LA CRISIS POLÍTICA EN ARGELIA


Argelia celebrará este jueves 12 de diciembre unas elecciones generales organizadas para cerrar la crisis abierta en febrero pasado por la renuncia anticipada del anciano presidente y líder histórico Abdelaziz Bouteflika (82), pero amplios sectores opositores desconocen la legitimidad de los comicios porque los consideran una maniobra, con respaldo militar, destinada a asegurar la continuidad del antiguo régimen político.


En plena campaña electoral, decenas de miles de argelinos volvieron a salir a las calles en la "Hirak" (movimiento de protesta) en Argel, Orán, Tizi Ouzu y Constantine, para demostrar su rechazo a un proceso electoral que consideran una farsa política orquestada por el jefe del Ejército, Ahmed Gaïd Salah, hombre fuerte del país desde hace diez meses, cuando terminó forzando la caída de Bouteflika después de 20 años en el poder.


Más de 23 millones de argelinos podrán elegir entre cinco candidatos, el más conocido de ellos el veterano Ali Benflis (75), uno de los líderes de la independencia en 1962, exprimer ministro (2000-03) del oficialista Frente para la Liberación Nacional y derrotado por Bouteflika en 2004 y 2014. 


Con él se presentan Abdelaziz Belaid, un exdiputado del FLN; los ex funcionarios Azzedine Mihoubi y Abdelkader Bengrina; y Abdelmadjid Tebboune, ex ministro considerado por la oposición como el candidato favorito del Ejército.


Pero los lideres del Hirak consideran a todos los candidatos presidenciales herederos del régimen sin ningún respaldo de los movimientos populares de protesta que empujaron el retiro definitivo de Bouteflika en febrero.

Como parte del mismo proceso político, la Fiscalía pidió recientemente 20 años de prisión para dos exprimeros ministros, Ahmed Ouyahia y Abdelmalek Sellal, y el ex ministros de Industria Abdeslam Bouchouareb, en los procesos que se les abrieron por corrupción tras la caída de Bouteflika, fugado y con orden de captura internacional.


¿Cuál fue el desenlace de las protestas de marzo?

La tensión política aumentó a comienzos de este año en Argelia con nuevas protestas contra la reelección de quien se había convertido en el máximo líder político del país desde su independencia de Francia (1962), el anciano presidente Abdelaziz Bouteflika (82). Estas manifestaciones lo obligaron a renunciar a un quinto mandato y a proponer, en cambio, extender su gobierno en form de “transición” hacia otro régimen.


Después de 20 años en el poder, muchos argelinos -sobre todo los más jóvenes- rechazaron la continuidad de Bouteflika, el único jefe de Estado desde el fin de la cruenta guerra civil, librada entre 1991-2002 entre facciones del gubernamental Frente de Liberación Nacional (FLN) y grupos islamistas.


¿Quién detenta hoy realmente el poder?

Gravemente enfermo, Bouteflika regresó a Argelia en estos días después de un largo tratamiento en Suiza que lo mantuvo recluido de la vida pública durante largos periodos, mientras el gobierno era ejercido por un grupo de dirigentes a los que popularmente se los simplifica como le pouvoir, el poder.


¿Cómo se sostuvo Bouteflika?

Bouteflika llegó al poder en 1999, con el 74% de los votos, en una elección declarada fraudulenta por la oposición pero apoyado por los militares. En 2008, logró una reforma constitucional para introducir la reelección indefinida, pero en 2013 enfermó gravemente, y aun así, casi sin hablar ni hacer campaña, en 2014 ganó su cuarto mandato, para volver a desaparecer en público.


¿Cómo reaccionó el gobierno ante esta crisis?

Bouteflika cedió ante las presiones opositoras y el gobierno aplazó las elecciones, pero la oposición lo considera por ahora sólo una maniobra del oficialismo para ganar tiempo y asegurar la continuidad de un régimen denunciado por represión, corrupción y restricciones electorales.


¿Cuál es el contexto económico del país?

Argelia, con 42 millones de habitantes, sigue siendo un país extremadamente dependiente de su riqueza hidrocarburífera, al punto que el crudo y el gas representan el 97 por ciento de sus exportaciones. Su deuda pública externa es muy baja (20% del PIB), pero los servicios de salud, educación y transporte, así como la infraestructura en general, es deficiente y atrasada.


En ese contexto de economía primarizada, el Estado hegemonizado por el FNL de Bouteflika juega un papel muy fuerte en el empleo (absorbe un tercio del total). Para 2019 se estima un crecimiento de la economía superior al 2%, por debajo de los niveles de 2018, con un desempleo de más de 11% (según las estadísticas oficiales). La última medición de pobreza oficial, de 2011, la estimó en apenas 5,5%, pero difiere mucho de otros cálculos independientes.


¿Cómo ha influido la Primavera Árabe?

En el cénit de la Primavera Árabe (2010-13), Bouteflika prometió el fin del estado de emergencia, vigente en Argelia desde el fin de la guerra civil (2002). Ante las presiones de partidos de oposición, sindicatos, organismos de derechos humanos y la ciudadanía en general, finalmente emprendió tímidas reformas políticas.


Durante las dos últimas elecciones (libres y pacíficas), las de abril de 2014 y mayo de 2017, el abstencionismo se convirtió en la principal vía de protesta de los argelinos, hasta llegar a casi dos tercios del padrón. Ninguno de los nuevos partidos independientes logró conformar un bloque legislativo.


¿Cuál es panorama ahora?

La falta de confianza en el gobierno coincide con una ausencia de perspectivas de empleo y desarrollo entre la población económicamente activa. Si bien los militares se han retirado de la vida política, la pasividad del régimen post-1999 ha llevado a la bancarrota total a la matriz industrial argelina. Además, hay tensiones entre los distintos grupos culturales del país (bereberes, árabes, europeos) y un avance de los grupos como Estado Islámico o Al Qaeda al sur.


¿Cuál es el contexto regional?

En esta última década, los países del Magreb y Egipto experimentaron un amplio abanico de transformaciones. Ese proceso catalizó tensiones que se habían acumulado en la región desde los 70 hasta entrados los 2000.


En ese proceso, se sucedieron revoluciones y contrarrevoluciones; la intervención extranjera (con resultados catastróficos); hegemonía de los sectores más conservadores, un colonialismo perpetuado (como en elSahara Occidental); refundación de Estados y profundos debates dentro del islamismo.

Pero las demandas de desarrollo económico-social y libertad política que amplios sectores de la población, y en especial las juventudes de la región, siguen expresando desde la Primavera Árabe, siguen por ahora lejos de encontrar respuesta inmediata.

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