangladesh.

Hace 25 años, Don Tapscott acuñaba el término economía digital en su libro “La Economía Digital: promesa y peligro en la era de la inteligencia en red” (The Digital Economy: Promise and Peril in the Age of Networked Intelligence). En la obra, el economista canadiense advertía cómo la digitalización obligaría a repensar las definiciones tradicionales de economía, la manera en la que se genera riqueza, cómo funcionan las empresas y qué rol juegan las instituciones económicas.


La digitalización, pilar de la Cuarta Revolución Industrial, implica una red mundial de actividades económicas, transacciones comerciales e interacciones profesionales a través de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs).


Entre las características principales de la digitalización, los expertos como Tapscott subrayan la inmediatez de los flujos, el conocimiento (y los datos) como nueva unidad de valor; la centralidad de la innovación y la emergencia del prosumidor (el nuevo rol híbrido del individuo en el mercado, productor y consumidor en simultáneo).


Con el tiempo, organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) advirtieron el impacto transformador de la digitalización en el desarrollo sostenible. Reconocen que una economía digital es mucho más que el sector estrictamente digital, que constituye en el promedio global solo un 10% de la economía de un país (sea por su valor agregado, el empleo involucrado o la proporción de la renta que representa). No obstante, desde la OCDE al G20 el mundo lleva una década buscando abordar nuevas reglas fiscales para el sector.


La digitalización tiene el potencial de cambiar radicalmente el entorno social y las actividades económicas de una economía en desarrollo. Por ejemplo, con el comercio electrónico, las criptomonedas y las billeteras digitales muchos países emergentes han experimentado nichos de alto crecimiento, rápida innovación y amplia aplicación en varios sectores económicos.


Sin embargo, a pesar de las enormes oportunidades que ofrece la economía digital, el Sur Global todavía no ha aprovechado plenamente las posibilidades de aprovecharla en pos del desarrollo sostenible. ¿Causas?: la deficiente infraestructura de las TICs, el déficit de capital humano y los obstáculos socioeconómicos que impiden a gran parte de la población participar en los circuitos digitalizados.



El caso de Bangladesh


Un ejemplo de cómo un proceso de digitalización ocurre y qué consecuencias tiene en una economía en desarrollo es Bangladesh, en el sureste asiático. Con 165 millones de habitantes y una superficie equivalente a la de la provincia argentina de Mendoza, el pequeño Estado del subcontinente indio (43° del mundo por PIB) suele saltar a las noticias por los desastres climáticos en el delta del Ganges o los escándalos por el trabajo esclavo.


Sin embargo, la digitalización de los últimos veinte años de la economía bangladesí también permite descubrir otra realidad. Hoy, Bangladesh ocupa el noveno lugar mundial medido por la penetración de la telefonía móvil y el quinto por la base de usuarios de Internet. Además, según el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), Bangladesh será la 24ª economía más grande del mundo en 2030.


¿Cómo ha sido posible esto? La Liga Awami, partido de centroizquierda de Bangladesh del cual provinieron la mayoría de los primeros ministros, presentó una década atrás el plan estratégico Visión 2021, mejor conocido por su slogan Bangladesh Digital. La hoja de ruta incluye un diseño integral de cómo Bangladesh debe integrarse domésticamente y hacia el mundo para cuando cumpla medio siglo desde su independencia (1971).

Allí, destacan cuatro importantes objetivos de política pública para aprovechar todo el potencial de la economía digital en Bangladesh: i) crear un ecosistema digital más dinámico con una mayor competitividad; ii) lograr conectividad universal, rápida y económica a Internet; iii) mejorar el capital humano mediante mejores planes de estudio y oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida; y iv) fomentar los ingresos fiscales digitales.


Como muchas de las economías emergentes, en Bangladesh miles de jóvenes que están terminando sus estudios en diferentes universidades públicas y privadas de Bangladesh no encontraban cada año puestos adecuados en el mercado de trabajo, toda una bomba de tiempo en tanto dos tercios de la población tiene menos de 25 años.

Daca estimuló que estas nuevas generaciones más educadas pudieran comenzar fácilmente su carrera profesional tomando algún tipo de formación extra en informática y trabajando como autónomos por Internet. De este modo, no sólo se ganan la vida sino que contribuyen a la economía nacional a través de sus salarios aportando divisas fuertes como dólares estadounidenses, libras esterlinas o dólares australianos.

De manera semejante, las mujeres de Bangladesh que buscan dar un paso fuera de sus roles domésticos tradicionales están encontrando una salida en trabajos independientes del mundo digital. Las bangladesíes que trabajan por cuenta propia han empezado a ganar más prestigio social que los hombres, muchas veces estancados en sectores menos remunerados y empleos de menor calidad.


El volumen de empleo resultante es asombroso: Bangladesh es hoy el segundo país a nivel mundial en oferta de trabajos a través de Internet (16% del total mundial), sólo superado por India (24%). Solo el comercio electrónico moviliza unos USD 1.600 millones (cifra que duplica las estimaciones iniciales de Bangladesh Digital) y la proyección indica que crecerá hasta los 3.000 millones para 2023.

El éxito del plan se debe en parte a la continuidad política de la primera ministra Sheikh Haisna (73), próxima a cumplir los 12 años en el poder, y a la visión de su asesor en asuntos de TIC, el empresario Sajeeb Wazed (43), para utilizar las tecnologías digitales como instrumento para modificar sustantivamente el patrón de desarrollo, y no como un mero accesorio.


Bangladesh ha experimentado un crecimiento exponencial de su conectividad a Internet, el uso de la telefonía móvil, los ingresos de exportación de la tecnología de la información y la utilización de las TIC en la educación y la accesibilidad de los servicios públicos (el país fue galardonado con el Premio a los Servicios Públicos 2020 por Naciones Unidas).



Luces y sombras de una veloz transformación

Sin embargo, a pesar del impactante efecto virtuoso que la digitalización de la economía tuvo sobre la calidad de vida de muchos bangladesíes, la modernización económica también entra en tensión con otros elementos estructurales y actores de peso del patrón de desarrollo tradicional.


Por ejemplo, si bien los bancos son en general uno de los segmentos más maduros para adaptarse a la informatización y a los servicios virtuales, durante los últimos años se han resistido a la transición digital. Con la pandemia, la banca privada, ya reacia a otorgar crédito y con muchas complejidades legales para el asalariado promedio, restringió aún más los servicios financieros y limitó la liquidez para las pequeñas y medianas empresas cuando más se la necesitaba.


Otros en Bangladesh vinculan la reglamentación digital con el riesgo de perder libertades civiles, en lugar de centrarse en la protección de la privacidad y los datos, o de contrarrestar el acoso en línea. El proceso de digitalización en el país también ha dado lugar a una cultura de acoso sexual y violencia contra las mujeres y las niñas, volviéndose así en un espacio inseguro para las mujeres.


Por último, muchas miradas señalan que el futuro digital de Bangladesh aumentará la brecha entre las realidades urbanas y rurales. En la actualidad, la pobreza rural triplica a la de las ciudades bangladesíes según el Banco Mundial, y a pesar de los logros de los últimos 15 años Bangladesh todavía tiene casi 50 millones de personas bajo la línea de pobreza.


El déficit en infraestructura, seguridad alimentaria y contención frente a catástrofes climáticas es alarmante en este país, y una crisis general haría peligrar todos los avances conseguidos en las áreas más urbanizadas y digitalizadas.


7/9/2020

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