CLIMA Y HAMBRE, DOS EXTREMOS QUE SE TOCAN

La histórica ola de calor que calcina a Europa este verano llamó la atención global, pero el mundo lleva ya dos décadas de un aumento de sequías (29%) castigando a países en desarrollo, un fenómeno letal que conecta directamente con la creciente inseguridad alimentaria que sufren más de mil millones de personas, agravada por el impacto del conflicto de Ucrania en el acceso a cereales y fertilizantes.



El número y la duración de las sequías aumentó 29% desde 2000, lo que obliga al mundo a afrontar ya esos fenómenos vinculados con el calentamiento global con medidas de mitigación urgentes, según la evaluación de la Convención de la ONU para Combatir la Desertificación (UNCCD), difundida durante la 15ª Conferencia de las Partes (COP15-2022), en Abiyán, Costa de Marfil.


Todos los datos y cifras de esta publicación apuntan en la misma dirección: una trayectoria ascendente en la duración de las sequías y la gravedad de los impactos, que no solo afectan a las sociedades humanas sino también a los sistemas ecológicos de los que depende la supervivencia de toda la vida, incluida la de nuestra propia especie”, indicó Ibrahim Thiaw, secretario ejecutivo de la UNCCD.


La mitad de los desastres en el mundo fueron causados por fenómenos meteorológicos, climáticos e hídricos, que representaron el 45% del total de las muertes entre 1970 y 2019, principalmente en países en desarrollo. Los récords históricos de temperaturas en este último verano europeo (40°C en Reino Unido, sin precedentes en dos siglos) son un alerta, también, para países desarrollados.


En medio de la guerra en Ucrania (primer productor mundial), los precios del trigo subieron casi 60 por ciento en lo que va del año e India (segundo productor mundial) anunció la suspensión de sus exportaciones del cereal a causa de una alarmante ola de calor. En mayo, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió abiertamente sobre "el espectro de una escasez mundial de alimentos" que podría durar años. Ahora mismo, hay 250 millones de personas al borde del hambre.


En mayo, Sara Menker, experta en seguridad alimentaria, aseguró ante el Consejo de Seguridad de la ONU que el mundo tenía 10 semanas de reservas de trigo, un nivel sin precedentes, y que la guerra en Ucrania sólo agravó el problema.



Tras cuatro temporadas de lluvias fallidas, en Etiopía, Kenia y Somalia al menos 16,7 millones de personas se enfrentan a problemas alimentarios agudos, y se proyecta que las cifras aumenten a 20 millones de personas para septiembre, según distintas agencias de la ONU (FAO, OMM Y PMA). Más de un millón de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares en busca de agua y alimentos, en Somalia, las tierras áridas y semiáridas de Kenia y las zonas de pastoreo de Etiopía.


Más de 1.400 millones de personas se vieron afectadas por las sequías en el mundo sólo entre 2000 y 2019 (una situación que persiste con la guerra), el tipo de desastre que afecta al segundo mayor número de personas, después de las inundaciones.


Estos datos coincidieron con el último Estado Mundial del Clima de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), actualizado a 2021, según la cual los últimos siete años fueron los más cálidos en la Tierra desde que hay registros, hace siglo y medio. En 2021, la temperatura global media quedó 1,11°C sobre los niveles preindustriales solamente porque fue moderada por el Fenómeno La Niña.


Según la OMM, Cuatro indicadores claves del cambio climático -concentración de gases de efecto invernadero, nivel del mar, temperaturas de los océanos y acidificación de sus aguas- alcanzaron niveles récord en 2021.


Consecuencias


El panorama global de las sequías 2020-2022 (UNCCD).


Para calibrar la dimensión del problema: en ese medio siglo las sequías representaron específicamente un 15% de los desastres naturales, pero se cobraron el mayor número de víctimas humanas, aproximadamente 650.000 muertes. Más cerca en el tiempo, entre 1998 y 2017, las sequías causaron pérdidas económicas mundiales de cerca de 124.000 millones de dólares.


