LOS RIESGOS DE UN ENDEUDAMIENTO GLOBAL INÉDITO

El actual endeudamiento mundial, a escala y extensión sin precedentes, demanda que los Estados y las máximas instancias de gobernanza global coordinen medidas para evitar una nueva crisis internacional que superaría a las precedentes.

La deuda de las economías emergentes y en desarrollo alcanzó un récord de 55 billones de dólares en 2018, producto de ocho años del aumento más grande, rápido y generalizado en casi cinco décadas, y parte de un endeudamiento global que las expone a una crisis de gravedad desconocida.


Sólo la deuda de las economías emergentes y en desarrollo aumentó hasta un máximo histórico de casi 170 por ciento de su PIB en 2018, según las estadísticas reunidas por el Banco Mundial, en su estudio “Oleadas Globales de Deuda” (2019).


Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la deuda total global (pública y privada, incluyendo a economías desarrolladas) ascendía a fines de 2019 a un récord histórico de USD 188 billones, equivalentes al 230 por ciento del PIB global.


El BM advirtió que los bajos niveles de tasas de interés actuales son una ventaja pasajera que debe ser aprovechada con el fortalecimiento de políticas económicas que reduzcan la vulnerabilidad ante un eventual giro brusco de la situación.


“La historia muestra que los grandes aumentos de deuda suelen coincidir con crisis financieras en las economías en desarrollo, con un elevado costo para la población. Las autoridades deberían actuar sin demora para reforzar la sostenibilidad de la deuda y reducir la exposición a las perturbaciones económicas”, según Ceyla Pazarbasioglu, directiva del Grupo Banco Mundial.


Cuatro oleadas

El trabajo describe cuatro grandes episodios de acumulación de deuda que afectaron a más de un centenar de países desde 1970.


La primera oleada, muy recordada y estudiada en América Latina por su impacto negativo en la región, se dio a principios de los 80. El fin abrupto de una era de tasas de interés bajas golpeó primero a México (1982), que entró en default, y detrás a más de una docena de países latinoamericanos (incluyendo Brasil y la Argentina) y otros tantos fuera de la región que reestructuraron sus deudas a un alto costo económico y social.


En esa década de endeudamiento, que siguió a otra “perdida” para el desarrollo de la región, América Latina cuadruplicó su deuda externa de USD 75 mil millones en 1975 a más de USD 315 mil millones en 1983 (50% del PIB).


En los 90, se formó una segunda oleada, nuevamente por tasas de interés muy bajas, hasta que todo estalló en 1997. Un conjunto economías de Asia (Indonesia, Malasia, Corea del Sur y Tailandia), de veloz ascenso pero financieramente vulnerables, sintió el impacto, se frenó de golpe y la devaluación de sus monedas afectó a todo el mundo (desde Rusia a Brasil).


Una década más tarde fue el turno de las economías más desarrolladas, con la crisis de las hipotecas subprime (de alto riesgo o basura), que hizo quebrar a entidades históricas como Lehman Brothers y dio paso a la peor crisis global desde la Gran Depresión de los 30.


En esta actual y última oleada, la relación deuda/PIB en las economías en desarrollo creció -desde la acumulación iniciada en 2010 y otra vez por una pronunciada baja de las tasas de interés- desde un 54 por ciento hasta 168 por ciento.


En promedio, esa relación deuda/PIB aumentó 7 por ciento por año: no sólo a un ritmo tres veces más rápido que la acumulada en América Latina a finales de los 70 y principio de los 80, sino con una una base muy amplia, que involucra tanto al sector público como al privado, y en casi todas las regiones del mundo.


Según el Banco Mundial, esta última oleada difiere de las tres anteriores en diversos aspectos: implica la acumulación simultánea de deuda tanto pública como privada, y la presencia de nuevos tipos de acreedores, y no se limita a una o dos regiones.


Parte del incremento de la deuda ha sido impulsado por China, donde la relación entre deuda/PIB creció hasta el 255 % desde 2010. Pero aún excluyendo a China, la deuda es mucho más alta en países en desarrollo: entre las economías emergentes y en desarrollo, duplica el nivel nominal de 2007.


Ese perfil de endeudamiento implica nuevos desafíos: el 50 % de la deuda pública de las economías emergentes y en desarrollo está en manos de inversionistas no residentes, muy por encima de 2010. Para los países de ingreso bajo, gran parte de esa deuda se contrajo por fuera del marco de resolución del Club de París.


Recomendaciones

El fenómeno de las tasas de interés extraordinariamente bajas, que hoy mismo atenúa las consecuencias inmediatas de la deuda global, se repite en todas las oleadas de endeudamiento descritas por el estudio del BM.


Durante el último medio siglo estudiado, según el BM, la mitad de los 521 episodios de rápido crecimiento de la deuda en las economías en desarrollo fue acompañada de crisis financieras que debilitaron el ingreso per cápita y la inversión.


El BM concluye que la toma de deuda puede resultar conveniente si responde a fines de mejora del crecimiento económico y cuando se gestiona de tal modo de evitar los peores impactos de una crisis financiera.


Ello requiere no sólo una gestión prudente de la deuda pública, sino también la firme regulación y supervisión del sistema financiero, con apoyo de las corporaciones, lo cual es pertinente en estos tiempos para las economías emergentes y en desarrollo, que disfrutan de condiciones financieras favorables pero están muy endeudadas.


Así, aunque las tasas de interés mundiales históricamente bajas mitiguen las preocupaciones sobre los shocks financieros, la deuda récord acumulada en la última década aumenta las vulnerabilidades de los emergentes y en desarrollo.


Para el Banco Mundial, las políticas macroeconómicas, financieras y estructurales sólidas pueden ayudar a los países a lograr el equilibrio adecuado entre los costos y los beneficios de la acumulación de deuda.


En línea con este estudio, la directora del FMI, Kristalina Georgieva, ha resumido en tres las iniciativas prioritarias para anticiparse a una crisis de deuda:

. asegurar que toda nueva deuda sea sostenible, con proyectos de inversión a tasas de ganancia realistas.

. asegurar la transparencia en las prácticas de demanda y oferta de deuda fortaleciendo las instituciones que registran, monitorean y reportan en materia de deuda.

. fomentar mejor colaboración entre países deudores y acreedores, para mayor coordinación y menores riesgos.

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