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"Los bancos multilaterales de desarrollo que necesita el mundo", de Lawrence H. Summers y N.K. Singh

El mundo está literalmente en llamas este verano. Los expertos estiman que, probablemente, en la próxima generación, aparezca otra amenaza a la salud pública similar al COVID. Las crecientes tasas de interés han dejado a decenas de países con cargas de deuda inmanejables. Y, por primera vez en casi medio siglo, la economía global, lejos de unirse, se está fracturando.



Estas realidades inspiraron las recomendaciones que acabamos de hacer al G20 a través de un grupo especial de expertos sobre financiamiento para el desarrollo (que copresidimos). Nuestra conclusión central es que este momento particularmente difícil exige una transformación drástica de las operaciones de los bancos multilaterales de desarrollo (BMD), empezando por el Banco Mundial. Los países en desarrollo enfrentan necesidades de financiamiento mucho mayores para poder cumplir con los objetivos de desarrollo y climáticos, pero los desembolsos de los BMD no han mantenido el ritmo, y el volumen de recursos que hoy transfieren a los países en desarrollo es inaceptablemente bajo.


Si bien la mayoría de las instituciones, la mayor parte del tiempo, apuntan a un fortalecimiento gradual de su escala y efectividad, los BMD se han quedado estancados. Debemos ir más allá de los debates estériles sobre si necesitamos o no más dinero o mejores políticas, más iniciativas verdes o más gasto en desarrollo, más programas del sector público o más crédito privado, más apalancamiento o más capital. La frase “ambos a la vez” debe reemplazar a “uno u otro”. Con ese objetivo, instamos a que se tomen medidas en tres frentes.


Primero, los BMD deberían llevar adelante un triple mandato sumando los bienes públicos globales (BPG) a sus objetivos actuales de eliminar la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida. Eso implicará desarrollar las políticas y procedimientos necesarios para integrar sus agendas climáticas y de desarrollo. Al clarificar estos objetivos, y comprometerse formalmente con ellos, los BMD pueden funcionar mejor a la hora de diseñar y ejecutar programas para encarar los BPG (como la mitigación y adaptación climática, la biodiversidad, la seguridad del agua y la preparación para pandemias) con mayor celeridad y a escala.


Segundo, las partes interesadas deberían brindarles a los BMD los recursos necesarios. Según nuestros cálculos, los niveles de préstamo sostenibles en los BMD tendrían que triplicarse para 2030, aumentando a unos 400.000 millones de dólares anuales. Esto incluye subsidios y finanzas concesionales para los países más pobres, financiamiento no concesional para los países de ingresos medios solventes y recursos para movilizar la financiación privada.


Una máxima prioridad es persuadir a los donantes de ofrecer 30.000 millones de dólares adicionales por año en subsidios y financiamiento concesional para los países de bajos ingresos (PBI). Eso permitiría triplicar el financiamiento de la Asociación Internacional de Fomento para 2030, lo cual es esencial para ayudar a los PBI a cumplir con sus objetivos de desarrollo, manejar las sacudidas globales e implementar planes de fuerte adaptación y resiliencia dentro de marcos de deuda sostenibles. También aliviaría los temores de los PBI de que un mandato extendido para los BMD se produciría a expensas del respaldo que necesitan para llevar adelante un desarrollo económico y humano.


En cuanto a los países de ingresos medios, alrededor de la mitad de la cantidad necesaria para triplicar los niveles de préstamo la pueden generar los propios BMD a través de un uso más eficiente del capital existente. Pero la otra mitad requerirá una nueva ronda de aumentos generales de capital. Afortunadamente, este mecanismo exige que los donantes paguen solo unos pocos centavos por dólar, lo que ofrece un excelente valor por el dinero. Cada dólar de los donantes podría rendir 7 dólares en nuevos préstamos soberanos y otros 8 dólares en la movilización directa e indirecta de capital privado.


Pero aun con un incremento importante del préstamo de los BMD, la asistencia oficial quedará muy rezagada respecto de lo que se necesita. El capital privado debe cerrar esa brecha. La buena noticia es que la mayoría de los BMD tienen departamentos destinados a catalizar la financiación privada en un rango de sectores, como energía, salud, agricultura, inclusión financiera e infraestructura.


