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Un muro verde-amarelo

  • hace 6 horas
  • 6 min de lectura

Lula Da Silva se ha propuesto el doble objetivo de bloquear el regreso al poder de los Bolsonaro y mantener a Brasil como última línea de defensa ante el avance ideológico y estratégico de EEUU en la región.


La reciente tanda de aranceles comerciales impuestos por Estados Unidos a Brasil puso a las relaciones bilaterales en el centro del proceso electoral que enfrentará en octubre a otro intento reeleccionista del izquierdista Lula da Silva con la derecha liderada por Flávio Bolsonaro y su familia, aliada ideológica del trumpismo. 


La renovada ofensiva arancelaria estadounidense, tras una tregua que incluyó una poco productiva reunión en Washington de Lula con su par Donald Trump, llega cuando las encuestas comienzan a favorecer al oficialismo y cuando los Bolsonaro multiplican conflictos internos y judiciales.


Por entonces, lo relevante para el internacionalista Oliver Stuenkel no era interpretar victorias sino “simplemente reducir el riesgo" de nuevos desacuerdos entre Brasilia y Washington, en un "momento muy delicado para la relación bilateral".


Ahora, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, justificó la imposición de aranceles de 25% a la mayoría de las importaciones procedentes de Brasil en que Lula nunca negoció “de buena fe” con Washington en los 30 días que se había impuesto con Trump para resolver las diferencias, y que “antepuso su ego”.


Washington acusó a Brasil de perjudicar a empresas tecnológicas de EEUU, de retroceder en la aplicación de medidas anticorrupción y hasta de permitir que agricultores brasileños obtengan ventajas competitivas mediante el uso de tierras deforestadas ilegalmente, en perjuicio de las exportaciones estadounidenses.


En respuesta, Brasil inició los trámites para aplicar la ley de reciprocidad y culpó a la familia Bolsonaro por influir en Washington por intereses electorales. “Es un hito lamentable” dijo la Presidencia, y recordó que en los últimos 15 años EEUU acumuló un superávit de 424.500 millones de dólares en el comercio bilateral.


Tácticas de guerra



Según el analista Gabriel Merino, se trató de “una típica táctica de guerra híbrida de cara a una batalla electoral en que se juega la estrategia de dominio continental total por parte de Washington. De fondo, se discute si Brasil puede jugar como potencia emergente o debe subordinarse en términos políticos y estratégicos a EEUU.


La política exterior, central en las tres gestiones de Lula al frente de Brasil, en el escenario regional (UNASUR, Mercosur) y en el ámbito global (ONU, BRICS), ya había jugado su rol electoral cuando el presidente fue meses atrás figuras central cumbre progresista en “Defensa de la Democracia”, en Barcelona.


Además de sus críticas a la intervención estadounidense en Venezuela (donde pidió elecciones), al embargo sobre Cuba y a la guerra en Medio Oriente, Lula rechazó la invitación a Brasil para sumarse al Escudo de las Américas, una iniciativa de seguridad regional de Washington bajo la renovada Doctrina Monroe que atrajo a todos los líderes de derecha de América Latina en torno de Trump.


A 10 semanas para la primera vuelta del 4 de octubre (si hay segunda será el 25), la situación interna aceleró las movidas externas. Las últimas encuestas llevan hasta 6% la diferencia de Lula sobre el senador Flávio Bolsonaro en un ballotage (45% a 37%, sin contar indecisos). En primera vuelta ganaría 40% a 28%, según Quaest.


En ello impactaron las revelaciones sobre la relación de Flavio Bolsonaro con el banquero Daniel Vorcaro, preso por un gigantesco fraude financiero. Y a ello sumó la disputa con su propia madrastra, Michelle Bolsonaro, esposa del expresidente Jair Bolsonaro -purga en su domicilio una condena a 27 años por el intento de golpe de Estado de 2022- y quien es muy influyente en el voto femenino y evangelista.


Un Bolsonaro menos


Para rematar, el juez Alexandre de Moraes, de la Corte Suprema y clave en la condena de Jair Bolsonaro, prohibió a Flávio (en la foto, con Trump) que visite a su padre hasta después de la primera vuelta por haber violado las condiciones de prisión domiciliaria que le había impuesto y que impiden que haga proselitismo.


Bolsonaro difundió a través de Flávio una “Carta a los brasileños” de apoyo a su hijo. Su argumento de que ignoraba que sería difundida fue desechado: “El texto comprueba claramente que pretendía comunicarse con sus seguidores”, señaló el juez Moraes sobre el ex presidente, quien tiene sus derechos políticos suspendidos pero había recibido 185 visitas (31 de sus hijos).


El senador y precandidato presidencial dijo que el fin de las visitas era una medida “desproporcionada e injusta” e hizo notar que el plazo de 90 días de incomunicación coincide con el calendario electoral. “No es casualidad que este plazo termine justo después de la primera vuelta”, afirmó.


Las gestiones de Flávio y de su hermano Eduardo Bolsonaro, ambos del Partido Liberal como su padre, ante líderes de ultraderecha en diversos países sugieren al gobierno de Lula que EEUU está dispuesto a jugar en las elecciones de Brasil, que serán apenas un mes antes de las estadounidenses de medio término.


