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¿Quién ganó la guerra?

  • hace 8 horas
  • 8 min de lectura

El fin de las hostilidades entre EEUU e Irán en Medio Oriente, desconocido por Israel, deja sin resolver el fondo del conflicto y muchas dudas en Washington sobre los resultados de una ofensiva que parece haber redituado muy poco y costado demasiado a nivel global.


Estados Unidos, con Israel como aliado, e Irán entraron este fin de semana en una tregua de dos meses en los que negociarán un final definitivo de la guerra de 106 días en el Golfo Pérsico que alteró la economía global y que dejó a las dos partes reivindicando sendas victorias difíciles de convalidar.


En formato digital, el presidente Donald Trump desde la Cumbre del G7 en Francia y el Líder Supremo Mojtaba Khamenei desde su refugio firmaron un memorándum de acuerdo de 14 puntos que, según se mire, arrojan uno u otro resultado del conflicto, aunque lejos de la “rendición incondicional” prometida por Washington.


El acuerdo deja de lado el pretendido “cambio de régimen” iraní que movilizó inicialmente a Washington, no fija límites a la capacidad misilística de Teherán, ni a su apoyo a grupos afines como Hezbollah en Líbano y los hutíes en Yemen, aunque asegura un desarrollo nuclear del país persa con fines pacíficos. 


Los detalles de un acuerdo sobre la más sensible de las cuestiones en disputa, la nuclear, quedó al tope de la agenda de negociaciones que Washington y Teherán sostendrán durante 60 días en el territorio neutral de Suiza, donde también se decidirá el levantamiento de las sanciones económicas a Irán.


Aunque Israel insistió en rechazar el acuerdo y 24 horas después volvió a bombardear Beirut, selló otra frágil tregua con el grupo islámico pro iraní Hezbollah, mientras el mundo asistía a la progresiva reapertura el Estrecho de Ormuz, por donde solía pasar el 20% del crudo y del gas natural.


La inmediata consecuencia global del acuerdo fue la caída del petróleo por debajo de los 80 dólares el barril de referencia Brent (cotizaba 65 dólares antes del conflicto y rozó los 120 dólares hace un mes) y la baja en el precio de muchos commodities, además de valores de refugio como el oro.


Al regresar a Washington, Trump argumentó que firmó el acuerdo porque "lo ​único que no ‌quería ver era una catástrofe económica” en Irán y que “si se hubiera seguido por este camino, eso ‌podría haber ​ocurrido", aunque no dudó en advertir que volvería a bombardear Irán si hiciera falta.


En cambio, Khamenei dijo que fue Trum, “por desesperación” el que prometió “la salvaguarda de los derechos de la nación iraní y del Frente de la Resistencia” y que “usó todo tipo de influencia para lograrlo".


Desde Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu evitó expresarse públicamente, después de merecer una llamada personal de Trump en la que le reprochó seguir con los bombardeos en plena negociación -”qué demonios estás haciendo”-, pero su ministro más poderoso, Ben Gvir, consideró el acuerdo “un grave error”.


"Si yo estuviera en el gobierno israelí, no atacaría al único aliado poderoso que me queda en el mundo", le advirtió el vicepresidente J.D. Vance. "Dos tercios de las armas defensivas que le han protegido han sido fabricadas por manos estadounidenses con el dinero de los contribuyentes estadounidenses.


¿Quién salió realmente ganancioso del conflicto, entonces? ¿Estados Unidos, que asegura haber frenado la construcción iraní de armamento atómico? ¿O Irán, que resistió los bombardeos, descubrió el poder de cerrar el  Estrecho de Ormuz y hasta puede llevarse compensaciones económicas de un acuerdo final de paz?


EEUU: tontos y críticos



“Estos tontos, que piensan que no he sido lo suficientemente duro con Irán, cuando el mercado de valores acaba de alcanzar un máximo histórico y los precios del petróleo se desploman, están celosos, son malas personas o estúpidos”, razonó Trump en las redes sociales que frecuenta.