Hoy, más de 2.300 millones de personas afrontan estrés hídrico y casi 160 millones de niños están expuestos a sequías severas y prolongadas.


Según las proyecciones de la UNCCD, a menos que se intensifique la acción de mitigación, para 2030 se calcula que 700 millones de personas correrán el riesgo de ser desplazadas por las sequías.


Para 2040 uno de cada cuatro niños vivirá en áreas con escasez extrema de agua y para 2050 las sequías pueden afectar a más de las tres cuartas partes de la población mundial y entre 4.800 y 5.700 millones de personas residirán en áreas con escasez de agua durante al menos un mes cada año, frente a los 3.600 millones actuales.


En estrecha relación con lo anterior, hasta 216 millones de personas podrían verse obligadas a migrar en 2050, en gran parte debido a la sequía en combinación con otros factores, como la escasez de agua, la disminución de la productividad de los cultivos, el aumento del nivel del mar y la sobrepoblación.


Para todos



El mundo avanza hacia una inminente crisis alimentaria generalizada, según el último estudio del Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que identifica como causas a los conflictos, la crisis económica, la pandemia y el impacto de la guerra en Ucrania, pero también las condiciones climáticas extremas.


En ese último aspecto, África es el continente más golpeado, con más de 300 episodios de sequía en los últimos 100 años, el 44% del total mundial, y más recientemente las cosas han ido todavía peor en el África subsahariana, con fenómenos cada vez más frecuentes e intensos en los que destacan los desastres de Etiopía, que además sufre un cruento conflicto interno en Tigray, y Somalia (el 40% sufre inseguridad alimentaria, unas seis millones de personas).


África sufrió la sequía con más frecuencia que cualquier otro continente, con 134 sequías, de las cuales 70 se produjeron en África Oriental. En todo el Cuerno de África, desde el norte de Kenia hasta Somalia y franjas de Etiopía, hasta 20 millones de personas podrían pasar hambre este año, ya que el retraso de las lluvias agrava lo que ya era la peor sequía en cuatro décadas.


En 2021, la sequía más intensa que vivió Madagascar en 40 años, junto con otros fenómenos medioambientales provocados por el hombre, desató lo que el Programa Mundial de Alimentos considera “primera hambruna del cambio climático”. En total, unos 1,3 millones de malgaches sufrieron la crisis. Tormentas de arena probablemente causadas por la erosión del suelo y la deforestación de los últimos 20 a 30 años complicaron aún más los cultivos y la recolección de cosechas.


En Europa, en el último siglo se cuentan 45 grandes episodios de sequía que afectaron a millones de personas y provocaron más de 27.800 millones de dólares en pérdidas económicas. Hoy, una media anual del 15% de la superficie terrestre y el 17% de la población de la Unión Europea se ven afectados por la sequía.


En Estados Unidos, las pérdidas de cosechas y otras pérdidas económicas debidas a la sequía han ascendido a varios cientos de miles de millones de dólares en el último siglo: 249.000 millones sólo desde 1980.


Ya en Asia, el efecto de las sequías graves redujo el PIB de India entre 2 y 5% entre 1998 y 2017. Este mismo 2022, India y Pakistán sufrieron una histórica ola de calor y sequías cuyas consecuencias todavía se miden. El gobierno indio, previendo males peores, prohibió directamente la exportación del trigo del país, segundo productor mundial del cereal después de Ucrania.


China, el mayor productor de trigo, estima que la de 2022 puede ser la peor de su historia por falta de lluvias.


Desde los 80, en Asia Central, los climas desérticos se han extendido hacia el norte hasta 100 kilómetros. En los últimos 35 años las temperaturas han aumentado en toda Asia Central, que incluye partes de China, Uzbekistán y Kirguistán. Las regiones montañosas se han vuelto más cálidas y húmedas, lo que podría haber acelerado el retroceso de algunos glaciares importantes. Son cambios que impactan en los ecosistemas y a quienes viven en ellos, para empezar, los humanos.