La mala noticia es que su historial ha sido desalentador: en promedio, los BMD movilizan apenas 60 centavos de capital privado por cada dólar al que se comprometen, muy por debajo de su potencial. En los últimos seis años, su movilización directa e indirecta colectiva de financiación privada se ha estancado en 60.000-70.000 millones de dólares por año.


Ahora bien, contrastemos esa suma con el medio billón de dólares necesarios del sector privado para ayudar a cerrar las brechas de financiación. Los BMD deberían apuntar al menos a duplicar sus ratios de movilización y compromiso enfrentando problemas clave como el riesgo de las monedas locales, el riesgo regulatorio y de políticas, una falta de proyectos financiables y un capital de riesgo insuficiente. Por sobre todo, los mayores apetitos de riesgo en los BMD serán esenciales para el éxito.


Tercero, una coalición de financiadores (entre ellos, gobiernos, entidades filantrópicas y el sector privado) debería establecer un nuevo “mecanismo de desafíos globales” que ofrezca un rango de opciones de financiamiento, como garantías, capital y otros instrumentos de distribución del riesgo. Esto es necesario para abordar un problema generalizado de los BMD: la subutilización de los instrumentos de no préstamo (como garantías) para prestatarios soberanos y no soberanos. Esas herramientas se han vuelto especialmente relevantes en el clima económico volátil de hoy.


Los BMD son los vehículos correctos para sustentar a nuestro planeta y a su gente. Son ellos los que ofrecen la combinación necesaria de experiencia, perseverancia, financiamiento de bajo costo, apalancamiento y capacidades de intercambio de conocimiento. Pero para ayudar a trasformar el futuro de los países en desarrollo, los BMD, antes que nada, deben transformarse a sí mismos. Eso implica incorporar una cultura total del cambio para volverse más responsables frente a los clientes y para operar mejor juntos -inclusive mediante un financiamiento conjunto, una distribución del riesgo y una acción normativa.


Reconocemos que implementar la agenda que proponemos exige de un fuerte liderazgo político y de la capacidad de mantener el curso. Pero queremos destacar que no existe otra opción. El futuro de nuestro planeta y de su gente está en juego.


Publicado el 26/07/2023 en Project Syndicate por Lawrence H. Summers y N.K. SinghEl mundo está literalmente en llamas este verano. Los expertos estiman que, probablemente, en la próxima generación, aparezca otra amenaza a la salud pública similar al COVID. Las crecientes tasas de interés han dejado a decenas de países con cargas de deuda inmanejables. Y, por primera vez en casi medio siglo, la economía global, lejos de unirse, se está fracturando.


Estas realidades inspiraron las recomendaciones que acabamos de hacer al G20 a través de un grupo especial de expertos sobre financiamiento para el desarrollo (que copresidimos). Nuestra conclusión central es que este momento particularmente difícil exige una transformación drástica de las operaciones de los bancos multilaterales de desarrollo (BMD), empezando por el Banco Mundial. Los países en desarrollo enfrentan necesidades de financiamiento mucho mayores para poder cumplir con los objetivos de desarrollo y climáticos, pero los desembolsos de los BMD no han mantenido el ritmo, y el volumen de recursos que hoy transfieren a los países en desarrollo es inaceptablemente bajo.


Si bien la mayoría de las instituciones, la mayor parte del tiempo, apuntan a un fortalecimiento gradual de su escala y efectividad, los BMD se han quedado estancados. Debemos ir más allá de los debates estériles sobre si necesitamos o no más dinero o mejores políticas, más iniciativas verdes o más gasto en desarrollo, más programas del sector público o más crédito privado, más apalancamiento o más capital. La frase “ambos a la vez” debe reemplazar a “uno u otro”. Con ese objetivo, instamos a que se tomen medidas en tres frentes.


Primero, los BMD deberían llevar adelante un triple mandato sumando los bienes públicos globales (BPG) a sus objetivos actuales de eliminar la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida. Eso implicará desarrollar las políticas y procedimientos necesarios para integrar sus agendas climáticas y de desarrollo. Al clarificar estos objetivos, y comprometerse formalmente con ellos, los BMD pueden funcionar mejor a la hora de diseñar y ejecutar programas para encarar los BPG (como la mitigación y adaptación climática, la biodiversidad, la seguridad del agua y la preparación para pandemias) con mayor celeridad y a escala.


