LA CUMBRE DE LAS AMÉRICAS 2022

Entre el 6 y el 10 de junio se celebrará la IX Cumbre de las Américas con Estados Unidos como país anfitrión. La máxima instancia de encuentro de líderes del hemisferio estará signada por el relanzamiento de los vínculos de Washington con la región bajo la administración Biden y la situación de la pandemia en el continente.



La Cumbre de las Américas es una serie de reuniones periódicas de mandatarios del continente. Su origen se remonta a la pos Guerra Fría, cuando en 1994 el presidente estadounidense Bill Clinton convocó la primera edición en Miami, para desarrollar nuevas relaciones con los países de América Latina y el Caribe (englobadas en el término “hemisféricas”).


Desde entonces, se han celebrado ocho Cumbres de las Américas y dos sesiones extraordinarias. A lo largo de tres décadas, la iniciativa permitió regularizar lo que antes eran reuniones ad hoc de los líderes del hemisferio.


La IX Cumbre de las Américas tendrá lugar en Estados Unidos por segunda vez, en la ciudad de Los Ángeles, California. El relanzamiento de los vínculos interamericanos en la recién iniciada presidencia de Joe Biden y la situación de la pandemia del COVID-19 en el hemisferio dominan esta edición.


CADA CUMBRE, TERMÓMETRO REGIONAL



En cada edición trienal, los líderes de los países americanos y sus delegaciones conexas se reúnen en la ciudad anfitriona durante tres días para debatir una agenda pre acordada, luego de lo cual firman una declaración conjunta. Además, los mandatarios aprovechan para celebrar reuniones bilaterales y encuentros de alto nivel con delegaciones invitadas, como países extra hemisféricos o representantes de organismos multilaterales.


Desde su constitución, la cumbre que mayor cantidad de delegaciones reunió fue la VII en Panamá (2015), pues se incorporó Cuba para totalizar 35 países participantes. La edición siguiente, Lima 2018, estuvo signada por el cambio en la representación de Venezuela dos meses antes del evento.


La planificación de las cumbres y su agenda la determina el Grupo de Revisión de la Implementación de Cumbres (GRIC), parte de la Secretaría de Cumbres de las Américas de la Organización de Estados Americanos (OEA). Luego de cada cumbre, el Grupo de Trabajo Conjunto de Cumbres (GTCC) se encarga de velar por el cumplimiento de los compromisos de las declaraciones y de asistir financiera y técnicamente a los países americanos.


Por su carácter hemisférico, todas las cumbres anteriores se han centrado en temas comunes o fenómenos transnacionales como la integración regional, las cuestiones comerciales, el fortalecimiento y la preservación de la democracia, el crecimiento económico y la erradicación de la pobreza, la sostenibilidad ambiental, la mejora del acceso a la sanidad y la educación, los programas contra la discriminación y el control de los estupefacientes.


No obstante, cada edición tuvo su impronta particular. Así, la foto de la cumbre cada tres años ofrece un buen termómetro de los ánimos y vicisitudes continentales, canalizados a través de los mandatarios como principales protagonistas.


La I Cumbre, Miami 1994, fue el puntapié bajo el paraguas de la flamante unipolaridad estadounidense. Aquella edición giró en torno a la consolidación de las transiciones democráticas en la región luego de décadas de regímenes militares y la necesidad de una mayor coordinación interamericana en la lucha contra el terrorismo.


La primera cumbre extraordinaria se celebró en Santa Cruz de Bolivia en 1996, enfocada en el desarrollo sustentable. Los mandatarios americanos acordaron 98 mandatos que, en conjunto, expresaban toda una visión de aspiraciones de desarrollo integral.


La II Cumbre, Santiago de Chile 1998, fue el encuentro donde tomó forma la iniciativa del presidente Clinton (1993-2001) de constituir una zona de libre comercio “de Canadá a Chile”. Además, aquella edición giró en torno al control de narcóticos y el fortalecimiento de la libertad de expresión.


La III Cumbre, Quebec 2001, fue la primera donde se dieron fuertes protestas: más de 60 mil manifestantes se reunieron en Canadá también para rechazar el acuerdo de libre comercio en gestación. Más allá, fue allí que se le asignó a la OEA la organización de los encuentros y se establecieron espacios para la participación de la sociedad civil.


