"El regreso de la OMC", por Ngozi Okonjo-Iweala

Mientras un amanecer hermoso se extendía sobre el lago de Ginebra el 17 de junio, algo notable sucedía en la sede de la Organización Mundial del Comercio. Tras casi seis días de negociaciones en la 12.ª Conferencia Ministerial de la OMC (que culminaron con una maratón de 48 horas de conversaciones ininterrumpidas) los ministros y altos funcionarios de los 164 estados miembros del organismo aprobaron un histórico paquete de acuerdos multilaterales (de una escala y alcance que la OMC no lograba desde mediados de los noventa) que beneficiarán a la gente, a las empresas y al planeta.



Por ejemplo, se llegó a un acuerdo respecto de una propuesta largamente debatida de suspender protecciones de propiedad intelectual relacionadas con elementos de lucha contra la COVID‑19. Los suministros actuales de vacunas siguen siendo muy dependientes de los cuatro miembros de la OMC que en conjunto exportan más del 90% de las dosis. Como mostró la pandemia, muchas regiones que dependen de las importaciones son vulnerables a que otros países restrinjan las exportaciones en respuesta a crisis locales.


Los gobiernos que estuvieron en el centro de las negociaciones creen que el resultado (criticado por activistas de la salud pública por insuficiente, y por las empresas farmacéuticas por excesivo) facilitará los esfuerzos actuales por desconcentrar y diversificar las capacidades de fabricación de vacunas. Esto es importante para asegurar un suministro mundial de vacunas fiable en el futuro. Los ministros también se comprometieron a mantener abierto y transparente el comercio transfronterizo de componentes y suministros médicos, lo que ayudará a los estados miembros a tener mejor acceso a los productos necesarios para combatir esta pandemia y mejorar la preparación para la próxima.


En segundo lugar, el nuevo acuerdo sobre subsidios a la pesca (logrado tras casi veintiún años de negociaciones) pondrá límites a las ayudas públicas, hoy estimadas en 22 000 millones de dólares al año, que contribuyen al agotamiento de los recursos marinos. El acuerdo prohíbe la concesión de subsidios que favorezcan la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, así como la pesca en mar abierto y de especies sobreexplotadas, y constituye un importante avance en la protección de la salud de los océanos. Es el primer acuerdo en la historia de la OMC que está centrado ante todo en un objetivo ambiental, y marca el inicio de una segunda ola de negociaciones para el establecimiento de nuevas reglas de sostenibilidad mejoradas, entre ellas un control más estricto de subvenciones que favorezcan la sobrepesca y la sobrecapacidad.


En momentos en que el mundo enfrenta su peor crisis de seguridad alimentaria en décadas, los miembros de la OMC se comprometieron a aumentar la previsibilidad del comercio de alimentos e insumos agrícolas, lo que ayudará a reducir la volatilidad de los precios. Fue así que se aprobó una vieja propuesta de ayudar al Programa Mundial de Alimentos garantizando que las restricciones nacionales a las exportaciones no impidan a la agencia de Naciones Unidas el acceso a suministros para las ayudas humanitarias que provee a millones de personas en regiones afectadas por la guerra y por desastres naturales. El director ejecutivo del PMA, David Beasley, tuiteó que «esta exención humanitaria permite ahorrar tiempo, [dinero] y garantiza que las ayudas cruciales lleguen a las personas más vulnerables».


Los miembros de la OMC también decidieron proteger la previsibilidad en la economía digital mundial, mediante la extensión de una vieja moratoria al cobro de derechos aduaneros a las transmisiones electrónicas transfronterizas. La decisión es buena noticia para los consumidores de películas en streaming y de videojuegos, y mejor noticia aún para las millones de pequeñas y medianas empresas que dependen de los servicios y mercados digitales.


Además, los miembros de la OMC iniciaron un proceso de reforma institucional, conscientes de que la organización necesita actualizar y mejorar su funcionamiento. Se comprometieron a que el sistema de resolución de disputas de la OMC vuelva a estar plenamente operativo en un plazo de dos años. Y en particular, reconocieron el papel que el comercio y la OMC pueden tener en el empoderamiento femenino, la ampliación de oportunidades para micro, pequeñas y medianas empresas y el logro de los objetivos ambientales mundiales.


Tras la conferencia, un medio proclamó que había sido «un nuevo amanecer para el orden comercial mundial». Pero el éxito no estaba asegurado. Casi todas las reuniones ministeriales previas de la OMC tuvieron pocos resultados o terminaron en amargas discusiones. Muchos observadores veían pocas chances de que esta vez fuera diferente, sobre todo en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas y la guerra en Ucrania.


Y sin embargo, todos los miembros de la OMC se unieron al consenso alcanzado en Ginebra, entre ellos Ucrania, Rusia, Estados Unidos, China, la Unión Europea y sus estados miembros, Australia, Brasil, la India, Pakistán, Sudáfrica y los estados insulares del Caribe y del Pacífico. Fue multilateralismo en su mejor expresión. Los estados miembros se alzaron por encima de tensiones bilaterales y eligieron invertir en el sistema de comercio multilateral que desde hace décadas sostiene un aumento del comercio internacional y de la prosperidad.


Los acuerdos recuperan para la OMC el papel de organización orientada a resultados. Demuestran que las negociaciones multilaterales (que hasta hace poco pasaban por moribundas) aún pueden ser productivas, siempre que los estados miembros superen décadas de desconfianza y trabajen juntos.


Mientras se habla de desacople y desglobalización, los gobiernos han renovado la fe en la capacidad de las reglas multilaterales para seguir dando previsibilidad al comercio entre países y entre bloques. Eso permitirá evitar los altos costos de una fragmentación económica a gran escala. Claro que las rivalidades estratégicas persistirán; pero la clase de cooperación estratégica por encima de divisorias geopolíticas que se evidenció en Ginebra será necesaria (en el comercio y en otros ámbitos) para la solución de problemas de bienes comunes globales que van del cambio climático a la preparación frente a pandemias.


Las medidas aprobadas por los 600 y pico exhaustos delegados presentes en el salón principal de la conferencia de la OMC sientan las bases para que los estados miembros reconstruyan confianza, lleguen a nuevos acuerdos y promuevan muy necesarias reformas institucionales que mantengan la eficacia de la organización. El objetivo debe ser seguir generando resultados para la gente de todo el mundo. Confío en que esta forma de trabajar, ladrillo tras ladrillo, creará una base sólida y duradera para una OMC revitalizada.


Publicado el 06/07/2022 en Project Syndicate por Ngozi Okonjo-Iweala