LAS ELECCIONES EN GUATEMALA 2019



Casi ocho millones de guatemaltecos podrán votar el 16 de junio en la primera vuelta de los comicios generales para cargos locales, nacionales y regionales por los próximos cuatro años, incluyendo el nuevo presidente y su vice, que surgirán de un ballottage el 11 de agosto, si ninguno de los 24 candidatos que se postulan obtiene más del 50% en primera vuelta.


¿Qué se vota?

Además de presidente y vicepresidente por los próximos cuatro años, se elegirán 160 bancas del Congreso unicameral; 340 alcaldes municipales y 20 diputados del Parlamento Centroamericano, organismo del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), con sede en la propia Ciudad de Guatemala.


¿Quién gobierna Guatemala hoy?

El presidente Jimmy Morales (50) ocupa la Casa Crema desde 2015, pero su Frente de Convergencia Nacional, conservador, afronta investigaciones por la financiación de su campaña, bajo la lupa del Tribunal Supremo Electoral (TSE) desde 2018.


Los escándalos de corrupción no dieron descanso al presidente: en 2017 su hijo y su hermano fueron condenados por blanqueo de capitales. En un año, la popularidad de Morales pasó del 80% al 10%.


En enero pasado, Morales anunció la ruptura unilateral del convenio con Naciones Unidas sobre la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), lo cual provocó masivas manifestaciones de protesta en todo el país, con una gran movilización de la sociedad civil.


¿Cómo es el sistema político?

El sistema de partidos de Guatemala es muy fragmentado, con muchas fuerzas que representan a su vez a porciones minoritarias del electorado. Ello lleva a que los presidentes, una vez en el poder, dediquen mucho tiempo y energía a mantener la gobernabilidad y a controlar el territorio y las instituciones lo mejor posible, sin llegar a consolidar políticas a largo plazo.


En estas elecciones, eso puede comenzar a cambiar: con la reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos de 2016, los partidos cuyos candidatos a presidente obtengan menos del 5% o no logren presentar candidatos a diputados en más de la mitad de los distritos quedarán inhabilitados.


¿Cuál es la oferta electoral?

Dentro de la fragmentación política del país, con 24 candidatos presidenciales, se puede reconocer dos tipos de opciones electorales: tradicionales y no tradicionales.


Las tradicionales corresponden a los “partidos franquicia”, que existen por y para las elecciones: luego de catapultar a alguna figura municipal a la presidencia, se desactivan hasta las siguientes. Utilizan los medios y estrategias tradicionales de comunicación y tienen financiamiento principalmente privado.


Las no tradicionales son expresadas por partidos jóvenes, con mayor fuerza ideológica. Rechazan a los políticos del establishment, repudian sus métodos clientelares y se comunican con los ciudadanos a través de las redes sociales.


¿Quiénes son los principales candidatos?

Las opciones tradicionales más relevantes son Sandra Torres (Unidad Nacional de la Esperanza, UNE), ex esposa del presidente Álvaro Colom y derrotada en 2015 en ballottage; Alejandro Giammattei (Vamos) y Roberto Arzú (PAN- Podemos). Los tres tuvieron experiencia previa en el Estado, buscan retener poder territorial -sobre todo, municipal- y ostentan un liderazgo marcado dentro de sus partidos.


Entre las candidaturas no tradicionales, la más llamativa es la de Thelma Aldana (MLP), ex jueza de la Corte Suprema y ex fiscal general convertida en emblema de la lucha contra la corrupción. Tiene, además, un discurso indigenista -propone un Estado plurinacional como el boliviano- y atractivo para la juventud guatemalteca.


Con sus propuestas en favor del campesinado y una activa agenda de derechos humanos, acusa al “Estado podrido” cautivo de la élite blanca del país y asegura que su movimiento “no tiene dueño”, porque no recibe aportes de corporaciones como los partidos tradicionales.


¿Cuáles son las principales preocupaciones del electorado?

Entre las grandes problemáticas que los guatemaltecos reconocen como prioritarias en estas elecciones, figuran la falta de empleo, la inseguridad y la corrupción (desde 2006, se abrieron 15 mega procesos judiciales).


Si bien las cifras de desocupación son muy bajas, en Guatemala 7 de cada 10 trabajadores padecen informalidad laboral.


Por otra parte, Guatemala es uno de los países más violentos de América Latina y todavía tiene una altísima tasa de homicidios, aunque el cuadro es menos complejo en Honduras o El Salvador.


¿Cuál es la importancia de Guatemala en la región?

Guatemala es el país centroamericano más poblado, con 17 millones de habitantes (el doble que Honduras). También es la economía más grande de América Central. Por sus demografía y su tracción económica, lo que pasa en Guatemala tiene impacto en toda la región circundante, incluso en los estados del sur de México.


En el siglo XXI, todavía sigue siendo un país mayoritariamente agrario. No obstante, la industria es muy pujante y lidera la exportación de energía y autopartes a toda la región. Desde la democratización, en 1985, Guatemala ha crecido sin recesiones, a un promedio de 3,5% interanual.


¿Cuáles han sido sus prioridades estratégicas?

Guatemala ha sido un socio estratégico de Estados Unidos en América Central a lo largo de la mayor parte su vida independiente. Recientemente, se convirtió en aliado de la lucha contra el tráfico de migrantes y de drogas de la Administración Trump.


Más aún, todavía forma parte del puñado de países en todo el mundo que reconocen a la República de China (Taiwán) y no al gobierno comunista de Beijing.

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