EUROPA Y ÁFRICA SE ACERCAN POR INTERÉS MUTUO

A siete décadas de la primera semilla de integración europea, la CECA, y tres décadas después de la creación de la Unión Africana (UA), los dos continentes apuestan por un vínculo político y económico de beneficio mutuo, en un agitado escenario global post covid de conflictos y tensiones políticas que los incluye.



Los líderes de la Unión Europea (UE) y de la Unión Africana (UA), y los de sus Estados miembros, celebrarán en Bruselas la VI Cumbre (17 y 18 de febrero) que estaba prevista para 2020 pero la pandemia de COVID-19 obligó a suspender, con consecuencias sanitarias y económicas muy costosas para los dos bloques.

La cumbre sigue destinada a ampliar y profundizar las bases de la asociación de la UE con la UA en todos los terrenos, en especial economía y seguridad, pero el escenario en que transcurrirá se parece en nada al que imaginaron sus líderes cuando la decidieron en 2017 en Costa de Marfil y la convocaron en 2019.


De un lado, la pandemia indujo un frenazo inédito de la economía global, que impactó con fuerza en los indicadores de actividad, empleo y pobreza de todos los continentes. No hace falta decir que África y Europa, con contrastes de desarrollo tan marcados, sintieron el impacto de manera diversa.


En el caso de la UE, aunque algunos de sus países ya piensan en levantar todas las restricciones sanitarias, la pandemia dejó unos dos millones de muertos, economías rescatadas y relanzadas ahora con multimillonarias asistencias estatales y un sistema sanitario emblemático del Estado de Bienestar estresado por la emergencia.


África escapó de las primeras olas de contagios globales pero terminó albergando la variante ómicron. Tras dos años en los que ha arreciado el extremismo yihadista, golpes de Estado -seis desde 2021- y cruentas guerras civiles, sólo 10% de los africanos ha sido inmunizado y se administró el 60% de las 560 millones de vacunas recibidas, por problemas logísticos. Hasta ahora, suma 245 mil muertes.


El objetivo central de la VI Cumbre es activar un gran paquete de inversiones -básicamente europeas en continente africano- que tenga en cuenta nuevos desafíos como el cambio climático y la crisis sanitaria. Pero las deliberaciones serán inseparables de las tensiones creadas en torno de Ucrania y la creciente violencia política que vive África.


Es una meta que asocia las necesidades europeas, de ampliar su influencia frente a la bipolaridad de hecho planteada entre Estados Unidos y China, y las africanas, de encontrar más socios capaces desarrollar por fin sus recursos naturales y humanos bajo premisas menos extractivas y gravosas que en el último siglo y medio.


Está previsto que esta cumbre arroje una declaración conjunta de una Visión Común 2030 para ambas partes. En la V Cumbre (2017), el documento fijó las prioridades comunes de asociación entre ambos continentes, base para las discusiones y proyectos de la próxima edición.


Los debates previstos de esta VI Cumbre incluyen asuntos como financiación del crecimiento; sistemas sanitarios y producción de vacunas; agricultura y desarrollo sostenible; educación, cultura y formación profesional, migración y movilidad; apoyo al sector privado e integración económica; paz, seguridad y gobernanza; cambio climático y transición energética, asuntos digitales y transporte.


Antecedentes y contexto



La V Cumbre UA-UE se celebró en 2017 en Abiyán y se adoptó una declaración conjunta en la que se fijaron prioridades comunes de la asociación UE-África en cuatro ámbitos estratégicos: oportunidades económicas para la juventud, paz y seguridad, movilidad y migración, cooperación en materia de gobernanza.


Cinco años después, las economías de los dos bloques fueron impactadas por la pandemia. En 2020, entre estrictos confinamientos para evitar los contagios en poblaciones muy vulnerables, África vio caer su PIB un 2,1%.


En 2021, el África subsahariana repuntó 3,7% según el FMI, impulsado por la vuelta del turismo, la mejora de los precios de las materias primas y menos restricciones sanitarias. Las perspectivas para 2022 son parecidas, un crecimiento de 3,8%. Hasta que irrumpió la pandemia del COVID-19, el continente venía experimentando casi treinta años de crecimiento ininterrumpido.


Las mismas previsiones del FMI para la UE, tras el rebote de 5,3% en 2021, son de un crecimiento de 4% en 2022 y 2,8% en 2023, aunque en estos días la economía del bloque sufre una alta inflación, los problemas globales de suministro y la propagación de la variante ómicron que la ralentizan.


La historia europeo-africana está marcada por períodos de cooperación y de conflicto. África siempre fue parte indispensable del marco de seguridad de Europa, desde el Imperio Romano hasta la era de las potencias coloniales del Siglo XIX.


En su nueva estrategia integral de asociación con África, la Comisión Europea propone “llevar la relación al siguiente nivel”. Esta Europa más “geopolítica” se propone identificar amenazas globales, acciones comunitarias posibles y alianzas internacionales relevantes.


El diagnóstico de los europeos es que tanto ellos como los africanos enfrentan un número cada vez mayor de problemas comunes, entre ellos los efectos del cambio climático y la transformación digital.


La UE es el mayor socio de inversión de África, y el principal defensor de la Zona Continental de Libre Comercio de África (AfCFTA), vigente desde 2021. Además, la UE y sus Estados miembros son los principales proveedores de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) a África (en 2018, 19.600 millones de euros, 46% del total).


