LA SITUACIÓN POLÍTICA EN ISRAEL

Actualizado: 20 de nov de 2019



Benny Gantz fracasó en formar una coalición de gobierno en Israel, luego de tres semanas de plazo para conseguir aliados. Ante la imposibilidad de ser investido primer ministro por parte de la Knesset, Israel se encamina a un tercer llamado a elecciones en un año.


Los segundos comicios fueron el 17 de septiembre pasado, que tuvo como resultado un empate entre el oficialista y conservador Likud (Consolidación) de Benjamín Netanyahu con el bloque opositor Azul y Blanco, liderado por Benny Gantz, un antiguo funcionario del propio Netanyahu. Ambas fuerzas obtuvieron 32 y 33 bancas respectivamente, lejos de las 61 requeridas para formar gobierno. Antes de Gantz, Netanyahu también había tenido su plazo de tres semanas para formar gobierno, sin éxito.



¿Cómo llegó Netanyahu a su intento de reelección?

El premier “Bibi” Netanyahu lleva una década en el poder y busca un quinto mandato como jefe de gobierno israelí, después de una primera gestión en la década de los noventa. Ha alcanzado al padre fundador de Israel, David Ben Gurión, como el mandatario con más tiempo en el poder como líder del Likud, que combina elementos de la derecha política con la ortodoxia religiosa.


¿Quién se presentó como principal rival?

Para las elecciones de abril, la novedad fue la coalición Azul y Blanca, liderada por Gantz, cuya figura condensa una tradición militar, reclamos por mayor transparencia y políticas económicas más centristas.


Gantz fue jefe de las Fuerzas de Defensa israelíes, cuenta con cierto apoyo de importantes sectores vinculados a los medios y se mostró como político limpio, ajeno al establishment político.


¿Qué otras alternativas había?

Fueron políticamente marginales. Una novedad de estas elecciones fue la Lista Árabe Unida -Ra’am Balad- que en los comicios anteriores había tenido muy buenos resultados, pero se fragmentó poco después y acudió esta vez con menos fuerza.


También las propuestas libertarias y ultranacionalistas Identidad -Zehut- de Moisés Feiglin y Nueva Derecha de Naftalí Bennett supieron captar mucha atención del público en los medios y las redes, mostrando una nueva cara que está emergiendo en la política israelí. A pesar de ello, por el alto umbral electoral quedó fuera del parlamento.


¿Qué electorado votó?

Israel, cuyo territorio cabría en la pequeña provincia argentina de Tucumán, tiene menos de 9 millones de habitantes y un padrón de más de 6 millones de votantes, de los cuales votó cerca del 70%.


El electorado israelí tiene altas tasas de participación (estas elecciones fueron las de mayor concurrencia desde 1999), pero en el caso de los árabes israelíes menos de la mitad suele emitir su voto. Sin embargo, en las elecciones de septiembre la participación de este sector aumentó en 12 puntos respecto de las de abril alcanzando el 61%.


Uno de cada seis votantes es ultraortodoxo religioso, y sus prerrogativas siempre se imponen en los debates electorales.


Según los sondeos, los jóvenes han votado mayoritariamente a Netanyahu mientras los mayores se volcaron con Gantz.


¿Cómo es el sistema de gobierno?

Israel tiene un régimen político parlamentario, del estilo británico -llamado Westminster-. El sistema es unicameral y la asamblea nacional se denomina Knesset. Un Presidente es el jefe de Estado que llama a formar gobierno.


Para hacerlo, el candidato a Primer Ministro debe reunir 61 escaños en la Knesset y tiene hasta 42 días para formar gobierno. Por las dinámicas fragmentarias de su sistema de partidos, en toda su historia jamás una sola fuerza ha podido formar gobierno de manera aislada.


A pesar de que originalmente los miembros del parlamento tienen un mandato de cuatro años, en los últimos tiempos esto se viene interrumpiendo por sucesivas disoluciones de la legislatura por convocatoria a elecciones anticipadas.


¿Cómo venía gobernando Netanyahu?

En el sistema de partidos fragmentado israelí, los grupos minoritarios dentro de la Knesset son fundamentales para formar una coalición de gobierno. En la anterior ocasión, en 2015, Netanyahu a pesar de haber sido la fuerza más votada tampoco llegaba a la mayoría necesaria.


Hace cuatro años, presentó una coalición mínima con tres otras fuerzas: una de centro y dos ultraortodoxas. Como le faltaban ocho escaños para formar gobierno, negoció con su rival Naftali Bennett para que lo apoyara a cambio de altas retribuciones, como los ministerios de justicia, educación, agricultura y diáspora. Este frágil escenario pudo sostenerse con poca capacidad de maniobra libre para Bibi en los últimos años.


¿Qué resultados hubo en los comicios de abril?

En abril, el Likud pasó de 30 a 35 escaños. A pesar de gozar de mayor base inicial, siguió muy lejos de la mayoría propia. Si los mismos partidos de ultraderecha y ortodoxos lo hubiesen apoyado, sumaba 65 bancas, superando el mínimo necesario, pero no lo logró. En la misma elección, la fuerza de Netanyahu obtuvo los mismos escaños que su principal rival, el otrora aliado Gantz.


¿En qué contexto se da este proceso político?

Luego de una década de relativa estabilidad política y crecimiento económico, Israel está viviendo cambios políticos importantes. El mandatario Netanyahu se encuentra acusado de grandes maniobras de corrupción.


El contexto económico israelí trae un amplio debate en torno a un Estado que en los últimos lustros ha defendido la libre competencia en el mercado a la vez que mantenido altos niveles impositivos para la población. Los grandes indicadores de Israel en general son muy satisfactorios, en el día a día los ciudadanos aspiran a estar mejor.


En materia de seguridad, las relaciones con los palestinos y la defensa frente a ataques del grupo extremista Hamas -que no reconoce al Estado de Israel- influyen mucho el voto. En el plano regional, las réplicas de la guerra civil de la vecina Siria fueron parte también de las preocupaciones del electorado.


¿Qué rol juega ahora Estados Unidos?

El apoyo de la actual administración estadounidense a Netanyahu ha sido contundente. El presidente Donald J. Trump dio un giro decisivo en la historia de la política exterior estadounidense en Medio Oriente al reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel.

La postura general actual e histórica de la comunidad internacional es que la capital israelí es Tel Aviv, y Jerusalén debe respetarse como zona internacional según ha estipulado siempre Naciones Unidas. Luego de la decisión de Washington, países como Guatemala, Honduras, Paraguay, Brasil y Australia se sumaron.


Pero en plena campaña electoral, Trump reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, región disputada con Siria y ocupada desde 1967 por fuerzas israelíes y con una misión de paz de la ONU. Trump se apresuró a felicitar a Netanyahu por su triunfo electoral, y se espera que haga público su plan de paz para el conflicto con Palestina.



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