En marzo, Lula prohibió la entrada de Darren Beattie, consejero para Brasil del Departamento de Estado de Trump, que se iba a reunir con el expresidente. La propia cancillería de Brasil alertó a la Corte Suprema que "la visita de un funcionario estatal extranjero a un expresidente de la República durante un año electoral podría constituir una injerencia indebida en los asuntos internos del Estado brasileño".


En ese contexto se inscribe la posterior clasificación de los grupos del crimen organizado y narcotráfico PCC y Comando Vermelho como “organizaciones terroristas”, que según la prensa brasileña Lula atribuye una gestión de los hermanos Bolsonaro ante la Administración Trump. 


Según el líder del gobierno en el Congreso, el senador Randolfe Rodrigues (PT-AP), los Bolsonaro “han soñado todo este tiempo con que hubiera una intervención extranjera en nuestro país. Todo esto es parte de su estrategia, de apoderarse del poder no por la vía democrática, sino por la vía de la fuerza", dijo.


El senador derechista Jorge Seif (PL-SC) replicó que Flávio Bolsonaro sólo “se está presentando como candidato legítimo de la derecha y generando aliados. Si es elegido, esto se traduce en asociaciones bilaterales, un mejor comercio. "Está buscando fortalecer su imagen como líder de la derecha de Brasil, de sustituto de su padre, y buscando apoyo internacional. ¿Quién no quiere ser apoyado por Trump?".


Economía y centrismo



“Ha llegado el momento de redefinir las Naciones Unidas para darle credibilidad porque si no, Trump tiene razón”, dijo Lula cuando visitó España y retiró sus críticas al Consejo de Seguridad por su inutilidad para frenar la invasión de Ucrania pero también el mundialmente denunciado genocidio de Israel en Gaza.


Entonces, seguro de su reelección, Lula afirmó que “el bolsonarismo no volverá a gobernar Brasil, porque el pueblo prefiere la democracia”, aunque la elección según los analistas brasileños terminarán siendo decididas por un décimo de los votantes. 


“La extrema derecha conserva una implantación social profunda, el país continúa fracturado y la batalla contra el bolsonarismo exigirá mucho más que una campaña defensiva”, afirma Valerio Acary, citado por la Revista Crisis. 


Para volcar la elección, y mantener a Brasil fuera del ámbito de influencia de la derecha estadounidense en el poder, Lula se ha trazado un plan que incluye al menos dos grandes apuestas: mejorar el humor social con la economía y forjar una alianza con el variopinto bloque de fuerzas centristas, el hiper pragmático "Centrao".


Así, Lula impulsa (ya fue aprobada por la Cámara de Diputados con el apoyo de la mayoría de los partidos, incluido el bolsonarista Liberal), actualmente de un día de descanso a la semana y 44 horas de trabajo, y que la iniciativa oficial lleva a 40 horas y dos días de descanso. 


De ser aprobada esta reforma, a los 60 días la jornada laboral semanal bajará a un máximo de 42 horas, con dos días de descanso semanal remunerado. A los 12 meses, se reducirá de forma definitiva a un máximo de 40 horas.


"En el ámbito económico, la preocupación por las cuentas públicas y la sostenibilidad fiscal se cierne sobre el gobierno, especialmente tras la desaceleración del crecimiento en 2025 y el aumento de la deuda pública", según Esther Solano y Alexandre Fuccile.


Ambos opinan que la economía se presenta como el campo decisivo en el que se decidirá la batalla electoral de octubre, mientras la economía se desacelera por debajo de un crecimiento del 2%.


La tasa de desempleo se encuentra en el nivel más bajo de la serie histórica (en torno de 5,5% de la población económicamente activa) y la renta media de los trabajadores sigue creciendo, la deuda bruta estatal ronda el 78% del PIB, el déficit de cuenta corriente el 3,5% del PIB y unos 72 millones de brasileños están en mora (43% de los adultos, la cifra más alta desde que se empezó a registrar).


"El porcentaje de brasileños mayores de 16 años (es decir, los que ya pueden votar) que declaran haber realizado algún tipo de apuesta subió de 24% en octubre de 2024 a 36% en septiembre de 2025, lo que ha duplicado la tasa de endeudamiento por las apuestas en línea y un drenaje de recursos del mundo del consumo", dicen los autores.


Mientras tanto, la política reacciona. El vicepresidente del Partido de los Trabajadores (PT), Washington Quaquá, verbalizó una idea del Planalto: el oficialismo necesita "atraer al centro" para ganar las elecciones y luego seguir gobernando y ello debería formar parte de un "movimiento estratégico" de la fuerza izquierdista en el poder.


“No hay elección posible en Brasil sin un acuerdo con el centro. Eso forma parte de la estructura de la sociedad brasileña, del pensamiento de la sociedad brasileña. Hay un tercio de votantes de derecha, un tercio de izquierda y tradicionalmente un tercio de centro. Así, para ganar y para gobernar, es fundamental que atraigamos al centro. Es un movimiento estratégico del PT”, dijo Quaquá.


 
 

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