Segundo, las partes interesadas deberían brindarles a los BMD los recursos necesarios. Según nuestros cálculos, los niveles de préstamo sostenibles en los BMD tendrían que triplicarse para 2030, aumentando a unos 400.000 millones de dólares anuales. Esto incluye subsidios y finanzas concesionales para los países más pobres, financiamiento no concesional para los países de ingresos medios solventes y recursos para movilizar la financiación privada.


Una máxima prioridad es persuadir a los donantes de ofrecer 30.000 millones de dólares adicionales por año en subsidios y financiamiento concesional para los países de bajos ingresos (PBI). Eso permitiría triplicar el financiamiento de la Asociación Internacional de Fomento para 2030, lo cual es esencial para ayudar a los PBI a cumplir con sus objetivos de desarrollo, manejar las sacudidas globales e implementar planes de fuerte adaptación y resiliencia dentro de marcos de deuda sostenibles. También aliviaría los temores de los PBI de que un mandato extendido para los BMD se produciría a expensas del respaldo que necesitan para llevar adelante un desarrollo económico y humano.


En cuanto a los países de ingresos medios, alrededor de la mitad de la cantidad necesaria para triplicar los niveles de préstamo la pueden generar los propios BMD a través de un uso más eficiente del capital existente. Pero la otra mitad requerirá una nueva ronda de aumentos generales de capital. Afortunadamente, este mecanismo exige que los donantes paguen solo unos pocos centavos por dólar, lo que ofrece un excelente valor por el dinero. Cada dólar de los donantes podría rendir 7 dólares en nuevos préstamos soberanos y otros 8 dólares en la movilización directa e indirecta de capital privado.


Pero aun con un incremento importante del préstamo de los BMD, la asistencia oficial quedará muy rezagada respecto de lo que se necesita. El capital privado debe cerrar esa brecha. La buena noticia es que la mayoría de los BMD tienen departamentos destinados a catalizar la financiación privada en un rango de sectores, como energía, salud, agricultura, inclusión financiera e infraestructura.


La mala noticia es que su historial ha sido desalentador: en promedio, los BMD movilizan apenas 60 centavos de capital privado por cada dólar al que se comprometen, muy por debajo de su potencial. En los últimos seis años, su movilización directa e indirecta colectiva de financiación privada se ha estancado en 60.000-70.000 millones de dólares por año.


Ahora bien, contrastemos esa suma con el medio billón de dólares necesarios del sector privado para ayudar a cerrar las brechas de financiación. Los BMD deberían apuntar al menos a duplicar sus ratios de movilización y compromiso enfrentando problemas clave como el riesgo de las monedas locales, el riesgo regulatorio y de políticas, una falta de proyectos financiables y un capital de riesgo insuficiente. Por sobre todo, los mayores apetitos de riesgo en los BMD serán esenciales para el éxito.


Tercero, una coalición de financiadores (entre ellos, gobiernos, entidades filantrópicas y el sector privado) debería establecer un nuevo “mecanismo de desafíos globales” que ofrezca un rango de opciones de financiamiento, como garantías, capital y otros instrumentos de distribución del riesgo. Esto es necesario para abordar un problema generalizado de los BMD: la subutilización de los instrumentos de no préstamo (como garantías) para prestatarios soberanos y no soberanos. Esas herramientas se han vuelto especialmente relevantes en el clima económico volátil de hoy.


Los BMD son los vehículos correctos para sustentar a nuestro planeta y a su gente. Son ellos los que ofrecen la combinación necesaria de experiencia, perseverancia, financiamiento de bajo costo, apalancamiento y capacidades de intercambio de conocimiento. Pero para ayudar a trasformar el futuro de los países en desarrollo, los BMD, antes que nada, deben transformarse a sí mismos. Eso implica incorporar una cultura total del cambio para volverse más responsables frente a los clientes y para operar mejor juntos -inclusive mediante un financiamiento conjunto, una distribución del riesgo y una acción normativa.


Reconocemos que implementar la agenda que proponemos exige de un fuerte liderazgo político y de la capacidad de mantener el curso. Pero queremos destacar que no existe otra opción. El futuro de nuestro planeta y de su gente está en juego.


Publicado el 26/07/2023 en Project Syndicate por Lawrence H. Summers y N.K. Singh

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