En Australia, como resultado de la llamada sequía del milenio, la productividad agrícola total se redujo en un 18% entre 2002 y 2010. En 2019 y 2020, el país sufrió seis meses de extendidas olas de calor con registros de temperaturas récord e incendios forestales en Nueva Gales del Sur y el sudeste australiano, en lo que se dio en llamar el Verano Negro. El fenómeno provocó una pérdida dramática de hábitat para especies amenazadas. Unos 3.000 millones de animales murieron o fueron desplazados en los incendios forestales australianos.


En lo que va de este siglo, la Amazonia sufrió tres sequías generalizadas y todas ellas desencadenaron incendios forestales masivos. Los expertos vinculan la situación en la región con la sobreexplotación de la tierra y el cambio climático, y advierten que si la deforestación continúa a este ritmo hasta 16% de los bosques que quedan en la región arderán en 2050.


América Latina y el Caribe, según el PMA, sufre una crisis oculta que involucra a casi 10 millones de personas sin acceso a los alimentos que necesitan, una cifra que puede elevarse hasta 14 millones en 2022. “Es un efecto dominó de los fenómenos climáticos, la pandemia en curso y la crisis alimentaria, energética y financiera vinculada con la guerra”, dijo Lola Castro, directora regional del PMA.


El futuro



Adicionalmente, el conflicto en Ucrania amenaza no sólo con aumentar los precios de los alimentos, sino también con elevar el precio de los fertilizantes para millones de pequeños agricultores, lo que pondría en peligro la cosecha del próximo año.


"A nivel mundial, nos enfrentamos a un año de necesidades sin precedentes, ya que los conflictos, las perturbaciones climáticas y el aumento del coste de los alimentos y el combustible hacen que millones de personas necesiten ayuda humanitaria", afirmó Michael Dunford, director regional del Programa Mundial de Alimentos (WFP) para África Oriental.


La UNCCD advierte sobre la encrucijada que plantean las sequías, cada vez más estrechamente vinculadas con el cambio climático: “Necesitamos orientarnos hacia las soluciones en lugar de continuar con acciones destructivas, creyendo que un cambio marginal puede curar la falla sistémica”, dice su jefe, Ibrahim Thiaw.


Según el organismo, una de las mejores soluciones es la restauración de la tierra, que aborda muchos de los factores subyacentes de los ciclos degradados del agua y la pérdida de fertilidad del suelo, para construir y reconstruir paisajes que imiten la naturaleza si es posible y crear sistemas ecológicos funcionales.


Otra es la adopción de técnicas de gestión agrícola sostenibles y eficientes que produzcan más alimentos en menos tierra y con menos agua, cambios en las relaciones humanas con los alimentos al pasar a dietas basadas en plantas y reducir o eliminar el consumo de animales.


También, la UNCCD recomienda establecer sistemas efectivos de alerta temprana que funcionen más allá de las fronteras, el despliegue de nuevas tecnologías como seguimiento satelital e inteligencia artificial para guiar decisiones con mayor precisión e invertir en la salud del suelo.


A corto plazo, sin embargo, el planeta tiene una complicación adicional con el Fenómeno La Niña, que desde 2021 influyó en las precipitaciones y exacerbó sequías e inundaciones en todo el mundo, y puede continuar en todo 2022, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).


El cambio climático antropógeno acrecienta los efectos de los fenómenos de origen natural, como La Niña, e incide cada vez más en las condiciones meteorológicas”, explicó Petteri Taalas, secretario general de la OMM. La traducción es, otra vez, la misma: mayor intensidad del calor y sequías, y riesgo conexo de incendios forestales, a la vez que diluvios e inundaciones sin precedentes.


Publicado el 26/07/2022