COREA ELIGE PRESIDENTE Y BUSCA NUEVOS LIDERAZGOS

Los surcoreanos elegirán este 9 de marzo un nuevo presidente entre los candidatos de los dos principales partidos del país, con las opciones abiertas y la búsqueda de un nuevo liderazgo, para dejar atrás la turbulencia política de los últimos años, ahora que la situación económica y el contexto externo son más complejos.



Los candidatos de los dos grandes partidos surcoreanos, Lee Jae-myung, del gobernante Partido Democrático, y Yoon Seok-youl, del opositor Partido del Poder Popular se disputarán este 9 de marzo la presidencia del país sudasiático, escenario de continuos escándalos políticos que opacaron su vigorosa economía.


Tanto Lee como Yoon (los otros 11 postulantes casi no tienen opciones según los sondeos) son candidatos atípicos para lo acostumbrado en Corea del Sur desde el final de la última dictadura militar (1979-1987): ninguno de los dos pasó por la Asamblea Nacional (Gukhoe, Congreso).


Lee fue alcalde de Seongnam y gobernador de Gyeonggi, la provincia más poblada del país. Yoon hizo carrera como uno de los fiscales que encarceló por corrupción y abuso de poder a la expresidenta Park Geun-hye en 2017, al cabo de más de cuatro meses de masivas manifestaciones del “Movimiento de las Velas”.


El actual presidente, Moon Jae-in, asumió en 2017 en medio de la crisis política que costó el cargo a su antecesora Park y termina este año su periodo de cinco años en la Casa Azul (sede del gobierno). La Constitución surcoreana impide la reelección.


El imperativo de un cambio de liderazgo que oxigene la política surcoreana ya se tradujo en las elecciones primarias que ganaron Lee y Yoon. El primero se impuso en el oficialismo a Lee Nak-Yeon, expremier de Moon, y el opositor a Hong Joon-Pyo, con un recorrido político de más de 20 años.


Según los analistas, ambas candidaturas expresan la creciente desconfianza de los surcoreanos hacia los establishments políticos, tanto el de las primeras élites que iniciaron el despegue económico del país como el de las nuevas que generó con el tiempo.


De ahí que tanto Lee como Yoon se hayan mostrado durante la campaña como figuras más próximas al ciudadano, al borde del populismo, al punto de debatir públicamente sobre un subsidio a los problemas de calvicie.


Como anticipo, la oposición conservadora conquistó en 2021 la alcaldía de la capital, Seúl, por 57,5 % de los votos contra 39% de los demócratas, que habían ganado las legislativas de 2016 y 2020, las locales de 2018 y las presidenciales de 2017, cuando ganó Moon el actual presidente Moon.


Los comicios se celebrarán en un contexto definido por la pandemia (en la que el oficialismo tuvo una gestión aceptada por la población), la corrupción política, la creciente desigualdad del “milagro” económico surcoreano, la crisis de la vivienda (el precio medio se duplicó en Seúl en los últimos cinco años) y el desempleo.


La economía surcoreana se recuperó con un crecimiento del 4% del PIB en 2021 (-0,9% en 2020), lo mejor en 11 años, pero se ralentiza entrando en 2022, pese a la creciente demanda global de microchips, el principal producto de las exportaciones del país, que a su vez representan la mitad de su actividad económica como parte de un modelo productivo también en debate.


También influyen, en un contexto internacional tan alterado por la crisis de Ucrania, el debate sobre el conflicto principal con Corea del Norte (si confrontar o acercarse a Pyongyang), así como sobre las relaciones con China -su vecino más poderoso- y con Estados Unidos, aliado militar y clave en el desarrollo tecnológico, económico y comercial del país desde hace medio siglo.


Los 42 millones de electores elegirán entre un total de 14 candidatos, y además de Lee y Yoon hay tres con menos posibilidades: Ahn Cheol-soo, un empresario de software (Partido Popular); Huh Kyung-young, quien promete una renta básica universal; y Sim Sang-jung (Partido de la Justicia), diputada que se opone a la militarización del país y a la herencia de los chaebols, los grandes oligopolios que dominan la economía.


La elección presidencial en Corea del Sur es a una sola vuelta y por mayoría simple de votos. En junio habrá comicios locales, pero el Congreso unicameral se renovará recién en 2024, por otros cuatro años, contra cinco del jefe del Estado. En la última legislativa en 2020, el gobierno de Moon recibió uno de los primeros respaldos a un oficialismo en pandemia.


Dos en liza



El candidato Lee, del oficialismo centrista, pretende inaugurar una “presidencia económica” en esta Sexta República democrática surcoreana, que comenzó con Roe Tae-Woo (1987-93), tras el régimen militar que abrió Park Chung-hee (1960-79) y durante el cual el país se transformó en uno de los Tigres Asiáticos.


