MMUSI MAIMANE, UN SALTO SOBRE LA GRIETA DEL APARTHEID



La sola aparición de un líder negro al frente de un partido creado por blancos en un país como Sudáfrica alcanza para insinuar un cambio de época, y eso es lo que ocurre con Mmusi Maimane, un joven dispuesto a cerrar el capítulo histórico protagonizado por Nelson Mandela y a renovar la matriz política del apartheid.


Maimane, un académico de 38 años graduado en administración, psicología y teología, recortó notablemente en las elecciones de este año la hegemonía del gobernante Congreso Nacional Africano (CNA), que por primera vez desde hace un cuarto de siglo cayó al 57% de votos, cuando Cyril Ramaphosa ganó la presidencia.


A partir de allí, se abren consideraciones dispares sobre el futuro de Maimane como líder. Unas ven en su figura el posible final del ciclo histórico abierto por Mandela, e incluso el del propio CNA como fuerza política hegemónica.


Otros lo reducen a un intento electoralista de su partido, la opositora Alianza Democrática (AD) fundada por progresistas blancos anti apartheid, cuyo único propósito para Maimane sería el de explotar su pertenencia a la mayoría negra.


En términos generales, el surgimiento Maimane y su alianza se recortan sobre un fondo de crisis económica, pobreza, alto desempleo y desigualdad que sigue impactando sobre todo en esa mayoría étnica, pero que tras dos décadas en el poder pueden atribuirse en parte a los errores del CNA en la administración del país.


La Alianza Democrática sudafricana -una fuerza derechista liberal en su origen, que tenía sólo 1,7% de los votos al iniciar la era Mandela- ha capitalizado el descontento social desde 2014, con un giro al centro.


La AD logró resonantes triunfos electorales en grandes urbes (la capital Pretoria, Ciudad del Cabo y Port Elizabeth, esta última conquistada con un candidato blanco). Además, se consolidó como principal fuerza opositora en el Parlamento y gobierna también Cabo Occidental, una de las nueve provincias del país.


Maimane lidera ahora una primera minoría de 84 escaños (sobre 400), en un bloque virtual opositor con los izquierdistas Luchadores por la Libertad Económica (EFF, en inglés), con otros 44, frente a los 230 del oficialista CNA.


Pero las últimas novedades sobre la saga de corrupción gubernamental en la que se vio involucrado el ex presidente Jakob Zuma primero y su sucesor Ramaphosa ahora (su hijo recibió fondos de un contratista del Estado), siguen abriendo posibilidades a la construcción opositora, y a Maimane.


Sí, tuvimos la era Mandela; fue una historia increíble, una historia profunda para todo el mundo, de hecho, pero la pregunta que debe hacerse a los sudafricanos es: ahora, ¿qué futuro se figuran?”, razona Maimane, casado con una mujer blanca y con dos hijas, dueño de una oratoria y un carácter que recuerdan a Barack Obama.


Nacido en 1980, bajo el apartheid de Soweto, donde vivió Mandela y residen hoy dos tercios de los habitantes de todo Johannesburgo, se graduó en universidades locales y galesas. Maimane es un ferviente católico que habla, además del inglés, cinco lenguas sudafricanas.


Aunque entró en política recién a los 30 años, Maimane tomó el liderazgo del partido en 2014, con sólo 34. Desde entonces, los sectores más duros del oficialismo le adosan una antigua burla dedicada al resto de la Alianza Democrática: “white bosses, black stooges”, o sea, jefes blancos con títeres negros.


En su esfuerzo por llevar la política sudafricana a un terreno multirracial, donde lo social impere sobre lo racial, Maimane replicó: Creen que si eres negro, debes pertenecer al CNA y si eres blanco, debes pertenecer a otro partido”.


Para algunos observadores, el país puede resultar un laboratorio útil sobre cómo lidiar con las corrientes populistas, identitarias y tribalistas que asoman en Occidente. “La nueva tendencia en Sudáfrica, particularmente entre los sudafricanos negros, es votar con la cabeza, no con el corazón”, escribió John Carlin, biógrafo de Mandela.


Para otros, la razón por la cual esa prédica entusiasta de Maimane tarda en dar mejores frutos políticos es, precisamente, que las heridas del apartheid siguen abiertas más de lo que muchos desearían y que la Alianza suma votos pero sin quitarle los suficientes a las antiguas bases étnicas tradicionales del CNA.


Maimane reconoce que el “nacionalismo racial” es un hueso duro de roer, pero insiste con entusiasmo juvenil en desterrarlo, en lo que considera su misión histórica como parte de una nueva camada de dirigentes sudafricanos a 25 años del fin del apartheid.


Esta es la causa que ordena mi vida y por la que lucharé hasta que muera”.

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