En otras áreas, Bruselas no lidera y busca volver a hacerlo. En materia comercial, China es el principal socio de la UA por 254 mil millones de dólares, incluso tras la pandemia. En infraestructura la diferencia es aún mayor: entre 2007 y 2020 los dos bancos chinos especializados en desarrollo invirtieron 23 mil millones de dólares, un tercio más que los ocho inversores que le siguieron a Beijing combinados.


La recuperación post pandemia acentúa algunas prioridades: en la década anterior, la ayuda china multiplicó por siete la capacidad solar instalada en África y más de cincuenta veces la capacidad eólica. Por eso no sorprende que el presupuesto 2021-2027 de la Comisión Europea mencione en su apartado con África la palabra “verde” 19 veces en 18 páginas.


En 2020, la UE publicó el documento “Hacia una estrategia global con África”, donde propuso trabajar conjuntamente en torno a cinco grandes ejes mundiales: asociaciones para la transición ecológica y el acceso a la energía; para la transformación digital; para el crecimiento sostenible y el empleo;

para la paz, la seguridad y la gobernanza; y para la migración y la movilidad.


Ecología, digitalización e inversiones



No es la primera vez que los europeos muestran interés por despertar “el potencial de África”. Sesenta años después del proceso de descolonización, todos los países todavía resienten las heridas del imperialismo europeo: fronteras impuestas, tensiones étnica y expoliación económica. Con esta memoria histórica, muchos gobiernos son reacios a aceptar paquetes de políticas provenientes desde Europa.


Un ejemplo de ello es el cambio climático. Según los europeos, ambos continentes deben alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible, y para ello tanto la UE como África deben optar por un futuro con bajas emisiones de carbono, eficiente en el uso de los recursos y resistente al clima, de conformidad con el Acuerdo de París.


Sin embargo, si instalar estos nuevos estándares ecológicos generan dificultades en Europa, en África pueden condicionar severamente el desarrollo, ¿por qué Nigeria desaprovecharía los beneficios de su explotación de hidrocarburos para endeudarse por adquirir costosas tecnologías renovables?


De modo semejante, la UE suma a África en sus planes de infraestructura digital. Para las economías en desarrollo, el impacto dinamizador sería brutal: un aumento del 10% de la cobertura digital podría impulsar más del 1% del PIB de África. Con la inversión, la infraestructura y el marco reglamentario adecuados, la digitalización transformará las economías y sociedades africanas.


El tercer pilar de la UE para con África sigue siendo el comercio. Bruselas hizo explícito su interés en evitar la dominación unilateral de Estados Unidos o China, para retener mercados clave como los africanos, que serán en las próximas décadas los más dinámicos del planeta, incluso por delante de los asiáticos.


Hasta la pandemia, el intercambio de bienes entre los 27 Estados miembros de la UE y África ascendía a 235.000 millones de euros, es decir, un tercio del total de África, todavía muy por delante de China (17%) Estados Undios (6%). En 2017, los 27 Estados miembros de la UE tenían existencias de inversión extranjera directa en África por 222.000 millones de euros, más de cinco veces las de los Estados Unidos (42.000 millones de euros) o las de China (38.000 millones de euros).


Seguridad, derechos humanos y migraciones



En 2020, los otrora imperios coloniales Francia y Gran Bretaña todavía tenían miles de efectivos desplegados en África, y más de 30.000 efectivos militares, policiales y judiciales africanos dependían de las ex metrópolis. En 15 años los Fondos de Paz para África sumaron 3.500 millones de euros.


Pero este año, el presidente Emmanuel Macron anunció una reducción de tropas francesas en el Sahel, donde París desplegaba una operación antiterrorista desde 2013. Semanas antes de la decisión, Malí sufría un segundo golpe de Estado.


Las conversaciones europeo-africanas sobre seguridad se verán teñidas por la ola de violencia yihadista y la inestabilidad política que se expandió en África durante la pandemia, con poblaciones demandando soluciones inmediatas en un contexto de falta de respuestas y corrupción estatal. En el último año y medio, líderes militares derrocaron a los gobiernos civiles de Malí, Chad, Guinea, Sudán y Burkina Faso, y lo intentaron sin éxito en Guinea-Bissau.


Desde finales de 2020, Etiopía se desangra por una guerra civil entre el gobierno central y las fuerzas de la región norteña de Tigray, con avances y retrocesos que han costado miles de vidas, decenas de miles de desplazados y el país arrasado.


Tampoco Libia consigue estabilizar un gobierno civil, entre facciones enfrentadas. La inestabilidad en el país del Magreb había recibido ya atención especial en la V Cumbre en 2017, tanto por la necesidad de consolidar una transición democrática como por las rutas migratorias ilegales que desde allí cruzan el Mediterráneo hacia la UE.


Más allá, las migraciones son otro tema central en la agenda de seguridad bilateral UE-UA. Encuadrada siempre por los europeos como una “crisis”, las tendencias demográficas africanas son vigiladas con extrema cautela por Bruselas. Los conflictos armados, la falta de oportunidades económicas y los desastres naturales continúan produciendo niveles de migración y desplazamiento forzoso preocupantes para una Europa con voces xenófobas y racistas cada vez más ruidosas.


Publicado el 15/02/2022