EL REFERÉNDUM CONSTITUCIONAL EN ITALIA

Actualizado: sep 11

Más de 51 millones de italianos están convocados a votar en el cuarto referéndum constitucional que Italia convoca en el siglo XXI. El próximo 20 y 21 de septiembre podrán decidir si se reforma la composición de ambas cámaras del parlamento. Todo lo que hay que saber sobre el proyecto de reforma y el contexto electoral general en la tercera economía de la Unión Europea.


La consulta popular es un mecanismo habitual en la política italiana contemporánea. De hecho, el propio nacimiento de la República Italiana fue a partir de un referéndum en 1946, sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. En las últimas siete décadas, Italia ha celebrado otros 22 referéndums, que cubrieron cuestiones tan variadas como la caza legal o la extracción de gas y petróleo (2016).


De ellos, solo cuatro son de índole constitucional, todos en el siglo XXI. Los tres anteriores -2001, 2005 y 2016- se referían a una gran parte del texto de la Constitución de 1948. Solo uno de ellos, el de 2001, cumplió los requisitos de quórum y mayoría favorable.


En aquella oportunidad, la reforma quedó confirmada por los electores con el 64,2% de los votos, con una participación del 34,1% de los votantes, se modificó todo el Título V, segunda parte, de la Constitución. Con la enmienda, se profundizó la descentralización política al otorgarles más potestades a los poderes regionales.


En 2005, la mayoría de los votantes (61%, de un 52% de concurrencia) rechazó el proyecto amplia reforma de la estructura institucional de Italia (se modificaban 57 artículos de la Constitución). Entre las cláusulas estaba la disminución del número de parlamentarios, propuesta de modificación que reaparece en 2020.


Hace poco, el proyecto de reforma 2016 también propuso modificar el bicameralismo igualitario entre la Cámara Baja y el Senado, con menos poderes para este último. Hubo una participación récord (casi el 69% de los que tenían derecho a voto) con el 59,11% de los votos del No superando al 40,89% del Sí. El fracaso de la propuesta propició la dimisión del primer ministro socialdemócrata Matteo Renzi.


El camino al actual referéndum comenzó en 2018, cuando el Movimiento Cinco Estrellas (M5S, actual miembro mayoritario de la coalición de gobierno) incluyó la reducción de parlamentarios dentro de su plataforma electoral. Con el visto bueno del Senado al decreto que propuso la reforma, se fijó la votación en otoño boreal en coincidencia con las elecciones regionales (en 7 de las 20) y municipales (alcaldes para casi 1.000 comunas).



La propuesta de reforma


Los artículos que se someten a revisión son el 56 y 57, en la parte relativa al número de parlamentarios. Con 400 diputados propuestos en lugar de los 630 actuales y 200 senadores en lugar de los 315 actuales, se busca reducir en un tercio las bancas del parlamento.


Además se quiere modificar el artículo 59, en lo que se refiere al nombramiento presidencial de senadores vitalicios. Esta última regla, en la intención de los constitucionalistas italianos, tenía por objeto enriquecer la representación en el Senado con un miembro no elegido, que puede ser nombrado directamente por el Jefe de Estado, y que se distingue por "altísimos méritos en los ámbitos social, científico, artístico y literario".


El problema radica en las interpretaciones, permisivas o restrictivas, del artículo. Mientras que los primeros sostienen que los cinco senadores vitalicios eran por cada Jefe de Estado, los segundos consideran que cinco es el número máximo de senadores vitalicios que pueden coexistir al mismo tiempo, debiendo el Presidente limitarse a sustituirlos. En caso de que el resultado del referéndum sea positivo, el debate sobre la interpretación del Artículo 59 cesaría, fijándose el argumento restrictivo.