Pero no todos piensan igual: “Es difícil ver lo que está emergiendo como algo que no sea una retirada humillante para un presidente que inició una guerra por elección propia prometiendo transformar el Medio Oriente”, publicó New Yorker. “La guerra y sus consecuencias pueden representar un fracaso decisivo para la política exterior de Trump, uno que incluso podría haber fortalecido a Irán en la región”.


La brusca interrupción del suministro de gas y petróleo, además de fertilizantes, golpeó el mercado asiático primero, incluso a China, pero luego dio de lleno en el estadounidense con aumentos del precio de las naftas que se trasladaron al resto de las mercancías y llevaron la inflación a 3,8% anual, el nivel más alto en tres años.


Según el New York Times, aunque la guerra agravó la crisis previa de precios y abastecimiento de la economía de Irán, y le provocó serios daños a su infraestructura básica, a Estados Unidos la guerra le costó unos 132 mil millones de dólares en gastos militares y subas de los precios internos.


Después de hacer campaña con el lema “no more wars”, Trump terminó reeditando el intervencionismo militar clásico de los “neoconservadores” republicanos que el movimiento MAGA había desplazado del control de la política exterior del partido.


Varios senadores republicanos reaccionaron con críticas, escepticismo y alarma. Ronald “Reagan se está revolcando en su tumba”, escribió en redes el senador Bill Cassidy, de Luisiana, quien perdió las primarias el mes pasado en plena guerra y reprochó a Trump su incapacidad para frenar el desarrollo nuclear de Irán.


“¿Le estamos dando 300 mil millones al ayatollah?”, se preguntó irónicamente sobre las promesas de inversiones privadas incluidas en el memorándum el senador Ted Cruz (Texas), quien respaldó la guerra desde el inicio.  “Darle miles de millones de dólares a unos lunáticos teocráticos que nos quieren asesinar no es una buena idea. Creo que el presidente, por desgracia, está siendo mal aconsejado".


Líderes del movimiento MAGA, que hicieron del aislacionismo estadounidense una bandera, temen que los tres meses conflicto y la suba de precios perjudiquen a sus candidatos para las elecciones de medio término de noviembre, cuando se pone en juego el actual control republicano de las dos cámaras y Trump se hunde en los índices de aprobación de su gestión. 


Voceros como Megyn Kelly y Tucker Carlson acusaron a Trump de ser arrastrado a la guerra por Israel. La guerra redujo los arsenales de Estados Unidos y dejó los frentes de Ucrania y Taiwán desprovistos, mientras que Irán lanzó más de 1.500 misiles y 4.700 drones en el Golfo Pérsico pero tuvo el 70% de los suyos.


“No existe ningún escenario en el que el conflicto con Irán pueda considerarse algo positivo para esta administración y para el Partido Republicano en general”, opinó el periodista Robert Draper. “Ni en 2026, ni en 2028. No va a ayudar en absoluto. Es más difícil predecir cuánto daño causará”.


En la evaluación de Ian Bremmer, el programa nuclear iraní sobrevivió, lo mismo que su arsenal de misiles balísticos, sus drones y sus aliados en Irak, Líbano y Yemen. “El régimen que Trump se propuso derrocar sigue en pie, maltrecho pero intacto, estratégicamente más fuerte que al comienzo de la guerra, y ahora se le pagará para permitir el paso por un canal que estaba abierto antes de que Estados Unidos e Israel dispararan el primer tiro”.


“Tras cuatro meses de destrucción regional y convulsión global, no se ha logrado ninguno de los objetivos declarados de la guerra, lo que constituye el peor error de la política exterior estadounidense desde la guerra de Irak”, afirma Bremmer en su despacho semanal de Gzero Media.


En X, el analista Esteban Actis enunció los problemas de Trump al cabo de tres meses de conflicto: no poder traducir la superioridad militar en objetivos, ni garantizar por tres meses la libre navegación de los mares, ni lograr armar una coalición internacional para ello, ni controlar la voluntad de un aliado al que históricamente financió y asistió (Israel), ni imponer una narrativa. “La crisis relativa de la hegemonía estadounidense es empírica”, concluyó.



