EL SALVADOR EVALÚA A BUKELE EN LAS URNAS

En el año de su bicentenario, El Salvador celebra elecciones en las que se renuevan la Asamblea Legislativa y las alcaldías. Los comicios tienen lugar al tiempo que el país centroamericano alcanza los 60 mil contagiados de COVID-19 y constituyen todo un test de aprobación para el disruptivo presidente Nayib Bukele.



Unos 5,5 millones de salvadoreños están convocados para renovar la totalidad de la Asamblea Legislativa, las alcaldías y los Concejos Municipales, y la bancada nacional en el Parlamento Centroamericano. Con la pandemia y la agenda de seguridad en el centro de la escena, Nayib Bukele busca enterrar el bipartidismo que caracterizó a El Salvador durante treinta años.

Las elecciones presidenciales de 2019 dejaron fuera del poder a las fuerzas tradicionales de derecha e izquierda que, desde la posguerra civil, se alternaron en el dominio de la escena política del país (la derechista ARENA y el izquierdista FMLN). Durante esas tres décadas, escaló otro tipo de violencia: la criminal que ejercen las “maras”.

Para 2019 el entonces presidente, Salvador Sánchez Cerén (FMLN), postulaba para su sucesión al excanciller Hugo Martínez (53), un ingeniero agrónomo que tras la guerra civil lideró las juventudes del Frente, después fue diputado nacional y, desde 2009 hasta 2018, jefe de la diplomacia salvadoreña. Con sólo 37 años, Nayib Bukele Ortez, un joven ex dirigente del FMLN y que había sido alcalde de la capital San Salvador (2015-2018), derrotaba a las figuras del establishment salvadoreño.

Pero Bukele no era un completo outsider, y tampoco su equipo. Precisamente, Bukele había sido expulsado del FMLN en 2017 por disidencias con el gobierno de Sánchez Cerén. Enseguida, él y varios de su círculo íntimo se incorporaron a la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), fundada por disidentes de ARENA, el otro partido tradicional salvadoreño.

En actos y entrevistas, el joven candidato convocó a liderar una renovación política, levantó como bandera su gestión en la capital, prometió luchar contra la corrupción bajo el eslogan “el dinero alcanza cuando nadie lo roba” y señaló como principal rival su campaña a todo el arco político. Su exitosa campaña se apoyó tanto en el uso de las redes sociales como principal canal de comunicación como en la apelación a consignas generales sin definiciones ideológicas tajantes.

EL GOBIERNO DE BUKELE



Bukele ganó con más del 53% de los votos en primera vuelta y obtuvo así la presidencia 2019-2024. En pocos meses revirtió la apatía ciudadana que imperaba en las urnas (había un 40% de indecisión) y hacia el sistema de partidos en general: promediando el 2019, más del 70% de los salvadoreños aprobaban su gestión.

Uno de los principales conflictos en su gobierno es su relación entre el ejecutivo y el legislativo. En febrero de 2020, la tensión con la oposición llegó a su punto máximo cuando hizo ingresar a las Fuerzas Armadas a la Asamblea Legislativa ante la negativa de esta última de aprobar un préstamo por USD 109 millones para gastos de seguridad interna. La Corte Constitucional condenó el hecho y ordenó al ejecutivo abstenerse de utilizar a militares fuera de los límites constitucionales.

En el segundo año de su mandato, Bukele instaló un giro discursivo importante en El Salvador hacia las maras reconociéndolas como parte del crimen transnacional organizado. En el siglo XXI, las maras ya no son organizaciones criminales locales asociadas a la marginalidad: también han sabido tejer redes delictivas sofisticadas y de gran escala y penetrar en los círculos altos de El Salvador y Centroamérica.

En la práctica, ello redundó en un aumento del componente represivo en el plan de seguridad nacional. El gobierno de Bukele aplicó una política de “tolerancia cero” al narcomenudeo y la extorsión y reconvirtió 1.400 soldados en fuerzas de seguridad, lo que le ha valido duras críticas por parte de organizaciones de derechos humanos.

La pandemia del COVID-19 intensificó la militarización del gobierno de Bukele. El rol de las Fuerzas Armadas en operativos durante la cuarentena y en la distribución de vacunas -que comenzó este mes- reforzaron la alianza entre el ejecutivo y el sector castrense.

En septiembre de 2019, Bukele anunció la creación de una Comisión Internacional contra la Impunidad en El Salvador (CICIES) con apoyo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), en emulación de las experiencias de Guatemala y Honduras, para investigar casos de corrupción en 105 entidades estatales salvadoreñas. A comienzos de 2021, la Comisión Política del Congreso salvadoreño comenzó el proceso para independizar del Gobierno a la CICIES.

En política internacional, su plan de seguridad y su programa económico lo acercaron a Estados Unidos. Las maniobras más destacadas fueron la expulsión de diplomáticos venezolanos, la suscripción a un acuerdo de recepción de deportados de Estados Unidos y el equilibrio entre Beijing y Taipei, luego de que el gobierno anterior hubiera roto los históricos lazos con Taiwán.


LAS LEGISLATIVAS 2021



Con 10 de las 84 bancas (12%), GANA está lejos del control del legislativo unicameral. El parlamento refleja todavía el otrora bipartidismo salvadoreño: ARENA cuenta con 35 bancas y el FMLN con 23.


La totalidad de la Asamblea Legislativa se renueva cada tres años y no hay límite de reelección. Según las encuestas, Bukele y sus aliados englobados en la plataforma Nuevas Ideas suman una intención de voto superior al 70%, lo cual les otorgaría una mayoría calificada, mientras que el resto de los partidos no superaría el 10% de los votos.


Hay mucho en juego: la próxima Asamblea elegirá al nuevo fiscal general de la República y a cinco magistrados de la Corte Suprema de Justicia, lo que podría también marcar la gobernabilidad de Bukele en la segunda mitad de su mandato.


Más aún, a principios de año el vicepresidente Félix Ulloa presentó una propuesta de reforma constitucional para modificar el mandato presidencial a seis años. La idea de Bukele es que la renovación legislativa pase a coincidir con la mitad del mandato presidencial y que se incorpore una consulta popular que ratifique o no el mandato del período que le resta a la Presidencia. Para despejar toda suspicacia, la reforma entraría en vigor en 2029, por lo que no permitiría a Bukele buscar una reelección en 2024.


Pese a las críticas, nueve de cada diez ciudadanos aprueban la gestión de la pandemia. Además, el índice de homicidios en el bienio 2019-2020 fue el más bajo desde el fin de la guerra civil, con una baja interanual del 44%, el principal indicador en la cabeza de los salvadoreños.


La ausencia de figuras nuevas relevantes en los partidos tradicionales y la falta de presencia de otros minoritarios (como los demócrata-cristianos y los ecologistas) en las redes sociales, principal terreno de Bukele, terminan de allanar una competencia asimétrica. Ante la derrota virtualmente asegurada, 10 diputados de ARENA y el FMLN ni siquiera se presentaron para renovar sus bancas.


Los 5,5 millones de salvadoreños también elegirán a los 262 alcaldes y Concejos Municipales del país y a los 20 diputados del Parlamento Centroamericano (PARLACEN), que cumple treinta años este 2021.


Publicado el 24/02/2021

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