Poco después, una segunda cumbre extraordinaria se celebró en Monterrey en 2004. Los problemas que las políticas de liberalización económica estaban generando en la región demandaron una sesión especial para tratar de reflotar los consensos acerca del área de libre comercio y sugerir estrategias de lucha contra la pobreza.


La IV Cumbre, Mar del Plata 2005, fue el encuentro donde se rechazó finalmente la propuesta del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) por la negativa de los cuatro países del Mercosur y Venezuela. Además, aquella edición estuvo caracterizada por un creciente sentimiento anti estadounidense en repudio del unilateralismo de la Administración Bush (2001-2009) y, en contraste, los altos niveles de afinidad de los mandatarios sudamericanos entre sí.


En la V Cumbre, Puerto España 2009, todas las expectativas estaban depositadas en la nueva administración de Barack Obama (2009-2017), sobre todo para encontrar soluciones conjuntas a la Gran Recesión 2008-2009. No obstante, la Venezuela de Hugo Chávez también cosechó un gran triunfo al abrir el camino para que ese mismo año la OEA levantara la suspensión de Cuba luego de casi medio siglo. Además, los gobiernos progresistas auspiciaron la Red Interamericana de Protección Social, la cual apoya a organizaciones no gubernamentales que realizan asistencia social y programas de desarrollo.


En la VI Cumbre, Cartagena de Indias 2012, contó con varias ausencias en protesta por la exclusión de Cuba de la reunión, por iniciativa de Estados Unidos y Canadá. Los diferentes desacuerdos en varios puntos, desde el bloqueo a Cuba a la cuestión Malvinas, hicieron que en aquella edición abundaran los instrumentos bilaterales antes que el consenso multilateral.


En la VII Cumbre, Ciudad de Panamá 2015, sintetizaba el momento de fin de ciclo para los gobiernos latinoamericanos de comienzos de siglo XXI: reconociéndose el crecimiento económico y la disminución de la pobreza, esa edición se concentró en la brutal desigualdad del continente. Las novedades fueron el significativo acercamiento cubano-estadounidense y la participación del Vaticano.


Finalmente, en la VIII Cumbre, Lima 2018, se hicieron visibles las dificultades económicas y la fragmentación política en el hemisferio. La ausencia del presidente estadounidense Donald Trump (2017-2021) y la polémica en torno a Venezuela marcaron aquella edición. Los países asistentes firmaron el Compromiso de Lima, un conjunto de 57 acuerdos sobre gobernabilidad, transparencia, financiamiento de campañas electorales, fortalecimiento de los sistemas judiciales y lucha contra la corrupción.


LA IX CUMBRE EN EEUU



En un escenario global más incierto que nunca, la Cumbre de las Américas sigue siendo uno de los foros más importantes para establecer consensos regionales, ya que es una de las pocas reuniones periódicas que reúne a los mandatarios del hemisferio occidental.


Tras la cumbre en Perú, el gobierno de Estados Unidos estableció cuatro áreas de interés general en torno a las cuales girará la agenda de la IX Cumbre: la defensa de la democracia y los derechos humanos en el hemisferio, la migración irregular, el cambio climático y los esfuerzos para garantizar un crecimiento equitativo.


De ellas se desprenden diversas iniciativas sobre lucha contra la corrupción, integridad en la administración pública, las políticas de datos abiertos, el fomento de las tecnologías emergentes y la lucha contra el lavado de activos y los delitos tributarios.


Inevitablemente, la recuperación tras la pandemia del COVID-19 atravesará todas las discusiones, en un año en que los países americanos recorren muy desigualmente el camino de la vacunación y los confinamientos intermitentes a la vez que sus sistemas sanitarios y productivos continúan puestos a prueba.


Más allá de la agenda, para la recién llegada Administración Biden servir de país anfitrión constituye una oportunidad excepcional para recomponer los vínculos con los países del hemisferio. La pérdida de poder relativo y la creciente influencia de China en América Latina y el Caribe forman parte del diagnóstico de la presidencia demócrata, que se dispone a reflotar el multilateralismo en cada espacio del tablero global.


Por otro lado, para los países latinoamericanos es una oportunidad para generar espacios que aumenten la confianza entre vecinos y permitan forjar iniciativas puntuales de cooperación en una región que antes de la pandemia ya estaba dañada por el estancamiento económico y fuertes protestas sociales.


Publicado el 31/05/2022