Perjudicado por la baja popularidad del actual presidente Moon Jae-in, que le ganó las elecciones internas del Partido Demócrata por la candidatura de 2017, Lee propone esta vez reeditar a nivel nacional su gestión desde 2018 como gobernador eficiente de una región clave en la fortaleza tecnológica del país (Pangyo).


Lee impulsa una Renta Básica Universal, en el marco de un plan económico que incentive la demanda para darle un nuevo impulso a la economía surcoreana, estancada en un ritmo de crecimiento de 2-3% durante la última década. La historia personal de Lee, marcada por el trabajo infantil y la experiencia de la desigualdad, le da autoridad para empatizar con los ciudadanos desencantados con la política.


En lo social, Lee reconoce algunas de las demandas de la comunidad LGBT, sin convalidar el matrimonio igualitario. Desde el nacionalismo étnico que caracteriza hace décadas a Corea del Sur, también se ha diferenciado del actual gobierno exigiendo medidas anti COVID-19 más duras con los extranjeros.



Al contrario, Yoon se apalanca en la caída de imagen del gobierno demócrata para, desde un perfil de candidato también novedoso, sin haberse probado antes como funcionario político o legislador, sino como adalid contra la corrupción de altos funcionarios del gobierno que investigó como Fiscal General, hasta su renuncia.


Yoon apuesta por atraer a un electorado que apueste por una renovación de una clase política tradicional desacreditada al que ofrecerle además respuestas nuevas a problemas estructurales como el déficit de vivienda, aunque desde un enfoque conservador en lo social y neoliberal en lo económico (propone aumentar la jornada laboral de 52 horas semanales para mejorar la productividad).


Corea del Sur y el mundo



Las relaciones dentro de la Península de Corea, tras la ocupación japonesa dividida en dos países desde el final de la II Guerra Mundial, en 1945, son un capítulo aparte de la contienda presidencial. Los principales candidatos reflejan los dos grandes matices que dividen a los surcoreanos frente a Corea del Norte, de mayor o menor firmeza, aunque en ningún caso al punto de romper el diálogo con Pyongyang.


Desde la oposición, Yoon aboga por mantener una postura más firme frente al régimen de Kim Jong-un y considera que Corea del Sur necesita un arsenal nuclear para compensar el desarrollo de su vecino del Norte, que había insinuado una apertura diplomática antes de la pandemia pero retomó una actitud desafiante y lanzó varios misiles balísticos en este 2022. Sin el desarme norcoreano, sostienen los conservadores, no puede avanzar la integración económica de la península.


En este siglo, pese a la crisis de 2010, cuando Pyongyang bombardeó la isla de Yeonpyeong y Seúl lo acusó de hundir uno de sus buques militares, Seúl promovió la desnuclearización de la península, como base de un acercamiento entre las dos Corea, y alentaron la cooperación económica.


En 2018, el presidente Moon Jae-in y Kim Jong-un suscribieron un Pacto Militar en que se comprometieron a “avanzar hacia una era de paz y prosperidad”, y a rebajar las tensiones militares, pero Pyongyang terminó desconociendo el acuerdo en 2021, cuando Seúl participó de ejercicios militares con Estados Unidos. En 2019, el presidente Donald J. Trump trató de acordar la desnuclearización total de la península en una cumbre con Kim Jong-un en Hanoi, pero fracasó.


Para Lee, es preciso mantener una actitud más flexible hacia Corea del Norte, en el marco de una estrategia de ofrecer alternativas y esperar un cambio de actitud de Pyongyang, en la línea acuerdista de Kim Dae-jung (1998-2003), Roh Moo-hyun (2003-08) y el propio Moon, sin por ello menguar el aparato de defensa surcoreano.


Así, Lee propone declarar el fin de la guerra de Corea para iniciar la unificación de la península, si bien ya condenó las recientes pruebas misilísticas, de cuya interrupción dependería dar nuevos pasos en un mayor intercambio económico.


Ampliando el foco, surgen los mismos matices sobre las relaciones con China, la gran potencia próxima, y Estados Unidos. Ambos candidatos reivindican las históricas relaciones con Washington y los intereses económicos comunes.


Pero Yoon desafía las advertencias de China sobre un mayor despliegue militar en la región, que ya mereció sanciones de la propia Beijing a Corea del Norte hace cinco años, y critica a los demócratas en el poder por eludir una abierta alianza de defensa con Estados Unidos y Japón.


En frente, sin abandonar planes de rearme y alianzas regionales en el Asia Pacífico, Lee y los demócratas en el poder observan las relaciones intercoreanas y con China en términos más económicos que estrictamente de seguridad, convencidos de que China es un jugador imprescindible en cualquier escenario de futuros acuerdos.


Publicado el 02/03/2022