"Un EE. UU., dos paĆses", por Richard Haass
- Embajada Abierta
- 12 nov 2020
- 4 Min. de lectura

Mientras escribo esto, por todo Estados Unidos los funcionarios continĆŗan contando los votos de la elección presidencial de 2020. Cuando finalice el conteo seguramente habrĆ” recuentos y objeciones legales. Esto es esperable en una elección reƱida y acalorada, que generó una participación rĆ©cord. Solo los ciudadanos pueden votar por el presidente de EE.Ā UU., pero su decisión afecta a la gente en todo el mundo; aunque tal vez sea demasiado pronto para conocer con certeza los resultados, no resulta prematuro explorar quĆ© nos revela esta elección sobre el paĆs mĆ”s poderoso del mundo.
En cuanto a lo positivo, Estados Unidos sigue siendo una democracia sólida: la participación de los votantes fue elevada a pesar de las restricciones fĆsicas por la pandemia de la COVID-19, el proceso parece avanzar de acuerdo a como fue diseƱado y la violencia fue mĆnima. Los tribunales estĆ”n investigando lo que parecen haber sido decisiones politizadas por parte del servicio postal de EE.Ā UU. para impedir la entrega de votos de zonas donde se preveĆa un voto mayormente demócrata. La injustificada declaración de victoria del presidente Donald Trump en la tarde del martes tuvo poco impacto y su pedido para detener el conteo (al menos en los estados en los que va ganando) parecen haber caĆdo en oĆdos sordos.
Lo preocupante, sin embargo, es que el electorado estadounidense continúe tan profundamente dividido. Los votantes se repartieron en partes casi iguales entre ambos candidatos. No sorprende que esta división probablemente lleve a un gobierno dividido, si continúan las tendencias actuales, los demócratas ganarÔn la Casa Blanca y mantendrÔn el control de la CÔmara de Representantes, mientras que los republicanos conservarÔn el control del Senado. Las gobernaciones y legislaturas estatales estÔn divididas en partes casi iguales entre ambos partidos (los republicanos llevan una pequeña ventaja).
La Ā«ola azulĀ» anticipada por los demócratas no llegó. Joe Biden probablemente ganarĆ” el voto popular por un amplio margen, 4 o 5 millones de los 160 millones de votos registrados, pero los republicanos conservaron las bancas del Senado que muchos previeron que pasarĆan a los demócratas, quienes en realidad perdieron puestos en la CĆ”mara. No hubo un mandato firme ni un realineamiento polĆtico.
Trump logró una excelente elección y recibió 5 millones de votos mĆ”s que en 2016, la segunda mayor cantidad de votos de cualquier candidato a presidente en la historia de EE.Ā UU. y mĆ”s que cualquier otro ganador previo, algo es particularmente destacable, porque tuvo lugar con el telón de fondo de una cantidad rĆ©cord de 100Ā 000 nuevos casos y 1000 muertes por dĆa debidos a la COVID-19. Justo cuando las consecuencias de la mala gestión de la pandemia por este gobierno se tornaron mĆ”s graves, casi la mitad del electorado salió a brindarle su apoyo.
Incluso si Trump pierde, lo que parece probable, mantendrĆ” una voz poderosa, especialmente si sigue formando parte de la escena pĆŗblica (lo que tambiĆ©n parece probable). Incluso si Ć©l mismo no se postula, probablemente su influencia serĆ” considerable en la elección del candidato del Partido Republicano para las próximas elecciones presidenciales en 2024; su partido serĆ” muy distinto de lo que fue con los presidentes George W. Bush o Ronald Reagan, el trumpismo āel populismo estadounidense actualā continuarĆ” siendo una fuerza poderosa.
Trump, y esto no sorprende en absoluto, hizo todo lo que pudo para embarrar el terreno y deslegitimar los resultados electorales, con acusaciones de fraude carentes de evidencia. Muchos de sus partidarios se negarÔn a aceptar la legitimidad de la presidencia de Biden, es muy probable que Trump nunca acepte la derrota y mucho menos que asista a la jura del cargo de su sucesor. Parafraseando a Will Rogers, Trump nunca se cruzó con una regla sin romperla.
Los estadounidenses viven cada vez mĆ”s en mundos separados: se han distribuido en comunidades y regiones donde se rodean de quienes piensan igual que ellos. Cada mundo tiende a mirar sus propios canales de televisión por cable, escuchar sus propias estaciones de radio y pódcast, y visitar sus propios sitios web; y la falta de un plan de estudios de educación cĆvica unificado para todo el paĆs facilita que esta división pase de una generación a otra.
Vale la pena destacar que esta división del paĆs no se relaciona, en su mayor parte, con la situación económica; gente de todo tipo votó por ambos candidatos, y los patrones demogrĆ”ficos, de gĆ©nero y raciales no fueron tan claros como muchos predijeron. Las diferencias se basaron principalmente en las soluciones.
Los niveles educativos son un claro indicador de la orientación polĆtica, al igual que la geografĆa: es mĆ”s probable que los votantes republicanos vivan en los suburbios mĆ”s alejados y regiones rurales, y los demócratas, en zonas metropolitanas. La cultura, sin embargo, puede tener mĆ”s impacto que cualquier otra cosa en la polĆtica estadounidense. Que conste, la polĆtica exterior parece no haber influido demasiado en la campaƱa, excepto para movilizar a grupos de votantes especĆficos, como las grandes comunidades cubana y venezolana del sur de Florida.
Con este telón de fondo, serĆ” difĆcil lograr apoyo para reformar significativamente los mecanismos para elegir presidentes o cómo funciona el gobierno. Esta situación se asemeja muchĆsimo a la del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: muchos coinciden en que el sistema actual tiene graves falencias y no es representativo, pero es imposible alcanzar el consenso para reformarlo, porque cualquier posible solución beneficiarĆa a algunos y perjudicarĆa a otros. No sorprende que quienes saldrĆan perdiendo con los cambios se resistan a ellos.
Esto harĆ” que gobernar sea difĆcil. Mucho dependerĆ” de los cĆ”lculos del lĆder republicano en el Senado, Mitch McConnell, y su capacidad y voluntad para trabajar con Biden si es presidente. El trabajo conjunto tambiĆ©n requerirĆ” que Biden haga concesiones, algo que seguramente serĆ” resistido por los miembros mĆ”s ideológicos de su propio partido.
Los demócratas esperaban un claro repudio a Trump y todo lo que personifica, pero no lo obtuvieron. Los republicanos buscaban una elección que convalidara a Trump, algo que tampoco ocurrió. En lugar de ello, la elección reveló un paĆs y dos naciones. TendrĆ”n que coexistir... queda por verse si podrĆ”n trabajar conjuntamente.
Publicado por Richard Haass en Proyect Syndicate, el 6 de noviembre de 2020.