Destrucción y supervivencia


Según Nate Swanson, mirando el conflicto desde la vereda opuesta, Irán llegó al acuerdo pero podría “perder la paz” alcanzada si estira demasiado la cuerda en las negociaciones de los próximos dos meses. 


Para Swanson es clave en adelante observa cómo Teherán asume el acuerdo la libertad de navegación en el Estrecho de Ormuz, que puede usa “ya sea como una herramienta para ganar dinero o como una garantía de seguridad aunque probablemente no pueda hacer ambas cosas”.


Según las estimaciones sin confirmación oficial, al menos 3.400 iraníes murieron bajo las bombas estadounidenses e israelíes durante la guerra, otras miles resultaron heridas y muchas ciudades y poblados perdieron instalaciones de agua y escuelas (otras 3.700 personas murieron en Líbano, donde un quinto de la población quedó desplazada).


Cuando EEUU e Israel lanzaron su guerra contra Irán a finales de febrero, el régimen de Teherán se encontraba en una posición de debilidad sin precedentes. Se enfrentaba a crisis económicas y ambientales existenciales, a una capacidad defensiva mermada, a disturbios internos y al escrutinio externo tras una brutal represión de las protestas en enero que mató a miles de sus propios ciudadanos. 


Pero la República Islámica, según Foreign Affairs, ha emergido intacta, fortalecida y armada con un nuevo elemento de disuasión que parece aún más poderoso que todas las armas que sus adversarios dañaron con los ataques aéreos: su control sobre el estrecho de Ormuz.


El memorándum de acuerdo parece inclinarse a favor de Irán: levanta el bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes, otorga exenciones de sanciones para los productos petroleros iraníes -lo que significa que Teherán ya no tiene que vender petróleo con descuento- y le da a la República Islámica acceso a fondos congelados por un valor de unos 24.000 millones de dólares. 


Es más, aunque el memorando incluye la apertura del Estrecho de Ormuz, deja la puerta abierta para que Irán imponga aranceles a los barcos que lo crucen. Sin embargo, la República Islámica sigue siendo vulnerable. 


Su líder histórico, Alí Khamenei, está muerto, su hijo y heredero Mojtaba supuestamente está herido (no se le ha visto en público en meses) y ahora no hay una guerra que una al país, cuyo régimen acordó con el "Gran Satán", Estados Unidos. En este contexto, los analistas se preguntan si podrían resurgir las protestas civiles de enero, antes de estallar el conflicto.


Trastornos globales



Si Estados Unidos e Irán finalmente llegan a un acuerdo en el que confíen suficientes partes, hay muchas posibilidades de que la infraestructura energética en Medio Oriente se reconstruya y de que el transporte marítimo se recupere. Pero la guerra ha alterado el orden económico mundial de maneras que ya parecen permanentes, o al menos duraderas, advierten los analistas.


Es posible que el costo del transporte marítimo haya aumentado de forma permanente. Irán pretende imponer aranceles a los barcos que transitan por el estrecho de Ormuz. Y el hecho de que haya demostrado su capacidad para interrumpir el transporte marítimo eleva los costos de los seguros .


La crisis energética de los últimos cuatro meses también está impulsando la búsqueda de alternativas al petróleo y al gas del Golfo Pérsico. El auge de las energías renovables probablemente beneficiará a China, líder mundial en la producción de turbinas eólicas, baterías y paneles solares. 


Rusia, el segundo mayor productor de petróleo crudo y gas después de Estados Unidos, también ha recibido un impulso. Además, países como Brasil, Venezuela, Colombia, Argentina y Guyana aumentan su capacidad de producción petrolera.


Quizás lo más importante para muchos hogares es que la economía mundial ya no sigue la senda que tenía a principios de 2026, según el New York Times. En aquel entonces, los economistas estaban pensando en revisar al alza sus previsiones para el año.


“La inflación estaba bajando y el crecimiento se estaba acelerando”, declaró Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial.


Ahora, los bancos centrales de todo el mundo están subiendo las tasas de interés para combatir la inflación. El Banco Mundial acaba de rebajar sus previsiones de crecimiento global. Un año que empezó prometedor se perfila como un año difícil. Y eso si el acuerdo se mantiene.



 
 

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