Los partidarios del referéndum arguyen que la reducción parlamentaria le significaría un ahorro a las arcas del Estado italiano de hasta 500 millones de euros cada lustro. Por otro lado, sus detractores esgrimen que si el objetivo de la reforma constitucional es exclusivamente el de reducir el costo de la política, habría bastado con intervenir las grandes partidas de reembolso de gastos que acompañan a las generosas dietas parlamentarias.


También hay quienes sostienen que la reducción del número de parlamentarios afectaría negativamente al principio de representatividad. De hecho, cada miembro de la Cámara de Diputados ya no sería elegido por aproximadamente 96 mil ciudadanos, sino por más de 150 mil. De manera semejante, cada senador ya no sería elegido por 188 mil ciudadanos sino por más de 302 mil.


No obstante, los impulsores de la reforma refutan este punto señalando que actualmente la proporción de parlamentarios por población de Italia es muy elevada (1,6 cada 100 mil) si se la compara con Alemania (0,9) o Francia (1,4). Detrás de estos dos países, Italia es el tercer país de la Unión Europea en población (60 millones) y PIB (2 billones USD).


El contexto político italiano

Matteo Salvini y Giuseppe Conte, en 2019. Fuente: EFE.


Italia sigue el modelo parlamentario que la mayoría de los países europeos sostiene a imagen del modelo británico (Westminster). La ausencia de partidos dominantes o predominantes y la aprobación por mayoría del Parlamento del Ejecutivo Nacional fuerzan a los principales partidos políticos de cada elección a armar amplias coaliciones que los apoyen para formar un gobierno que no se desmorone antes de la finalización de su mandato. A ello se le suma que en Italia existe una virtual paridad de poder entre ambas cámaras legislativas.


Esto dio lugar a numerosas crisis políticas con largos períodos de interinidad. Mientras que en Europa en general los jefes de gobierno permanecen cuatro años en promedio en el cargo, en Italia la media es inferior a dos años. Por ejemplo, mientras que desde la posguerra Alemania ha tenido 8 mandatarios o Reino Unido 16, Italia ha tenido 43.


Si bien los votos se reparten proporcionalmente, existen dos “factores de corrección”. En primer lugar se excluye a partidos que obtengan menos del 4% de los votos a nivel nacional. En segundo lugar y sobre todo, en caso de que ningún partido obtenga una mayoría absoluta del 54% de los votos, al más votado se le premia con esa cantidad de escaños en la Cámara de Diputados.

Estos efectos combinados, junto con la eventual aprobación de la reforma constitucional, son malas noticias para los partidos menores o regionales. Con un tercio menos de bancas en ambas cámaras, el resultado esperable sería que se distorsione la proporcionalidad del resultado electoral en favor de las grandes agrupaciones.


En términos más coyunturales, cabe recordar que esta serie de votaciones locales que se realizan junto con el referéndum marcan la primera prueba electoral para el gobierno de centro-izquierda de Italia desde la crisis del coronavirus, con los partidos gobernantes peleándose en la cara de una derecha unida. Los italianos han aprobado en gran medida el manejo de la pandemia por parte del primer ministro Giuseppe Conte, pero las encuestas sugieren que esto no ayudará a sus aliados de la coalición en la votación para elegir a los presidentes de siete regiones y alcaldes en casi 1.000 ciudades.


En contraste, el líder de La Liga, Matteo Salvini, exministro del Interior y jefe de facto de la derecha de la oposición, está recorriendo el país buscando mostrar que su bloque tripartito es la fuerza predominante en la política italiana. No debe olvidarse que en las elecciones europeas de 2019 la plataforma de Salvini superó por más de 3 millones de votos a los socialdemócratas, obteniendo 24 eurodiputados más, por lo que la derecha italiana pasó a ocupar el 55% de las bancas de Italia.


Las próximas elecciones generales no se celebrarán hasta el 2023. Con todo, el euroescéptico Salvini pedirá sin duda que el gobierno se retire si los dos principales partidos de la coalición, el M5S y los socialdemócratas del Partido Democrático (PD), reciben un revés en estas regionales.


Publicado el 10/09/2020.

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